Mujeres jóvenes otomíes: de la tradición a la transformación Descargar este archivo (6 - Mujeres jóvenes otomíes.pdf)

Iris Rubí Monroy Velasco1, Corina Benjet2 y Emily Ito Sugiyama3

Resumen

El trabajo de investigación en jóvenes indígenas se ha extendido a diversas áreas. Este artículo se aborda desde la psicología social y pretende evidenciar las realidades culturales a las que está expuesto un grupo de mujeres jóvenes hñä hñu (otomíes) en cuanto a la tradición y la transformación de su identidad cultural. El acercamiento a la comunidad y a las mujeres se realizó mediante una aproximación cualitativa. La discusión se hace en términos de la tensión que existe entre la tradición y la transformación, a partir de diversos aspectos de la vida cotidiana de las participantes.  

Palabras clave: Identidad cultural, grupos indígenas, mujeres jóvenes, tradición cultural y transformación social.

 

Abstract

The research on indigenous youth has spread to different areas. This article is addressed from social psychology and show the cultural realities that exposed a group of young women hñä hñu (Otomies) about tradition and change in cultural identity. The community outreach and women was performed using a qualitative approach. The discussion is in terms of the tension between tradition and transformation, from various aspects of the daily life of the participants.

Key words: Cultural identity, Indigenous groups, Young women, Cultural tradition and Social transformation.

Introducción

El reconocimiento de la diversidad cultural y la propuesta de sociedades interculturales como respuesta a la globalización han incidido en las formas de convivencia que gestadas en los últimos años. La identidad ocupa un lugar central en este fenómeno, por lo que se supone su estudio desde una mirada culturalista. Aquí, la cultura es entendida como un comportamiento aprendido que se vuelve herencia social y determina las conductas de los individuos. Desde muy temprano, mediante los procesos de socialización, se aprenden las normas y principios que regulan el comportamiento y modelan la identidad. Asimismo, se hace referencia a una postura subjetivista, donde el individuo es consciente de que pertenece a un grupo cultural étnico y que también existen grupos externos que ejercen influencia sobre sus elementos culturales. Como resultado, sus percepciones cambian o se modifican dentro y fuera de su comunidad o grupo étnico. Entonces, la identidad es entendida como un sentimiento de pertenencia a comunidades imaginadas que están determinadas por las representaciones que sus miembros se hacen sobre éstas (Cuche, 1996:93).

La juventud indígena en México comprende un sector demográfico importante. Sin embargo, su investi­gación en años anteriores ha sido casi inexistente, tanto en los estudios sobre juventud como sobre culturas juveniles. Se consideraba que entre los indígenas primaba el tránsito inmediato entre la niñez y la adultez. En la actualidad, la atención sobre este sector ha ido creciendo, al grado de que los jóvenes de pueblos indígenas son un tema recurrente en las investigaciones, las razones son varias y de distinto orden: el peso demográfico en áreas rurales y urbanas, su visibilidad en las ciudades o su proclividad al cambio cultural; por lo que representan un amplio y atractivo sector como consumidores (Pérez-Ruiz, 2011:66).

El interés fundamental al realizar esta investigación versa sobre la disposición que los y las jóvenes tienen y manifiestan al cambio cultural. Este artículo analiza las tradiciones y las transformaciones que las mujeres jóvenes otomíes o metsis como se les denomina en otomí (los metsis son mujeres y hombres jóvenes que han entrado a la pubertad, son solteros o solteras y sin hijos) de una comunidad Hñä Hñu4 del Estado de México, están integrando a su identidad cultural, la cual constituye un proceso sociopsicológico de comunicación cultural, donde existe una constante interacción entre la cultura y la identidad. La identidad cultural es una entidad sujeta a permanentes cambios y está condicionada por factores externos y por la continua retroalimentación entre la identidad y el contexto (García y Baeza, 2002:17-18).  

Zona de estudio

Los otomíes son uno de los cinco grupos étnicos5 más representativos del Estado de México6 y han compartido por mucho tiempo el territorio con otros grupos, además de la historia de su conformación y transformación (Barrientos, 2004:6).

La comunidad en la que se trabajó está ubicada en la zona mazahua-otomí, en el municipio de San Bartolo Morelos. La comunidad cuenta con alrededor de 3,000 habitantes, de los cuales, de acuerdo con el Censo General de Población y Vivienda, dos terceras partes son indígenas y están estrechamente unidos por parentesco (inegi, 2010).

La comunidad se encuentra dividida por dos barrios y 16 parajes7 y presenta un alto grado de marginación. En esta comunidad existen 256 jóvenes de 15 a 17 años, de los cuales 127 son hombres (solo 69 de ellos acuden a la escuela) y 129 son mujeres (71 de ellas acuden a la escuela). El quinto grado de primaria es el promedio de escolaridad que se tiene en la comunidad (coespo, 2010).

Método

Esta investigación se realizó mediante un método cualitativo, desde el inicio era importante conocer y reconocer los elementos culturales que las metsis integraban a su identidad cultural, en cada una de las sesiones de los grupos de discusión era asombroso como describían cada uno de los elementos, de los momentos y de los lugares que habían compartido como mujeres jóvenes dentro de la comunidad, qué habían vivido y qué reconocían y afirmaban en grupo que era parte de su identidad cultural.

i. Entrada al campo y selección de participantes

Para acceder a la comunidad se acudió a diversas personas que jugaron el papel de “porteros”8: el sacerdote, el delegado municipal y el director de la institución de educación media superior en la que se trabajó. Las informantes clave fueron mujeres adultas consideradas en la comunidad como las “rezanderas” del mes mariano, quienes nos presentaron a las mujeres jóvenes entre 159 y 21 años, solteras y que hablaran español. Se invitó todas ellas a participar en el estudio y se trabajó con aquellas que accedieron a dialogar sobre el tema de identidad cultural. 

ii. Técnica de recolección y Guía de conversación

Para propiciar el intercambio de experiencias entre las participantes voluntarias se utilizó la técnica de grupo de discusión, dado que se trata de una estrategia técnica y metodológica que permite la participación activa del sujeto y le otorga libertad para expresar su opinión sobre el sentido de sus acciones vinculadas a la vida cotidiana (Ibáñez, 1979:13). Se buscó que la discusión se centrara en los elementos culturales que las mujeres jóvenes integran a su identidad cultural. Los temas de conversación, se presentan en el Cuadro 1.

Cuadro 1. Guía de conversación

Eje

Temas 

Significado de ser hñä hñu

Valores, creencias y sentimientos que las metsis han integrado a su identidad cultural (Cultura Subjetiva).

Prácticas culturales, lengua y vestimenta que las metsi reconocen como parte de su identidad cultural

(Cultura Objetiva).

Transformación del significado de ser hñä hñu

Elementos culturales que las metsis han incorporado para transformar su identidad cultural.

Las temáticas se organizaron en función del significado de ser hñä hñu tomando en cuenta las expresiones subjetivas y objetivas de la cultura que propone Simmel (Ritzer, 1993:305), en donde menciona que las personas están influidas por estructuras sociales y por sus producciones culturales. Simmel distinguió entre cultura individual (subjetiva) y cultura objetiva. La cultura objetiva se refiere a aquellas manifestaciones que las personas producen (arte, ciencia, filosofía); la cultura subjetiva es la capacidad del actor para producir, absorber y controlar los elementos de la cultura.

iii. Procedimiento

Se formaron dos grupos de discusión, el primero estuvo integrado por cinco mujeres entre 16 y 18 años de edad que cursaban el cuarto y sexto semestre del bachillerato dentro de la comunidad. Con ellas se realizaron dos sesiones de 80 minutos aproximadamente cada una. El segundo grupo estuvo integrado por ocho mujeres entre 18 y 21 años de edad, una egresada de la Licenciatura en Educación Pre-escolar y las demás aún estudiando diferentes carreras10 en universidades públicas que se encuentran afuera de la comunidad. Con ellas se realizaron dos sesiones de 120 minutos aproximadamente cada una.

iv. Análisis de la información

El análisis se llevó a cabo mediante el método nuclear-tópico (Ibáñez, 1979:334). Nuclear porque capta los elementos de verosimilitud, entendiendo como verosimilitud la simulación de la verdad, ya que la verdad definitiva no existe como tal. Ibáñez clasifica cuatro tipos de verosimilitud: referencial, poética, lógica y tópica. En este caso, la verosimilitud tópica produce un efecto de sociedad porque explica los valores que la sociedad o comunidad acepta, aquellos con los que se crean convenciones que son aceptadas por sus integrantes. En la medida en que cambian normas y costumbres van alterándose los convencionalismos a través de distintos juegos de sociabilidad: lo que se vale y lo que no. Esto tiene que ver con los consensos a los cuales las integrantes de los grupos llegaron a lo largo de la discusión, y son la materia prima para realizar el análisis.  

Resultados y Discusión

Elementos culturales de su Identidad: tradición y transformación

Al analizar la información vertida por los grupos se identificaron los elementos culturales que caracterizan a las metsis tomando en cuenta la guía de conversación que se había establecido teóricamente y se hizo un reajuste para integrar los aspectos emergentes. Los elementos culturales que las definen como mujeres jóvenes otomíes residen en las vivencias que han tenido y que pueden ser agrupadas en las vivencias en rituales o ceremonias, la vestimenta, las conmemoraciones anuales, los valores y sentimientos que se expresan, las relaciones interpersonales que mantienen con sus familia, sus relaciones de pareja y con la comunidad en general; la lengua que han dejado de hablar y la lengua que ahora reconocen como propia y hasta los alimentos que consumen. Todo esto en su conjunto se convierte en prácticas identitarias que las hacen ser y manifestarse ante los otros, tanto dentro como fuera de su comunidad. Estos elementos se integran en un proceso continuo entre la tradición y la transformación; entre los elementos subjetivos y objetivos de la cultura; y entre estar adentro o afuera de la comunidad. Estas tres facetas hacen que su identidad tome diferentes tonalidades que enriquecen y movilizan sus recursos internos  para hacer perdurar su identidad cultural en el tiempo, aún con las modificaciones que puedan sufrir ante las circunstancias particulares que enfrenten.

La Figura 1 muestra los elementos culturales que integran la identidad cultural de las integrantes de los grupos de discusión: las fiestas y los rituales son elementos subjetivos de la cultura que forman parte de la tradición y que se realizan dentro de la comunidad. También los valores y las relaciones interpersonales son elementos subjetivos, sólo que estos se han transformado a partir de las influencias externas (escuela, trabajo y medios de comunicación) a las que las jóvenes están expuestas. Los alimentos y los bordados son elementos culturales objetivos, ya que son producciones culturales que están asociadas a la tradición y se realizan adentro de la comunidad; igualmente, el uso de la lengua y la vestimenta tradicional son elementos culturales objetivos y están asociados a la transformación porque las metsis están incorporando otros que son externos a la comunidad. En la siguiente figura se representa un diagrama que incluye los elementos que integran la identidad cultural de las mujeres jóvenes otomíes tomando como ejes la cultura subjetiva y objetiva; los escenarios en donde se desenvuelven (adentro y afuera de la comunidad) y el contraste entre tradición y transformación.

Figura 1. Elementos que integran la identidad cultural de las metsis (mujeres jóvenes otomíes).  

Las Fiestas y los Rituales: un momento de convivencia familiar y de retorno al origen

Las fiestas son un momento de convivencia con la comunidad y con los familiares que viven fuera de ella, quienes regresan precisamente esos días para acompañar y disfrutar de las festividades. Las más representativas de la comunidad son tres: 5 de mayo “Fiesta del Buen Temporal”, 10 de agosto “Fiesta Patronal” y 12 de diciembre “Fiesta de la Virgen de Guadalupe”:

“la fiesta del buen temporal es una costumbre ¿no?, porque al hacer nuestras vísperas queremos que llueva, es un tributo a Dios para que nos conceda el agua, […] las costumbres nos integran más entre nosotros”.

Son organizadas por la comunidad y los mayordomos. Los padres de las participantes han sido mayordomos en las diferentes fiestas, ellas aseguran que en un futuro, cuando estén casadas, desean participar en alguna de las mayordomías para continuar con la tradición. Las fiestas fortalecen su identidad como otomíes porque forman parte de sus costumbres: ellas se sienten pertenecientes a la etnia otomí, mencionando que descienden de una familia otomí y se integran como otomíes a partir de las tradiciones y costumbres:

 “sí pertenecemos a las culturas otomíes principalmente por las costumbres o porque sí descendemos de una familia otomí o porque la mayoría de la gente habla otomí. Pero principalmente es por las costumbres porque desde chicos [sic] nos inculcaron, nos hacían parte de esas costumbres […]”.

Los rituales que practican le dan significado a sus creencias y tradiciones, además de que aseguran la convivencia comunitaria. La religión es un puente entre sus festividades y los rituales que practican, ya que se realizan en diferentes ceremonias o conmemoraciones a lo largo del año: Día de muertos, festejo de la Navidad, ritual de reconciliación en el pedimento del matrimonio —“Contento”—  y las limpias que hacen para curar algunos padecimientos físicos. Las mujeres jóvenes con las que se trabajó hicieron referencia a dos de ellos que a continuación se describen:

a. El “Contento”

Este ritual tiene por objetivo reconciliar a las familias después del “robo” de la mujer por parte del hombre sin consentimiento previo de los padres. Este “robo” es un acuerdo mutuo entre los jóvenes para iniciar una vida en pareja, por lo que el “contento” formaliza la relación dando un lugar de respeto y reconocimiento mutuo a las familias de ambos contrayentes. En el ritual, los padres del varón, la nueva pareja, los hermanos mayores del hombre y los abuelos acuden a la casa de la mujer. El padre del hombre es quien encabeza el ritual y quien hace el pedimento del perdón acompañado de algunos obsequios que se colocan en una canasta como símbolo de reconciliación que incluyen refrescos, pan, azúcar, café y tequila:

“ […] mi papá respeta mucho eso y dice, si tus suegros creen en eso, vamos a llevarles eso, a las dos cuñadas que hemos ido a pedir, bueno, a una a pedirla y a la otra al “contento” lo que hemos hecho es llevar la caja de refresco, el café, tequila, caja de cervezas, bueno mi abuelita es la que les dice a mis papás. Pero eso del contento todavía se hace, nosotros lo hicimos porque es por respetar lo que creen los suegros”.

Las participantes mencionan que sí les gustaría casarse pero que el pedimento fuera mediante el ritual del “contento” aunque también incluyen la posibilidad de ser madres solteras o bien, no casarse. El pedimento por “contento”, a la par que permite la elección de la pareja, asegura el vínculo con ella y muestra un consentimiento mutuo para formalizar la relación. 

b. Rituales “Curativos”

Los rituales curativos son llamados por ellas como “remedios curativos” y son transmitidos por las abuelas y madres. Las metsis los usan cuando se sienten mal física o psicológicamente, o bien, cuando algunos de los miembros de la familia o amigos de la escuela tienen algún padecimiento. El ritual propiamente contempla las limpias y la toma de algunos tés para aliviar “el mal de ojo”11 y “el aire”12, en ambos casos y a pesar de tomar medicamentos y acudir con el médico refieren que siguen teniendo dolor hasta que no les hacen una “limpia”, la cual consiste en pasar un huevo por todo el cuerpo con la creencia de “limpiar y quitar todo lo malo” que se tenga o que le “hayan hecho”. La limpia necesariamente se hace con un huevo de gallina porque “se necesita una célula grande que absorba todo lo malo”:

“ […] los remedios curativos […] por ejemplo, que si alguien le echaron ojo, que si le dio aire, mi abuelita dice que le limpies un huevo cuando les da aire […]”.

Ellas tienen conocimiento de cómo realizar las limpias y esto es parte de sus costumbres, porque sus abuelas y madres o curanderas del pueblo les han enseñado. Las practican pero dicen que no las hacen tan frecuentemente, porque un adulto tiene mayor energía o fuerza espiritual y es quien “te puede ayudar a sanar”; sin embargo, consideran que estos rituales las hacen diferentes a sus compañeras de escuela que no son otomíes porque pueden recomendarles qué hacer cuando alguien se “sienten mal”:

“cuando los amigos se sienten mal les digo que tienen que hacer té y se sorprenden de que se sienten mejor […] yo le pregunto a mi abuelita ¿esa hierba para qué es? y luego me la tomo y sí se me quita, ya les digo que compren esa hierba o que la junten”.

Los rituales y las festividades arraigan a las jóvenes a sus tradiciones. Ambos elementos forman parte de su identidad cultural porque la interacción entre los integrantes de la comunidad permite que se mantenga la identidad social. Esta interacción se da en un lugar específico que se denomina territorio, entendido como un espacio valorado simbólica o instrumentalmente por los grupos humanos (Raffestin, 1980:129). El territorio funciona como un vínculo material entre las generaciones del pasado y las del presente (Giménez, 1999:39), justamente los rituales y las festividades se realizan en ese territorio que los vincula con sus antepasados.

Lo “casual”: vestimenta y los bordados

Las metsis ya no usan la vestimenta tradicional de la mujer otomí13. Mencionan que únicamente las mujeres adultas la usan y que sólo de niñas fueron vestidas por su mamá usando el traje tradicional en ceremonias religiosas o bailables. Ahora se visten considerando los lugares en los que se presentan o como ellas dicen “por respeto” a los lugares que acuden. Por ejemplo, si van a la escuela, llevan uniforme; en alguna boda, van de vestido; si van a algún baile, llevan botas. También utilizan prendas de vestir de acuerdo con el tipo de música que les gusta y que escuchan, por ejemplo rock, reggaetón o banda. Este tipo de géneros musicales los empezaron a escuchar indirectamente por parientes (hermanos o primos) que en la mayoría de los casos salieron a trabajar al Distrito Federal, o bien, en programas de televisión:

“ [...] los medios de comunicación empiezan a darnos tantas cosas… enseñarnos […] por ejemplo vestirnos diferente… que la moda… y queremos seguir ciertos patrones […]”.

Cotidianamente les gusta vestir “casual”, es decir, pantalón de mezclilla, tenis o zapatos de piso, playera o camiseta de diferentes colores y texturas; que combinan con blusas bordadas y chales. De hecho, mencionan que algo que las hace diferentes a otras muchachas de su edad que no viven en la región es que ellas saben bordar. Su madre o abuela fue quien les enseñó a hacer su propia costura. En su mayoría confeccionan blusas, servilletas, fundas para cojines aunque refieren tener poco tiempo para hacerlo por las tareas de la escuela y de la casa.

Bordar es una tradición exclusiva de mujeres, se transmite de generación en generación con lo cual, las familias y las propias mujeres se distinguen al interior de la comunidad según la forma y los materiales que utilizan: 

“hay cosas que en las familias van de generación en generación, que las identifican, por ejemplo la costura, muchas familias y muchas mujeres se identifican por el estilo de bordar, porque yo he visto que no es igual. Utilizan hilo o estambre, hacen bordados en los gabanes, siguen usando el telar de cintura, hay señoras usan hilador para la lana, son aspectos que no todos hacemos aunque somos de la misma comunidad”.

Si bien la vestimenta ha cambiado, aún utilizan blusas bordadas, chales, rebozos, quexquémetls y gabanes que ellas o sus abuelas han tejido y/o bordado porque además de que son costosos hay poca gente que los hace para vender; la mayoría los hace para uso personal.

El maíz y el trigo: base de su alimentación

Según el número de integrantes de la familia es la cantidad de tortillas que se consumen; éstas son acompañadas con huevo, arroz, frijoles, flor de calabaza, calabacitas, chilacayotes, habas, hongos, zanahorias, tomates, jitomates, nopales, diferentes tipos de quelites (malvas, navos, quintoniles y cenizos) papas y diferentes tipos de chile (serrano, jalapeño, chilaca, manzano y negro). Estos alimentos se consumen de manera cotidiana. Dependiendo de la temporada en la que se encuentren porque la mayor parte de estos alimentos son sembrados por los habitantes de la comunidad. En algunas ocasiones consumen carne de pollo o res, pero no es frecuente. En las fiestas patronales y en las celebraciones de bautizos, quince años y bodas, comen mole verde o rojo, carnitas de cerdo, arroz, guajolote, frijoles, nopales y mixiotes de borrego.

Mencionan que cocinar o como ellas lo llaman, “meter las manos a la cocina” es algo que las hace diferentes de las demás mujeres que no viven en su región (por ejemplo, las que acuden a sus escuelas) y de los hombres, aunque mencionan que en ocasiones los varones ayudan, aunque no saben cocinar platillos más elaborados como el mole:

“las mujeres [] cuando hacemos convivios [en la escuela] cocinamos y las de mi salón casi no ‘meten las manos’ porque dicen… que se queman o ‘yo no ayudo porque no sé’, son muchachas que… sus padres les inculcaron hacer otras cosas […] y no es por criticar pero dicen que no saben cocinar […]”.

Usualmente las bebidas que se consumen en la comunidad son distintas para hombres y mujeres; agua simple o de frutas o refresco son consumidos por las mujeres y tequila, cerveza o pulque por los varones. Tanto los alimentos como las bebidas siguen siendo una tradición desde su preparación hasta su consumo porque tienen la costumbre de reunir a la familia para comer y durante las festividades; todos los asistentes comparten los alimentos que lleva cada quien.  

Hablar Hñä Hñu

La lengua otomí es hablada por los adultos (abuelos, abuelas, padres, madres, tíos y tías). Las jóvenes solamente entienden algunas palabras y hablan otras muy básicas como saludos y despedidas. Refieren que los padres no les enseñaron a hablarlo y que sólo lo que escuchan es lo que han aprendido. El hecho de cometer errores frecuentemente al pronunciar y entonar las palabras les genera frustración, además de que reciben críticas por no hablarlo bien, motivo por el cual han decidido evitar utilizar la lengua:

“en la mayoría de mi familia hablan otomí, mis tíos, mi mamá, mis abuelos y mi bisabuela. Yo entiendo el otomí y sólo sé algunas palabras, dijeran lo básico Naxi, Mexi, Mijoi, pero tienen un acento muy finito que también se va de la mano de la pronunciación”.

Cuando cursaban la secundaria y el bachillerato les enseñaron hablar inglés y ellas se cuestionaban para qué. Ahora reconocen la importancia de aprenderlo porque se dan cuenta de que en la universidad lo requieren: 

“ […] en la escuela nos enseñaban inglés y yo decía ¿por qué nos enseñan inglés, si estamos en México?, […] ahora digo, sí, es muy necesario porque si estamos estudiando y queremos sobresalir, tenemos que aprenderlo […] y es por cultura que lo tienes que aprender”. 

No obstante, la lengua madre o nativa genera identidad y estructura en el pensamiento de cada individuo, motivo por el cual les resulta complicado a los adultos hablar el castellano o español. Las participantes, de hecho, poseen un léxico limitado y confunden el singular y el plural, así como el masculino y el femenino.

El respeto y la humildad: la esencia de la convivencia

Los valores son esenciales en la educación de los otomíes, se enseñan en la casa con el ejemplo de ambos padres y abuelos. Los valores a los que las participantes hicieron referencia durante las sesiones fueron: respeto, honestidad, responsabilidad, obediencia, equidad y humildad. El respeto es uno de los valores base para la convivencia al interior y exterior de la comunidad, mencionan que ellas respetan a sus mayores, respetan a los padres y en general a todas las personas. El “saludo de mano o con la mano” es un símbolo de respeto, éste permite y da cuenta de una interacción y reconocimiento del “otro” y es algo que las mujeres jóvenes con las que se trabajó refieren como un valor que ahora ya no está presente en algunos de los muchachos con los que conviven.

La modificación de los valores se debe a la influencia de las personas que salen o van a trabajar al Distrito Federal y de ellas mismas dado que se encuentran inmersas en instituciones educativas que se encuentran fuera de la comunidad:

 “de hecho no es irse hasta el DF para perder esos valores o para traer ciertas influencias, yo siento que hasta nosotros como estudiantes de universidad, ya no estás con gente de tu comunidad y se va influenciando, vas agarrando malos modales […]”.

La humildad y la discriminación aparecen conjuntas en sus relatos como vivencias que han marcado su vida afuera de la comunidad, en particular en referencia a su vida escolar. Los sentimientos que han experimentado ante esto son de soledad y aislamiento que especialmente con sus madres que son quienes las aconseja para liberar la emoción generada por la situación.

La familia sirve para contener las emociones y es un lugar donde se pueden mostrar la mayoría de las emociones y los sentimientos. Cuando se enfrenta a situaciones que no se pueden hablar con los padres, los hermanos suelen ser una alternativa para comentarlo o bien, los amigos.

La relación con el “otro”

a. Relaciones de pareja

Las relaciones de pareja son un signo característico de ser mujer joven. En el cortejo quien toma la iniciativa es el hombre. Ellas esperan a que él las invite a salir, las busque y les hable por primera vez, ya sea en la escuela, en alguna fiesta o en la calle. El lugar idóneo para encontrar pareja es acudiendo a los bailes o fiestas que se realizan de manera regular en la comunidad:

“[…] soy más de la idea de que un hombre debe de pedirle a una mujer que sea su novia y por ejemplo, ahí [en la escuela] si a la chava, ya le gustó el chavo, va y le dice; [en cambio] yo soy más de que él te tiene que decir a ti […]”.

Ellas tienen y mantienen relaciones de noviazgo, las definen en tres tipos: “novios formales”, “amigobios” y “amigos con derechos”. En el primer tipo de relación tienen y buscan actividades en común, existe un interés en la relación tanto por parte del hombre como por parte de la mujer; manifiestan una preocupación mutua, hay comunicación de lo que desean, comparten alegrías y dos aspectos característicos de este tipo de relación son que se muestran como pareja en la comunidad y que el novio llega a la casa de los padres para poder visitarla. El segundo y tercer tipo de relación son considerados como informales, donde ellas acceden a estar con el supuesto amigo de manera momentánea, no se dejan ver con ellos ni se muestran ante la comunidad como novias de ellos y mucho menos ante los padres. Todas las participantes habían mantenido una relación de pareja antes de la realización del grupo de discusión y sólo cinco de ellas tenían “novio medio formal” en ese momento. En dos de los casos la pareja asiste a la misma escuela en la que estudian, en los otros tres casos la pareja no estudia y se dedica a trabajar. Ellas tratan de compaginar la relación de noviazgo y la escuela:

“el novio que ahoritas [sic] tengo no estudia, me da mi espacio y yo le doy el de él, cuando puedo lo veo porque abarca más mi tiempo de estar estudiando, para que yo tuviera novio es la condición que me puso mi mamá”

Ambos padres otorgan el “permiso” para tener una relación de noviazgo; sin embargo el padre se involucra poco y la madre es quien está al pendiente de la relación, recordándoles en todo momento que lo más importante es estudiar.

b. Relaciones con los padres y otros familiares

Las familias están integradas por ambos padres, hermanos y abuelos; en ocasiones tías y tíos, así como primos y primas. Los adultos tienen un lugar de respeto, por lo tanto, pueden educar o corregir a los más pequeños. Las mujeres jóvenes con las que se trabajó toman en cuenta la educación que sus padres les han dado, refieren que ésta se basa en la confianza, en el ejemplo que ellos (sus padres) les pongan y en la corrección a veces mediante golpes de los malos modales: 

 “en el momento… cuando hacemos las acciones nos corrigen y nos dicen qué cosas tenemos que hacer con respeto y qué cosas no hacemos con respeto. Y a veces usan otros tipos de métodos [de educación], por ejemplo un golpe”.

La figura materna es fundamental en el crecimiento de las jóvenes, es la madre quien está al pendiente de sus actividades en la escuela, con sus amigos o amigas e incluso en los bailes. Ellas reconocen la autoridad y los consejos que les dan:

“[…] apenas me costó mucho darme cuenta y darle la razón a mi mamá… es cierto que… las mamás, siempre tienen la razón [sube el volumen en la voz], si las mamás te dicen “no” por esto y por esto, tarde… pero te das cuenta”.

Sus madres están más interesadas en que sigan estudiando, ven el estudio como una forma de “salir adelante”, de tener lo que ellas no pudieron hacer. Las metsis son las primeras de su familia que están estudiando la universidad.

 “de hecho, de toda la familia de mi papá y de mi mamá soy la primera que estudio”.

Conclusiones

Los y las jóvenes ocupan un lugar clave dentro de la sociedad porque son los actores y promotores de ideas, creencias y legados culturales que sus antepasados han enseñado, pero también quienes están en posibilidad de seguirlos o modificarlos. En su cuerpo y en su mente existe una tensión entre continuar con las tradiciones, o bien, optar por nuevas maneras de identificarse tanto dentro como fuera de su comunidad porque existe cierta influencia de los diferentes escenarios en los que se desenvuelven, tales como: la escuela, el trabajo y los medios de comunicación. La tradición y la transformación son así parte de ese proceso identitario que para el grupo estudiado, identifica a las metsis y las hace diferentes tanto al interior como al exterior de la comunidad. Se reconocen, se asumen y se dejan ver en la interacción con los otros como mujeres jóvenes otomíes porque saben y tienen muy claro que ése es su origen, el cual está siendo permeado por sus valores, festividades, rituales, alimentación, bordados y sobre todo por el trabajo que intrínsecamente realizan en beneficio de la comunidad, algo que sin duda es una gran enseñanza y un punto de reflexión ante nuestro actuar.

Referencias

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Raffestin, C. (1980). Pour une géographie du pouvoir. París: Librairies Techniques.

Ritzer, G. (1993). Teoría sociológica clásica. España: McGraw-Hill.

Notas

1. Estudiante del Doctorado en Psicología en la Facultad de Psicología de la UNAM y Profesora de Asignatura en la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEM. irum_v@hotmail.com 

2. Investigador en Ciencias Médicas E, Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, cbenjet@imp.edu.mx

3. Profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, ma_emily_ito@yahoo.com.mx

4. Los otomíes se autodenominan como Hñä Hñu que significa, los que hablan otomí

5. Los otros grupos son: mazahua, náhuatl, tlahuica y matlazinca

6. Habitan en 14 de los 125 municipios, en orden de importancia están Toluca, Temoaya, Jiquipilco, San Bartolo Morelos, Otzolotepec, Chapa de Mota, Lerma, Aculco, Amanalco, Huixquilucan, Xonacatlán, Timilpan y Zinacantepec

7. Los parajes son poblados pequeños que podrían ser equivalentes a las colonias o barrios en una ciudad en cuanto a las agrupaciones dentro de la comunidad.

8. Los “porteros” son personas que permiten el vínculo entre el investigador y los integrantes de la comunidad. Por lo regular son conocidos y reconocidos por la comunidad.

9. Cabe señalar que para las mujeres jóvenes que desearon participar en la investigación y que eran menores de edad, se solicitó un permiso de manera verbal a los padres para que pudieran acudir a las sesiones de los grupos de discusión.

10. Gestión Empresarial, Sistemas Computacionales, Arquitectura, Turismo, Trabajo social, Derecho y Educación Preescolar.

11. El “mal de ojo” se da a partir de envidias y por lo regular, se manifiesta por dolor de cabeza sin motivo aparente de alguna enfermedad. En los bebés mencionan que por lo regular lloran mucho y no pueden dormir.

12. Cuando les “da aire” se padece de dolor de cabeza y estómago intensos y frecuentes y que en la mayoría de ocasiones es por pasar por lugares en donde murieron o mataron a personas “lo que pasa es que te duele mucho la cabeza o el estómago, pero es un dolor extraño, que te tomas una pastilla y no se te quita o un dolor de estómago pero que no se te quita y ya después pasa el ratito y ya se te va quitando poco a poco, después de la limpia”.

13. Incluye enaguas, fondo de labor, chincuete, fajas, blusas bordadas, chal o rebozo y quexquémetl.

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