El Enfoque Narrativo dentro de la psicología sociocultural y sus implicaciones en los estudios de género Descargar este archivo (5 - Enfoque narrativo psicologia sociocultural género.pdf)

Gilberto Gerardo Williams Hernández1

Facultad de Estudios Superiores Iztacala UNAM

Ma. del Carmen Arciniega Olvera2

Facultad de Estudios Superiores Aragón UNAM

Resumen

El propósito de este trabajo es ofrecer, desde una perspectiva simbólico-cultural sustentada epistemológicamente en el construccionismo social, un análisis histórico y conceptual del enfoque narrativo en la psicología sociocultural, y sus implicaciones teóricas y metodológicas dentro de los estudios de género, encaminados a dar cuenta de nuestras construcciones narrativas de género en términos de los procesos de significación y resignificación. Para tal propósito el artículo se divide en dos partes: en la primera se presenta a la narrativa como una herramienta teórico-metodológica dentro de la investigación psicológica de corte socio-cultural, sustentada en el socioconstruccionismo y que atiende a los procesos de construcción de significados; mientras que en la segunda parte se abordan algunas de las implicaciones conceptuales que trae consigo el enfoque narrativo en los estudios de género, destacando el papel juegan los procesos narrativos, su estudio y comprensión para la construcción de otros mundos posibles en los que la equidad de género entre los seres humanos cobre pleno sentido.

Palabras claves: enfoque narrativo, construccionismo social, género

 

Abstract

The purpose of this paper is to provide, from a symbolic-cultural perspective epistemologically sustained in the social constructionism, a historical and conceptual analysis of Narrative Focus in Socio-Cultural Psychology and its theoretical and methodological implications within Gender Studies aimed at providing account of our narrative constructions of gender in terms of their meanings. For this purpose the paper is divided into two parts: In the first narrative is presented as a theoretical and methodological tool in Psychological Research Socio-Cultural, based on social constructionism and serving processes of meaning construction, while in the second part addresses some of the conceptual implications it brings the narrative approach in gender studies, emphasizing the role played by narrative processes, its study and understanding for construction of possible worlds in which the equity gender among humans full meaning.

Key words: narrative approach, social constructionism, gender

Introducción

Así como a mediados del siglo pasado el existencialismo como orientación filosófica le proporcionó a Simone de Beauvoir las herramientas conceptuales que le permitieron construir una interpretación fenomenológica acerca de la condición femenina, de acuerdo con la cual la mujer no nace sino se construye; en el caso del presente trabajo se abordan desde una perspectiva simbólico-cultural, algunas de las herramientas conceptuales y de investigación que el enfoque narrativo proporciona a los estudios de género, para dar cuenta de nuestras construcciones narrativas de género en términos de los procesos de significación y resignificación que estudia la psicología sociocultural.

Para tal propósito el artículo se divide en dos partes: en la primera parte se hace referencia a la narrativa como una herramienta teórico-metodológica dentro la investigación psicológica de corte sociocultural que atiende a los procesos de construcción social de los significados (Bruner, 1991), la cual se sustenta epistemológicamente hablando en el socioconstruccionismo (Lafaurie, 2003). Mientras que en la segunda parte se analizan algunas de las aportaciones conceptuales y de investigación que proporciona el enfoque narrativo a los estudios de género, interesados no sólo en la comprensión de los procesos de construcción simbólíco-cultural del género y sus significados, sino también en la construcción de otros mundos posibles en los que la equidad de género entre los seres humanos pueda alcanzar un sentido sociocultural más pleno e incluyente (Dorantes, Martínez y Segura, 2011).

Psicología sociocultural y narrativa

En el caso de la psicología sociocultural, la incorporación de la narrativa como herramienta teórica-metodológica supone: 1) Establecer al significado como su objeto de estudio. 2) Reconocer a la acción situada socioculturalmente como su unidad de análisis. 3) Conceptualizar a la narrativa como proceso a la vez que como herramienta de investigación.

Este giro narrativo dentro la investigación psicológica contemporánea se inscribe en una concepción sociocultural más amplia acerca de lo psicológico, en la que se intenta mostrar cómo puede ser una psicología que se ocupe fundamentalmente del significado, de su construcción y conformación cultural, así como de su papel en la acción humana.

Dentro de esta concepción sociocultural más amplia sobresalen las contribuciones de Jerome Bruner, quien en 1991 publicó en ee.uu. el libro titulado Actos de Significado: Más allá de la revolución cognitiva. Una obra en la que su autor argumenta, en términos epistemológicos, históricos, filosóficos, teóricos, metodológicos y socioculturales, el establecimiento del significado como objeto de estudio de la psicología; una obra que por sus alcances se ha constituido en un referente obligado dentro de la literatura psicológica contemporánea.

Este énfasis en el significado, en la acción situada socio-culturalmente y en la narrativa como proceso y herramienta de investigación, ha permitido que el hoy conocido como enfoque narrativo (McEwan y Egan, 1998), amplíe sus horizontes abarcando en la actualidad una extensa variedad de procesos y prácticas socioculturales. Por ejemplo, en el ámbito de la educación encontramos los trabajos de Jackson (1998), sobre el lugar de la narrativa en la enseñanza; de Pendlebury (1998), sobre la razón y el relato en la práctica docente; de Egan (1998), sobre narrativa y aprendizaje; de McEwan (1998), sobre las narrativas en el estudio de la docencia; de Huberman (1998), sobre el trabajo con narrativas biográficas; de Zeller (1998), sobre la racionalidad narrativa en la investigación educativa; de Limón (2005), sobre el giro interpretativo y la narrativa en psicoterapia; de Mumby (1997), sobre la narrativa y el control social, por citar sólo algunos ejemplos.

Un aspecto fundamental a tener en cuenta cuando se habla del enfoque narrativo es, como sostiene Helburn (1988:37):

Lo que importa es que las vidas no sirven como modelos. Sólo las historias sirven. Y es difícil contar historias en las cuales vivir. Sólo podemos vivir en las historias que hemos escuchado o leído. Vivimos nuestras propias vidas a través textos. Pueden ser textos contados, leídos, experimentados virtualmente, o pueden venir a nosotros como los murmullos de nuestra madre diciéndonos lo que las convenciones exigen. Cualquiera que sea su forma o su medio, esas historias nos han formado a todos nosotros; y son las que debemos usar para construir nuevas historias, nuevas narrativas. 

Más aún, como afirman Connelly y Clandinin (1995: 12), el enfoque narrativo no es otra cosa que:

El estudio de la forma en que los seres humanos experimentamos el mundo. La narrativa es tanto el fenómeno que se investiga como el método de investigación. Narrativa es el nombre de ese proceso que estructura la experiencia que va a ser estudiada, y es también el nombre de los patrones de investigación que van a ser utilizados para su estudio. Así, decimos que la gente, por su naturaleza, lleva vidas relatadas y cuenta las historias de esas vidas, mientras que los investigadores narrativos buscan describir esas vidas, recoger y contar historias sobre ellas, y escribir relatos de la experiencia.

Es en este sentido que la narrativa se constituye en una forma fenomenológica y epistemológica de comprensión y de expresión (Reissman, 1990), así como de aprendizaje y de socialización (Capps y Ochs, 2001).

“Contar historias es nuestro instrumento para llegar a un acuerdo con las sorpresas y lo extraño de la condición humana. Así como también con nuestra imperfecta comprensión de esta condición” (Bruner, 2003:126).

Dicho en pocas palabras, es por medio de la narrativa que comprendemos y expresamos los mundos que habitamos y los que nos habitan y es también por medio de la narrativa que aprendemos y socializamos en dichos mundos.

Es nuestra intención que estos argumentos permitan valorar en su justa media el hecho de que la narrativa es un asunto serio y por demás complejo, pues nuestras historias no sólo narran experiencias, sino que además les imponen una estructura, un significado y un sentido. Motivo por el cual, desde un punto de vista teórico-metodológico, es imprescindible que al hacer uso de la narrativa se distinga entre: 1) Las prácticas narrativas que realizamos para construir nuestros relatos, 2) Las historias o los relatos así construidos y 3) Las interpretaciones que hacemos de dichos relatos o historias.

En cualquier caso, un rasgo distintivo de toda aproximación narrativa es justamente su interés por examinar las historias o los relatos que las personas, los grupos e incluso las instituciones, construyen sobre sus experiencias con el propósito de significarlas y resignificarlas.

Desde la aproximación narrativa que aquí se viene documentando, se puede afirmar que en cuanto a sus contenidos, todo relato se construye con dos tipos de referentes, por una parte las experiencias que se narran en la historia y, por otra, la trama que las significa; a este respecto, como afirma Polkinghorne (1987:61): “La organización de la experiencia vivida en tramas representa la operación narrativa”.

Ahora bien, en cuanto a su forma, se puede afirmar que por lo general, los relatos se presentan de manera oral o escrita, pero también pueden adoptar otras formas, por ejemplo, pictográfica o fotográfica, por medio de videos, documentales, películas e incluso de videojuegos.

En lo que corresponde a su construcción, ésta puede realizarse de manera individual o colectiva, ya sea en parejas o en grupos más numerosos.

En cualquiera de sus formas, los relatos se hacen presentes en todas partes a lo largo de nuestras vidas y merecen toda nuestra atención, no sólo en términos de sus formas y contenidos, sino también de las estructuras y secuencias que se imponen a las acciones que se narran, así como de las intenciones que se atribuyen a los personajes que protagonizan la historia.

De la misma manera, importa prestar atención no sólo a quién o a quiénes va dirigida la historia y con qué intención, sino también a quién se cuenta la historia y cómo es que se cuenta.

Igualmente, hay que tomar en cuenta que en cualquier relato se entrelazan dos panoramas simultáneamente. Uno es el panorama de la acción, donde los constituyentes son los argumentos de la acción: agente, intención o meta, situación, instrumento; algo equivalente a una gramática del relato. El otro es el panorama de la conciencia: lo que saben, piensan o sienten, dejan de saber, pensar o sentir quienes intervienen en la acción. Y ambos panoramas deben ser considerados al momento de realizar un estudio de corte narrativo (Bruner, 1988).

Antes de pasar a la segunda parte de este trabajo, conviene resaltar que para Jerome Bruner existen dos modalidades de pensamiento y que cada una de éstas nos brinda modos característicos de organizar la experiencia humana, de construir realidades, así como conocimientos. Ambas modalidades son complementarias e irreductibles entre sí, de ahí que cualquier intento por reducir una modalidad a la otra, o de ignorar una a expensas de la otra, nos conduce a perder la rica diversidad que encierra el pensamiento humano, estas dos modalidades son: la paradigmática y la narrativa.

Al proceder a definirlas, dicho autor afirma: “En términos generales, la modalidad lógico-científica (que en adelante denominaré paradigmática) se ocupa de causas generales y de su determinación, y emplea procedimientos para asegurar referencias verificables y para verificar la verdad empírica. Su lenguaje está regulado por requisitos de coherencia y no contradicción. Su ámbito está definido no sólo por entidades observables a las cuales se refieren sus enunciados básicos, sino también por la serie de mundos posibles que pueden generarse lógicamente y verificarse frente a entidades observables. Es decir, está dirigida por

hipótesis de principios.” (Bruner, 1988:24).

Por su parte la modalidad narrativa “…se ocupa de las intenciones y las acciones humanas y de las vicisitudes y consecuencias que marcan su devenir. Trata de situar sus realizaciones atemporales en los sucesos de la experiencia y de situar la experiencia en el tiempo y el espacio” (Bruner, 1988:25).

Con estas consideraciones, relativas a la narrativa y su relación con la psicología sociocultural, pasemos ahora a la segunda parte de este trabajo donde se exploran las posibilidades que nos brida este enfoque narrativo en los estudios de género.

El enfoque narrativo en los estudios de género

En tanto construcción simbólica cultural, el género establece diferencias entre los seres humanos bajo el principio fundamental de la diferencia sexual, diferencias que desde una estructura social y un contexto cultural patriarcal se han traducido en inequidades de género.

La incorporación de la perspectiva de género, que sirve de sustento a lo que hoy conocemos como estudios de género, pasa necesariamente por el análisis crítico de dichas prácticas socioculturales sexistas, que a la fecha prevalecen en las relaciones de género entre los seres humanos, visibilizándolas en sus diversas manifestaciones y consecuencias con el propósito no sólo de significarlas sino también y fundamentalmente de resignificarlas, de transformarlas, en lugar de reproducirlas, invisibilizarlas o naturalizarlas en nuestras prácticas y contextos socioculturales cotidianos.

Al respecto conviene recordar en este punto lo escrito recientemente por Dorantes, Martínez y Segura (2011:18), quienes al referirse a los orígenes históricos del feminismo de la diferencia, afirman que: “Como una crítica al feminismo de la igualdad, surge dentro del pensamiento feminista una tendencia que tiene como objetivo rescatar la diferencia para resignificar lo femenino. Esta tendencia se aglutinará bajo el rubro del feminismo de la diferencia. Al amparo de  este modelo lo femenino ya no es concebido como lo otro de lo masculino, sino como una identidad propia. Este feminismo se abocará a construir teorizaciones en las que se pretende revalorizar y dar  presencia a lo femenino dejando de considerarlo como alteridad.”

De acuerdo con las mismas autoras, semejante movimiento dirige sus esfuerzos a incluir en el plano de la construcción simbólica-cultural la experiencia femenina, para desde ahí construir su resignificación. Tal es el caso, por ejemplo, de los trabajos realizados por Graciela Hierro, quien situada en el feminismo de la diferencia,  centra su interés en el análisis y la deconstrucción del universo simbólico patriarcal desde el cual se ha construido la diferencia sexual, con el propósito de identificar sus problemáticas y contribuir a la creación de una nueva cultura de género que permita resignificar a la diferencia sexual en términos de equidad. Tarea donde ocupan un lugar muy importante los procesos de significación y de resignificación no sólo de  lo femenino sino también de lo masculino (Hierro, 2001).

Es precisamente en el estudio de estos procesos de significación y resignificación de nuestras construcciones identitarias de género, donde cobra particular importancia el enfoque narrativo para los estudios de género que ponen el acento en los procesos de construcción y deconstrucción simbólica-cultural de género.

Esto es posible gracias a que, como se explicitó en la primera parte de este trabajo, el sustento epistemológico del enfoque narrativo, a saber, el socioconstruccionismo (Lafaurie, 2003) o construccionismo social (Berger y Luckman, 1968), nos permite concebir a los seres humanos como constructores de su propia historia y a la narrativa como el medio a través del cual la construyen, brindándonos al mismo tiempo una forma de aproximación sistemática a los procesos de construcción de género que llevamos a cabo dentro de un contexto sociocultural.

Dicho en otros términos, sustentado en el socio construccionismo, el enfoque narrativo dentro de los estudios de género nos permite una aproximación dialógica o conversacional a las formas como narrativamente las personas dan cuenta de su condición de género en términos de sus significados.

Esto es así gracias a que: “La narración no limita a la persona a conceptualizar sobre su autobiografía sino que constituye una posición de vida frente a su historia y su futuro, no la limita espacio-temporalmente sino que es parte importante en la construcción integral del sujeto. La experiencia adquiere diferente significación para cada cual, de acuerdo con el contexto, con lo vivido, con lo aprendido, con lo proyectado por sí mismo. Un imaginario es la construcción mental que un persona realiza sobre determinada realidad, es una totalidad elaborada a partir de lo percibido, lo pensado, lo imaginado, lo conocido  e incluso lo desconocido, que le da significado a un concepto o idea desde la experiencia de cada persona” (Lafaurie, 2003:7).

En el relato, la narrativa y el sujeto se entrecruzan, en el relato el sujeto se expresa y construye su historia, cuenta su experiencia y busca una forma de relatarse, de significarse. Al respecto, de acuerdo con Gergen (1996), la narrativa es un intento de dar cuenta de la acción humana, en la medida en que los sujetos dibujan en sus narraciones sus experiencias en un mundo social, permitiéndose un encuentro con los otros como medio efectivo para dar significado e identificarse a sí mismos, identificarse con los demás y alcanzar un nivel de comprensión de su acción, situándola socioculturalmente.

No obstante lo expuesto hasta el momento respecto de los alcances del enfoque narrativo y su acento en los procesos simbólico-culturales, históricamente encontramos que dentro de la investigación social el interés tradicional por lo institucional y lo estructural ha dificultado que el enfoque narrativo gane mayor presencia, relegándolo a un segundo plano. Por fortuna, al menos dentro de los estudios de género, la presencia del feminismo de la diferencia, con su énfasis en los procesos simbólico-culturales, ha venido nivelando la balanza, abriéndonos un vasto y fértil campo de investigación propicio para el estudio narrativo de los procesos de construcción y reconstrucción de género en términos de los significados socioculturalmente situados.

Esto último es particularmente importante si consideramos que las construcciones de género suponen la interlocución con diferentes actores (personas, grupos e instituciones) y desde diferentes posiciones socioculturales, lo cual deja ver que en estos procesos de construcción simbólico-cultural de género, lo que prevalece es el movimiento y no lo estático. Se trata de un movimiento que no sólo es espacial, temporal o físico, sino también simbólico, imaginario y narrativo. Un movimiento en el que narrativamente construimos y reconstruimos los significados que damos a nuestras prácticas y contextos socioculturales en términos de género.

De acuerdo con lo expuesto hasta el momento, la presencia del enfoque narrativo en los estudios de género nos permite conceptualizar la categoría de género como una construcción simbólico-cultural que estructura y orienta no sólo a nuestras prácticas y emociones sino también a nuestros pensamientos, así como a los procesos de construcción y reconstrucción de significados que toman lugar en el contacto con la multiplicidad de voces, presencias e imágenes, y cuyo registro puede ser documentado y estudiado a través de las construcciones y reconstrucciones narrativas que llevamos a cabo acerca de nuestras vidas.

Conclusiones

La documentación narrativa de nuestras construcciones y reconstrucciones de género es una tarea plenamente justificada no sólo en términos históricos, epistemológicos, teóricos o metodológicos, sino también y fundamentalmente en términos existenciales, es decir, de nuestras vidas, o para decirlo en términos narrativos, de la manera como contamos a nosotros y a los demás nuestras vidas.

Como se expresó a lo largo de este trabajo, si bien es cierto que tanto las experiencias como las prácticas y los contextos socioculturales son referentes necesarios en nuestras construcciones y reconstrucciones narrativas de género, también es cierto que éstas no son suficientes, pues es preciso que dichas experiencias, prácticas y contextos se signifiquen dentro de un sistema simbólico cultural.

Sistema que aún y cuando es estructurante, ya que impone las conductas, las normas, las creencias, las tradiciones, las costumbres de lo que significa ser o no ser mujer u hombre, es también una construcción social sujeta al cambio que se reconstruye y por tanto se resignifica, dejándonos ver con ello que nuestras construcciones de género no son estáticas, definitivas o absolutas, sino más bien dinámicas, transitorias y relativas. Puesto que se trata de construcciones simbólico-culturales, situadas físicamente, es decir, espacio-temporalmente, pero también histórica y socioculturalmente, lo cual nos permite la construcción de otros mundos posibles donde se privilegie la equidad de género.

En este sentido, cuando aquí se habla de género nos estamos refiriendo a una convención sociocultural que si bien se nos presenta como dada, es más bien construida y por tanto susceptible de deconstrucción. En el mismo sentido, a pesar de que es cierto que la cultura se instituye como la proveedora de los esquemas y modelos, mentales y corporales, que debemos atender para darle sentido a nuestra existencia, también es cierto que en tanto construcciones simbólico-culturales, tales esquemas y modelos pueden y de hecho, se deconstruyen y  resignifican, para dar paso a otros esquemas y modelos que pueden o no ser más habitables en términos de la equidad entre los géneros, pero que no son fijos ni inmutables.

En uno u otro caso, y con esto se concluye, la narrativa como proceso de significación y resignificación juega un papel fundamental en la comprensión y construcción de otros mundos posibles en los que la equidad de género entre los seres humanos pueda alcanzar un sentido sociocultural más pleno e incluyente.

Referencias

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Notas

1. Profesor Asociado de la Carrera de Psicología FESI UNAM. Correo electrónico: cuenteroger@gmail.com

2. Estudiante del Doctorado en Pedagogía de la UNAM en la FES Aragón. 

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