Dos formas de hacer familia: visibilizando a las Familias Trans1Descargar este archivo (10 - Dos formas de hacer familia visibilizando a las familias trans.pdf)

Maria Olga Mejia Anzures2 y María Emily Ito Sugiyama3

Facultad de Estudios Superiores Iztacala, UNAM
Facultad de Psicología, UNAM

Resumen

A partir de dos casos se presenta un análisis y reflexión acerca del proceso de construcción de las llamadas familias diversas o de la diversidad sexual, enfocándose en aquellas que son conformadas por personas transexuales y transgénero. La transición genérica del padre o de la madre enfrenta en la cotidianidad, hacia adentro y hacia afuera de la familia, una serie de retos que la nueva identidad involucra puesto que la transición genérica y la paternidad se entrelazan en el sistema familiar e impactan en el reordenamiento de la identidad individual, en la relación con la pareja y como figura parental. La propuesta consiste en entender a la familia como una práctica social concreta, situada en un tiempo y espacio reales.

Palabras clave: transexualidad, transición genérica, paternidad, maternidad, familia.

Two ways to do family: Visualizing Trans Families

 

Abstract

An analysis and reflection, stemming from two cases, on the construction process of the so called diverse families, focusing on those which are formed by transsexual and transgender individuals, is hereby presented. The generic transition of the father or of the mother faces a serie of challenges in everyday life, inside and outside the family, since the generic transition and paternity are intertwined in the family system and affect the reordering of the individual identity, the relation with the other part of the couple and as a father/mother figure. The proposal is to understand the family as a concrete social practice, located in real time and space.

Key words: Transsexuality, Generic transition, Paternity, Maternity, Family.

Introducción

La familia sigue siendo uno de los principales referentes en la vida de los seres humanos; la representación y vivencia única de una familia donde hay un padre y una madre, criando y educando a sus hijos, es una realidad para un amplio porcentaje de la población en México y el mundo. La heteronormatividad, como un dispositivo social y político que establece a la heterosexualidad reproductiva como una regla universal obligatoria para la construcción de vínculos de cuidado y afecto, hace que se desvanezcan del escenario social todas aquellas configuraciones familiares que, bajo sus supuestos, se encuentran fuera de la norma social y jurídica que ampara el binomio varón-padre y mujer-madre, especialmente en Latinoamérica (Libson, 2012).

La institucionalización de un modelo ideal de familia se ve apoyada por el discurso religioso que cuenta con gran poder en diversos círculos sociales y políticos, por lo que se convierte en un obstáculo para la visibilización y reconocimiento de familias no heterosexuales.

El ocultamiento y la negación de esas otras formas de hacer familia se extiende hacia aquellas en las que no sólo la orientación sexual de los padres es distinta de la “norma” sino que también existe una identidad genérica distinta y/o la metamorfosis corporal de alguno de ellos, hace difícil pensar su existencia y por ende, su parentesco. Este es el caso de las familias integradas por una persona transexual, transgénero o travesti4 que ejerce su paternidad o maternidad, cuya denominación de transparentalidad se debe a la identificación y transición genérica de alguno de los progenitores; proceso que rebasa las fronteras de lo individual, ya que transición genérica y paternidad confluyen en la práctica.

La aparición de textos académicos sobre investigaciones acerca de la paternidad, maternidad y familia de personas trans comienza a aparecer en los buscadores y bases de datos, retomando términos como transparentalidad y haciendo referencia a las funciones de cuidado y afecto que ejercen estas personas en el contexto de su transición de género. La parentalidad y sus “derivados”: paternidad y maternidad por un lado, transexualidad y transgeneridad por el otro, son un binomio al fin reconocido, si bien no legitimado en algunos casos, lo que constituye un avance necesario hacia adentro de la familia, haciendo posible conocer la transición íntima e intrínseca del padre o la madre que transiciona y las dinámicas familiares inherentes (Hines, 2006; Faccio, Bordin y Cipolleta, 2013; Haines, Ajayi y Boyd, 2014).

Este proceso presenta a su vez fuertes implicaciones hacia fuera en ámbitos sociales, culturales y políticos. Cabe destacar que no es un proceso lineal que va de la familia hacia afuera, pues ese afuera, ese exterior, ha contribuido en un sentido dialéctico a la articulación de estos arreglos familiares instituidos en el exterior constitutivo de la norma heterosexual (Soley-Beltran, 2004).

Una reflexión que se torna ineludiblemente en una realidad es que al margen de debates de tipo ético, filosófico y político, existen hombres y mujeres transexuales que son padres y madres accediendo a la tecnología reproductiva mediante inseminación artificial o recurriendo a una madre sustituta; criando y educando a otros seres humanos a los que “adoptan” de manera informal y convirtiéndose en padres y madres en la forma más convencional que existe: a través de la reproducción biológica. Lo que, a juicio de muchas personas constituye mater/paternidades imposibles por impensables (Zambrano, 2007; Vaggione, 2008).

Lo que parece estar también en juego es “la preocupación” por el desarrollo psicosocial de los hijos e hijas criados por padres y madres cuya orientación del deseo y estatus corporal no se apegan a la norma reguladora. El trasfondo parece ser el temor a la reproducción de las personas trans, independientemente del bienestar percibido y del cuidado que puedan recibir las hijas e hijos criados y educados en hogares con madres y padres que transicionan.

La procreación, gestación, crianza y educación de hijos e hijas de padres y madres que transicionan genéricamente han sido recientemente retomados en algunos trabajos. Al parecer, existe un acuerdo entre los estudiosos del tema en cuanto a que puede haber conflictos relacionales, como en el caso de padres y madres heterosexuales y no heterosexuales, pero que las hijas e hijos pueden adaptarse a la reasignación genérica de los padres y madres.

La niñez y la etapa previa a la pubertad son los momentos en los que se observa que los hijos e hijas presentan menor problema en el ajuste psicológico y en la relación con sus progenitores o padres adoptivos. Si la relación se interrumpe en algún momento del desarrollo puede ser recuperada a través del tiempo. En estos casos, los lazos que se crean son tan intensos y duraderos como en cualquier relación madre-hijo/ padre-hijo (White & Ettner, 2007; Zambrano, 2007).

No obstante, con respecto de la crianza y educación de los hijos e hijas por personas transgénero y transexuales, surgen varios y muy interesantes puntos de debate y reflexión, concretamente referidos al malestar social que hay en cuanto a los efectos psicológicos de las identidades y expresiones genéricas de madres y padres sobre los hijos y las familias. La investigación relacionada con los padres y madres trans muestra cómo personas no transexuales rechazan la paternidad o la maternidad trans, además de que consideran el deseo y su práctica como algo anormal que van en contra de la naturaleza humana y a estas personas poco capaces de hacerse cargo de los hijos; de lo que se observa que presentan muchas reservas y juicios de valor negativos en su contra (Zambrano, 2007, Faccio, Bordin y Cipolleta, 2013). Algunas personas trans, socializadas en un medio de rechazo y negación hacia lo diferente, aceptan en alguna medida ese sistema de creencias, lo cual impacta en su subjetividad. Queda como tarea para la academia científica involucrarse en estas realidades sociales dado que las mater/paternidades transson un hecho ineludible, muchos niños y niñas ya han nacido en el seno de una familia con este tipo de padres y madres.

En este trabajo se propone exponer algunos aspectos del proceso de construcción de dos familias encabezadas por personas trans y los desafíos a los que se enfrenta el sistema familiar a partir del cambio de identidad genérica de uno de los progenitores (la transición de género de “hombre en mujer” o transexualidad HaM), esto es, personas asignadas como hombres al momento de su nacimiento pero que se autoidentifican con el género femenino, por lo que se nombran y viven como mujeres. La primera, una familia con un núcleo monoparental conformada por la madre y la hija; la segunda, una nuclear5 biparental formada por dos mujeres, una mujer trans y una cisgénero6.

Puede decirse que cada uno de los casos representa una “biografía” familiar única; sin embargo, las vivencias de sus integrantes por separado permiten un acercamiento a la experiencia “colectiva” de las familias en su situación al compartir aspectos de dicha experiencia en relación a cómo se vive y cómo se hace una familia en el contexto de la transición de género de uno de los padres y el tipo de reordenamientos que se tienen que hacer con los hijos.

Ambos casos fueron elegidos porque sus núcleos familiares tienen la característica de ser los originales y permanecer intactos. La hija, en el primer caso, y la pareja mujer, en el segundo, son testigos del proceso de transición o reasignación sexual del padre y pareja respectivamente y continúan viviendo juntos, nombrándose a sí mismos como una familia.

Las participantes:7

La primera familia está integrada por la madre de nombre Elena, de 38 años de edad y su hija de 19. La segunda está integrada por dos mujeres; Noemí e Isabel, de 36 años las dos y su hijo de 3.

Medio de exploración y análisis de la información:

Se llevó a cabo una entrevista semiestructurada con una duración promedio de una hora por cada participante. Las entrevistas fueron audiograbadas y se hizo la transcripción completa de cada una, realizando un análisis temático de las mismas, lo que permitió desarrollar ejes particulares para integrar la información, haciendo uso de un método ad hoc (Kvale, 2011).

Dos formas de hacer y ser familia:

Caso 1) Una familia monoparental encabezada por una mujer: Elena y su pareja estuvieron casados aproximadamente diez años y procrearon una hija. Cuando la niña tenía cinco años se dio la separación entre ellos y, posteriormente, el divorcio.

Durante el tiempo que estuvo casada, Elena vivió “como un hombre” ya que no tenía claro aún qué pasaba con él y no había escuchado hablar de la transexualidad. Su hija, quien lo conoció como varón y por lo tanto lo llamaba papá, estableció desde muy pequeña un vínculo mucho más cercano con el padre que con la madre. Esto pudo haber influido para que después de la separación de sus padres, y de haber vivido por temporadas con uno y otro, finalmente decidiera permanecer con su entonces padre. La hija de Elena y su madre biológica, que vive en el extranjero, han continuado la relación vía telefónica y a la fecha sigue colaborado económicamente para la educación de su hija.

Elena es una mujer y vive como lo que es, su reasignación genérica es de tipo hormonal y social. Hizo la transición durante la adolescencia de su hija, lo cual fue hablado con ella en su momento. La hija la reconoce y nombra como su madre, cuando se invitó a Elena participar en la investigación “gustosa accede a compartir su experiencia como madre soltera” (sic).

Caso 2) Una familia nuclear encabezada por dos mujeres:Noemí y Mónica se conocieron casi once años atrás en el lugar en donde trabajaban. Después de dos años de noviazgo comenzaron a vivir juntos como una pareja heterosexual ya que Mónica no sabía nada de la transexualidad de su pareja, quien desde muy “pequeño” se pensaba y se sabía mujer, por lo que a escondidas se vestía de mujer, aunque todavía no conocía el término transexual.

La reasignación genérica del hombre que fue, a la actual Noemí, es de tipo hormonal y social. Tiene ya un año en tratamiento hormonal, por lo que su cuerpo presenta algunos cambios y está viviendo ya como mujer de tiempo completo. Noemí y Mónica tienen un hijo de tres años de edad. Fue Mónica quien escribió aceptando participar en la investigación tanto ella como Noemí estaban dispuestas a dar una entrevista puesto que la mayoría de la gente ya las conocía como “una familia trans” (sic).

El darse cuenta

Un tema recurrente en las narrativas de las personas que se identifican como transexuales o transgénero que participaron en la investigación fue el que se refiere a “darse cuenta” de quiénes son en realidad, ya que son varias las que refieren que desde muy pequeñas sabían que algo no estaba muy bien con ellas. Signadas y asignadas como hombres al nacer y tratadas por los demás como “ellos”, crecieron desempeñando el papel y posición masculinos que les correspondía dentro y fuera de su familia.

Tanto Elena como Noemí crecieron como “hombres” poniendo en marcha diferentes tipos de masculinidad. En el caso de la primera, una más light que se sostuvo en la moda unisex que le tocó vivir como adolescente y como hombre casado, dándose “algunos permisos” personales con la aprobación de su esposa para vestir ciertas prendas de mujer. La segunda despliega una masculinidad mucho más apegada a la norma, demuestra su “hombría” a través de un comportamiento agresivo y misógino.

Sin embargo, la identificación con los términos transexualidad y, concretamente, asumirse como mujeres transexuales, al principio de su “transformación de hombre en mujer” se dió en una etapa ya madura de sus vidas. Ninguna de ellas lo había escuchado siquiera, por lo que puede decirse que ambas se construyeron como los hombres que no eran y comienzaron un camino de incertidumbre y tropiezos tratando de seguir la línea heterosexual para no ser excluidos de la familia ni el grupo social al que pertenecen:

Elena: “…yo desde muy chica, sabía que algo sucedía conmigo, ya en mi adolescencia pues la más fácil era que yo era gay ¿no? cosa que me daba mucho temor porque tú vas viendo cómo la sociedad, inclusive tu propia familia, tratan a las personas homosexuales y entonces tú dices ‘no, ni madres, yo no quiero vivir eso’ […] comienzas a tratar de ocultar, tratas de convencerte: siento, reacciono, pienso, mis gustos van en un sentido, pero mi cuerpo y cómo me percibe la gente, es otra cosa…”

Por su parte, Noemí dice: “…desde los cuatro años yo no tenía idea de lo que eran socialmente un hombre o una mujer pero yo me imaginaba que cuando creciera yo iba a ser como mis hermanas, como mi mamá…”.

En cierto punto de sus vidas es cuando comienzan a surgir otras formas de nombrar lo que se siente pero no se conoce, formas de llamar a eso que les pasa y que les lleva a “convertirse” en mujeres: transexualidad, transexual, mujer transexual, estos términos funcionan como rito de paso para las dos, hasta llegar a ser reconocidas como mujeres, rechazando ser identificadas como “mujeres trans”.

El camino para construirse como mujer

En el caso de Elena este camino comienza formalmente a través del contacto con instituciones médicas: “…entonces cuando tengo la posibilidad, el acceso a conocer lo que es la transexualidad, las teorías de la disforia de género, etcétera, me acerco ya con los médicos que iban a llevar mi proceso…”. Para Noemí fue en un principio, diferente: “…yo empezaba a investigar qué era lo que a mí me pasaba, porque en ese tiempo no lo sabía, muchas veces me sentí como trasvesti […] comencé a investigar un poco más seriamente sobre mi situación. A través de internet, encontré información y me di cuenta de que ser trasvesti no era mi situación…”

Reconfigurando la familia: la transición de Elena en compañía de su hija

Elena decidió iniciar con el tratamiento de reasignación sexual cuando su hija tenía quince años, entre el médico tratante y ella acordaron que lo mejor era que lo hablara antes con ella y finalmente se lo hace saber: su hija, quien ya se había dado cuenta de algunos “detalles”, pensaba que su padre era gay. Elena atribuye en gran medida la respuesta favorable de su hija a la relación tan estrecha que fue construyendo con ella desde que era muy pequeña. La transición ha sido un camino relativamente fácil pues en todo momento ha estado acompañada de su hija: “…el máximo apoyo emocional que yo he tenido en mi transición ha sido mi hija, desde muy chiquita comencé a crear, sin proponérmelo, un vínculo con mi hija…”

A diferencia de otros padres y madres trans, en quienes hay temores respecto de poder continuar con los vínculos de afecto, amor y cuidado hacia sus hijos y que se ven debilitados o anulados durante la reasignación, la experiencia no ha sido así para ella (Hines, 2006).

Los hijos e hijas de padres y madres trans necesitan “transicionar” junto con ellos; requieren de tiempo para integrar la noticia y trabajar el duelo por el padre o madre que “ya no es y ya no está” para aceptar a la persona en la que se ha convertido. Ello implica ser testigos mudos, pero activos, de los cambios corporales, de voz, de comportamiento, entre otros aspectos que implica la transición. De igual manera, es necesario negociar con “el nuevo padre” o “la nueva madre” acerca de cómo lo/la va a nombrar en lo sucesivo.

En el caso de Elena, debido a su nueva identidad y forma de vida, su hija la nombra y la reconoce como su madre también, como también tiene una madre biológica, antecede a la palabra mamá el nombre de cada una para diferenciarlas. Su hija incluso ha llegado a corregir a su madre biológica cuando ésta se refiere a su mamá Elena como él o en masculino:

“No, no, se llama Elena, —ah, perdóname, oye que tu papá, —no es mi papá es mi mamá, esta mamá mía como tú la ves, —ah, discúlpame …”

Casos como el de Elena y su hija son actualmente reportados en la literatura sobre padres y madres que transitan entre los géneros pero no provienen de una investigación realizada en nuestro país (Hines, 2006; Faccio, Bordin y Cipolleta, 2013: Haines, Ajayi y Boyd, 2014).

El trato de la hija hacia Elena se ha extendido al novio de la primera, quien también ha sido testigo del proceso de transición genérica de Elena y está consciente de su identidad. Debe decirse que para Elena el passing8, o pasabilidad y posibilidad como mujer fue “afortunado”, lo cual ha contribuido favorablemente para su inserción en algunas instituciones, por ejemplo la escolar, sin presentar mayores problemas.

Uno de los desafíos que libraba esta familia era el rechazo y la negación por parte de la madre de Elena y algunos de sus hermanos, quienes se niegan a aceptar la transición del hijo y hermano respectivamente.

Reconfigurando a la pareja y a la familia; la maternidad social de Noemí

Para Noemí y Mónica la reconfiguración de pareja heterosexual en una “de la diversidad” se dió cuando esta última halló ropa de mujer en su casa, por lo que Noemí tuvo que hablarle de su verdadera identidad genérica, Mónica decidió no abandonarla y continuaron viviendo juntas. Fua entonces cuando Noemí inició su transición genérica de tipo social, vistiéndose de mujer dentro y fuera de casa.

Se dio una reconfiguración hacia dentro de la pareja y también hacia fuera, con las familias de origen y conocidos; ya no son más una pareja común, formada por un hombre y una mujer. La decisión de Mónica de continuar viviendo con un “hombre” que se sabe mujer y que ahora se viste y se comporta como mujer inauguró una nueva forma de relación y desplazó el modelo “original” hacia uno en el que ambas son mujeres.

En este nuevo trayecto Mónica le hizo saber a Noemí su deseo de tener un hijo, lo que se conviertió en motivo de tensión y desavenencia entre ellas pues la transición no había resultado fácil para ninguna al tener que enfrentar ambas el asombro y el rechazo de sus seres queridos, incluso de desconocidos en la calle.

La combinación transición genérica y paternidad se convierte en algo más complejo y frecuentemente es fuente de conflictos entre las personas trans y sus parejas. En las investigaciones con personas trans se observa una mayor probabilidad de convertirse en padres o madres después de la transición genérica; el caso de Noemí y Mónica puede considerarse diferente, ellas decidieron procrear a su hijo ante de que Noemí comenzara con el tratamiento hormonal: “… yo tenía y sigo teniendo muchos miedos acerca de él [refiriéndose a su hijo], porque a final de cuentas, ¿qué iba a pasar si era como yo?...”

Pese a los temores, el deseo del hijo es más fuerte; Noemí cede en algún punto y Mónica queda embarazada; ellas lo hablan y acuerdan que su hijo nazca en el entorno de una familia en donde ambas van a ser las madres del niño. Este acuerdo les facilita las cosas al no tener que dar explicaciones al hijo de la transición de una de sus madres.

Se observa entonces, con la reconfiguración de la pareja parental, la reestructuración de la familia, los reordenamientos en los papeles, las posiciones y las dinámicas parentales y familiares en general, ellas negocian como una familia de mujeres.

Hacia adentro de la familia las cosas han venido funcionando bien para ambas madres; su hijo las reconoce y nombra agregando el nombre de pila de cada una de ellas o bien con el diminutivo de Noemí. Pero hacia afuera de la familia, como muchas otras familias que se salen de la norma heterosexual, se enfrentan a algunas miradas de desaprobación. Son algunos de los tropiezos que pueden tener como familia “diversa”, los cuales van más allá de integrar a una pareja de mujeres, el cuerpo y su apariencia pueden hacer y hacen una distinción.

Sin saber qué es un “buen passing” y si éste es o no afortunado en Noemí, la atención en la pareja parental se hace evidente en ocasiones y hay preocupación por lo que pueda enfrentar el hijo: “…teniendo una mamá como yo se va a enfrentar a muchas cosas desagradables, incluso él ya ha pasado en este corto periodo, como burlas tal vez, rechazo… cosas que tal vez no tendría por qué pasar si viviéramos en una sociedad justa, tolerante. Pero nuestra sociedad está muy lejana de ser tolerante aún…”

El acoso y la transfobia hacia estas familias y sus hijos son aspectos mencionados en otras investigaciones, las cuales también incluyen algunas de las estrategias que utilizan para lidiar con estos aspectos. Cada familia desarrolla un estilo propio de manejo hacia el exterior a fin de vincularse de la mejor manera con las instituciones.

Un paso ineludible en el camino recorrido por Noemí y Mónica fue dar la noticia a sus respectivas familias de origen, pues la familia extensa continúa siendo una institución con un gran peso en México. Es posible que ninguno de sus familiares supiera a qué se referían cuando Mónica y Noemí les comunicaron “la verdadera” identidad y la transición genérica del hijo y yerno respectivamente en mujer. Cabe recordar que los términos transexualidad y la transgeneridad no son conocidos ampliamente, por lo que entender lo que implica en y para las personas que la viven de cerca, no es una tarea fácil y las reacciones no se hicieron esperar.

En el caso de Noemí, fue su madre la que incluso llegó a prohibirle la entrada a la casa familiar: “…hasta que hace como unos seis meses mi mamá me habló y me dijo que me invitaba a comer, dije ‘bueno, tú sabes cómo voy a ir y tú me prohibiste ir pues como soy ¿no?’ Me dice ‘no, no hay problema, puedes venir como quieras’, ya como que lo empezó a aceptar”.

Por su parte, Noemí se ha distanciado por temporadas de sus padres; su madre no estuvo de acuerdo en que tuviera un hijo y tanto ella como su hermana insistían en que su hijo se dirigiera a Noemí en masculino.

La conservación de los lazos familiares de origen en las parejas que forman familias trans es uno de los ángulos que no han sido lo suficientemente explorado. Este aspecto se torna importante si se considera que la figura y la presencia de los abuelos es en muchos de los casos fuente de apoyo y cuidado para los nietos.

Consideraciones Finales: familia y paternidad como prácticas sociales

Este trabajo tuvo como propósito hacer un ejercicio reflexivo acerca de la metamorfosis de familias heterosexuales en las llamadas familias transexuales en el contexto de la transición genérica del hombre en mujer y sus repercusiones en el ámbito de la paternidad. Este tipo de ejercicios se hacen necesarios ante la casi inexistente literatura en lo tocante a la conformación y reordenamientos que se tornan necesarios en la reestructuración de la pareja y la familia.

Se requiere de una mirada abarcadora que integre a las familias construidas desde “la diversidad”9 para incluirlas familias en la transición genérica del padre o de la madre, apuntando innegablemente a su condición corporal.

Las familias que han expuesto sus casos pueden ser consideradas como monoparental la primera y como nuclear la segunda. Ambas se encuentran en etapas diferentes del ciclo vital ya que mientras la primera es una familia en la etapa de hijos adultos, la segunda consiste en una familia en etapa de hijos pequeños.

Ambos casos pueden ser considerados como “exitosos”, la hija de Elena ha aceptado la nueva identidad de su madre y la relación entre ambas se ha conservado y sigue siendo muy cercana mientras que para Noemí y Mónica fue el deseo de esta última el que marcó la ruta en la construcción de su familia, procreando de forma biológica a su hijo y acordando que éste naciera en una familia encabezada por dos mujeres, ambas reconocidas como madres por su hijo.

La intersección paternidad y transición genérica puede disolver o cambiar la estructura de la familia hacia adentro del sistema como hacia afuera, reordenando y reorganizando sus relaciones con instituciones como la familia extensa, entre otras. El proceso relativo a la transición puede llegar a ser sumamente complejo confrontando a la familia emocional y psicológicamente. En estos casos la paternidad se complica y se requiere de un equilibrio entre ésta, vista como ejercicio y como práctica, y la asunción de la nueva identidad del padre o de la madre. La investigación sugiere la importancia del diálogo abierto y honesto con los hijos e hijas de acuerdo con el momento de la transición: antes, durante o posterior a ella (Sales,1995).

La noticia de la “verdadera y nueva” identidad de alguno de los padres implica para los hijos e hijas una serie de tensiones relativas a la identidad y los papeles y posiciones de padre o madre diseñados social y culturalmente para hombres y mujeres y sus derivados masculino y femenino. Sin embargo, lo esencial son los lazos afectivos y de cuidado que se construyan, más que la apariencia física y adscripción emocional y psicológica del padre o madre que transiciona entre los géneros.

Transición, relación de pareja y parentalidad se presentan así como pequeños y grandes pasos que día a día, momento a momento son reflexivamente negociados al interior y al exterior de la familia y en otros escenarios. Los involucrados actúan como agentes morales activos, haciendo juicios acerca de los pros y contras de las consecuencias de sus acciones, las perspectivas y necesidades de los otros, lo cual sucede en la vida de cualquier familia (Williams, 2005).

Se observa en estas familias el complimiento de las funciones psicosociales que se les demandan: el cuidado, la atención y satisfacción de las necesidades básicas y educativas de los hijos e hijas, sin perder de vista la calidad de los vínculos afectivos necesarios para el desarrollo psicológico, emocional y físico de los mismos sin importar quién sea la persona que está a su cargo, si es hombre o mujer o si se comporta como uno u otra, si se le llama padre o madre o simplemente por su nombre.

Se hace necesario que los estudios llevados a cabo sobre la familia tomen una postura más inclusiva y consciente de las distintas realidades y formas de ser y hacer familia y de las fuentes de apoyo de las que estas familias se sostienen; acercarse y conocer, más allá del proceso de transición genérica de alguno de los integrantes de la pareja parental, cuáles son las implicaciones y experiencias de integración psicológica y emocional de la nueva figura parental en los hijos e hijas y ampliar la mirada hacia otros sistemas.

Una tarea de suma importancia para la psicología y disciplinas afines es estar atentas al descentramiento de las concepciones de la familia, el parentesco y la filiación, de su uso más que contemporáneo, apropiaciones y reformulaciones que de los mismos se están llevando a cabo en la práctica por estas familias y así conocer de qué manera se actualizan en sus miembros, con sus implicaciones a nivel social, cultural y político.

Referencias

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Notas

1. Este trabajo se deriva de una investigación más amplia sobre pater/maternidad en personas transexuales, transgénero y travestis que viven en Ciudad de México y zona conurbada, cuya fase de campo se llevó a cabo del 2011 al 2012.

2. Profesora de Asignatura de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México. Correo electrónico: olga.mejia05@gmail.com

3. Profesora de Carrera de la Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México. Correo electrónico: maemilyito@gmail.com

4. Por personas transexuales, transgénero y travestis se entiende a todas aquellas que se identifican en un sexo/género diferente al que les fuera asignado al nacer, cualquiera que fuese su estatus transicional y/o legal (Cabral, 2005). Algunas de éstas, desde muy pequeñas se sienten inconformes con el cuerpo y el género asignado, ya que piensan y sienten que no es el que les corresponde. En la literatura se distingue entre las personas transgénero, que incluye a trasvestis, como a quienes se vivencian y visten como del género opuesto, pero que conservan sus genitales. En cambio, las personas transexuales, presentan conflictos con su cuerpo y se dice que su meta es la cirugía de reasignación sexual. En contraste, en la práctica se observan formas variadas de ser y concebirse como trans, sin tener como meta la cirugía de “reasignación sexual”, entre otras cosas, debido al alto costo de ésta y sólo recurren a tratamientos hormonales para lograr transformar ciertas partes del cuerpo.

5. Las palabras núcleo monoparental y nuclear se utilizan como una reformulación o reapropiación del término que ha sido exclusivamente usado para referirse a la familia nuclear, en la que hay un varón-padre y una mujer-madre, heterosexuales, con hijos e hijas procreados biológicamente, que residen en el mismo domicilio, como estrategia y práctica de resistencia contra la naturalización de la familia (en singular) que se reproduce desde la academia en las investigaciones y textos científicos.

6. Cis es el prefijo latino que quiere decir “del mismo lado”, el término cisgénero reemplaza el término no transexual o transgénero, por lo tanto se aplica a las personas no transexuales, también llamadas hombres o mujeres “biológicos” (Schilt and Westbrook, 2009).

7. El nombre de la madre de la primera familia ha sido cambiados a petición expresa, no así los nombres de la segunda que solicitaron se presentara el caso con los nombres reales.

8. El llamado passing, presenta al menos dos acepciones en la literatura trans y en el lenguaje y la experiencia de personas trans, viene de to pass. La primera se refiere a la “passing phase” definida como el periodo previo a la cirugía de reasignación sexual, durante el cual el candidato o la candidata debe vivir y trabajar como una persona contraria al sexo asignado al nacer. La segunda, a la apariencia y/o parecido físico que hace que una persona que transiciona entre los géneros sea realmente “leída” como un “verdadero hombre” o una “verdadera mujer” (Wojdowski y Tebor, 1976).

9. Término que se ha acordado del de “diversidad sexual”, el que en ciertos ambientes, puede resultar a todas luces prejuicioso y estigmatizante, ya que alude a la orientación del deseo lesboerótico u homoerótico de la pareja parental.

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