El significante en la salud como metáfora de destrucción natural Descargar este archivo (El significante en la salud como metáfora de destrucción natural.pdf)

Nicolás Rivera Ávila

Colegio de Psicoanálisis, México

Resumen

Escribe Freud en su artículo “Das Unbewusste”, en 1915: “Nuestra tópica psíquica provisionalmente nada tiene que ver con la anatomía; se refiere a regiones del aparato psíquico, dondequiera que estén situadas dentro del cuerpo, y no a localidades anatómicas”2.

Este alejamiento localizacionista no ocurre en 1915, ocurre mucho antes: que haya un lugar para lo psíquico en lo humano es una problemática clínica en el psicoanálisis, pero no en la ciencia,  y más adelante intentaremos acercarnos a esta ruptura.

Si nos pudiéramos permitir una aseveración de la magnitud localizacionista, lo primero que se me ocurre que podría pasar tendría que ver con el cierre de posibilidades discursivas para lo psíquico. Una demostración obsesiva casi obscena que obturaría la escena clínica, poniendo en su lugar un cuerpo construido de soluciones y de respuestas; y quizá eso es lo que más urge a la hora de dar una localización: dejar de problematizar. Conceptualizar.

Palabras clave: cuerpo, salud, ciencia, escritura, metáfora

 

Abstract

Freud writes in his article “Das Unbewusste” in 1915: “Our psychic topical provisionally has nothing to do with anatomy; refers to regions of the psychic apparatus, wherever they are located within the body, not anatomical locations.”3

This localizationist estrangement does not occur in 1915, occurs much earlier: the place for the psychic in the human is a clinical problem in psychoanalysis, but not in science, and later we’ll try to approach this break.

If we could allow ourselves an assertion of localizationist magnitude, the first thing that occurs to me that could happen would be related to the closure of discursive possibilities for the psychic. An almost obsessive obscene demonstration will distort clinical scene, putting in place a body built out of solutions and answers; and maybe that is even more urgent when giving a location: to stop problematizing; conceptualize.

Keywords: Body, Health, Science, Writing, Metaphor

Un puro fluido en estado libre y sin cortes, resbalando sobre un cuerpo lleno. Las máquinas deseantes nos forman un organismo.

—Gilles Deleuze y Féliz Guatarri

Porque la realidad está por terminar, aún no está construida. De su consumación dependerá, en el mundo de la vida eterna, el retorno de una eterna salud.

—Antonin Artaud

Lo que guarda el cuerpo es del terreno de las sensaciones, de la sonoridad y de una construcción ajena incalculable, inimaginable e insoslayable. El cuerpo está en la categoría Cartesiana, es asequible a través del pensamiento.

La elaboración que nos hace progresar de una significación del mundo a una palabra que puede formularse, la cadena que va del inconsciente más arcaico hasta la forma articulada de la palabra en el sujeto, todo esto sucede entre Wahrnehmung y Bewusstsein, como se dice entre cuero y carne4.

El problema Wahrnehmung y Bewusstsein es muy arcaico. Supone una suerte de realidad casi fundante del núcleo perceptual en Occidente. Somos en tanto la mirada permite la articulación escénica; y, si no hay objeto que mirar, la imagen no alcanza la descripción reproductora. Es en dirección histórica que se alcanza a imaginarizar los restos que representan la escritura sobre el cuerpo.

El cuerpo, por tanto, es una consecuencia psíquica en un tiempo retroactivo5. La representación del cuerpo es limitada y arcaica, ajena y apalabrada a través de una herencia simbólica y de una red significante. Esa es la escritura sobre el cuerpo, un aparato discursivo que se reescribe incesantemente.

Del nacimiento a la muerte, el derecho se "apropia" de los cuerpos para hacerlos su texto. Por medio de toda clase de iniciación (ritual escolar, etcétera), los transforma en tablas de la ley, en cuadros vivo de reglas y costumbres, en actores del teatro organizado por un orden social6.

Y no sólo en el derecho: hay algo que viene antes a hacer la transcripción significante en el cuerpo y lo juega en la negación a la vez que lo afirma. Esa es su construcción, una caída y un regreso, una función que regula la caída y sostiene el regreso, el fort da, detentados por el principio del placer, sujetados a la moral y despojados por la pulsión de muerte.

Las tablas de ley son la muestra de la representación en escena, orientadas por el hacer como consecuencia de un acto previo, enigmático y ausente. Habrá que pensar que el momento del texto es una posición reproductora que inserta al ser parlante en un universo simbólico capaz de ordenarlo todo, desde una caída simbólica hasta una caída en lo real.

Las tablas de la verdad son un aviso de que algo ya se ha colocado en nombre del amor y del deseo7; esa es la posición que, sin querer, lleva a cabo el participante cuerpo, yo-escindido dentro del vínculo madre-hijo.

Estas escrituras efectúan dos operaciones complementarias: para estas escrituras, los seres vivos son, por un lado, "puestos en texto", transformados en significantes de reglas (se trata de una intextuación) y, por otro, la razón o el Logos de una sociedad "se hace carne" (se trata de una encamación)8.

El cuerpo es un texto, se escribe sobre él.  Habrá que pensar que un lienzo tendría mayores posibilidades, en tanto lo que ahí se juega es la poiesis, y no la reproducción, como es el caso de la escritura, donde se re-escribe eso que históricamente ya se ha simbolizado.  

El aparato que hace ley y escritura sobre los cuerpos se llama ciencia. Basta un significante en ese aparato para que se ordene el mundo imaginario del cuerpo a través de una realidad psíquica que encarna la idea misma de la totalidad, de una suerte de mónada que se organiza desde ese lugar privilegiado que ocupa el aparato.

¿Eso que se escribe en el cuerpo alcanza para que pueda ocurrir el acto del pensamiento en su realidad psíquica? ¿O sólo le alcanza para un eterno reproducir de lo escrito? ¿La ciencia ocupa también el lugar del Otro o hace semblante de él? ¿Dónde queda entonces eso llamado libertad?

Desde el pensamiento de Lacan, el saber y la verdad se encuentran en lugares distintos. El tropiezo de la ciencia es creer que ocupa el lugar del saber y de la verdad; y en ese avatar, las consecuencias en su objeto de estudio son interminables.

La inscripción que se hace sobre el cuerpo es la idea de que el cuerpo se encuentra en el lugar del saber, y desde ahí se desprende un universal que organiza sociedades enteras.

El cuerpo aloja una localidad anatómica desde un saber, desde un discurso universitario. El cuerpo se vuelve un número, una copia y una calca. Es la reaparición de un acontecimiento que en el aparato científico ya había ocurrido antes.

Por diseminada que esté (como los huesecillos de un esqueleto), esta panoplia destaca en puntos firmes las relaciones entre reglas y cuerpos igualmente móviles. En piezas separadas, es la máquina de escribir de la Ley, el sistema mecánico de una articulación social9.

Esta máquina de escribir la ley, en piezas separadas, ordena significantes en el cuerpo que aparecen como una receta incuestionable que permea la realidad psíquica de los sujetos en la ciencia.

Michel De Certeau utiliza el significante πανοπλία, panoplia, una serie de máquinas y de armas dispuestas a seguir un legado tecnócrata que anula a los cuerpos desde la universalización y los coloca en una colección donde el campo reproductivo se vuelve inminente.

El método científico trae consigo la catástrofe y la supremacía económica sobre la salud mental, y se seguirá reutilizando, a manera de utensilio, hasta que los cuerpos-números encuentren un nuevo amo10 al que seguir; es una categoría de esclavitud que no agota sus recursos, su potencia está en la parasités lingüística con que se ha instaurado al sujeto en la ciencia con la garantía de que el re lo seguirá hasta que la pulsión de muerte le ponga salvación.

La escritura adquiere un derecho sobre la historia, con miras a enderezarla, someterla o educarla. La escritura se vuelve poder en las manos de una "burguesía" que reemplaza con la instrumentalidad de la letra el privilegio del nacimiento, ligado a la hipótesis de que el mundo dado es la razón11.

La razón es, desde la metodología de la ciencia, su potencia misma.  Esclarece a la vez que resuelve, imputa y niega, ordena y sacrifica, moldea y sumerge en su simbología al apartado social.

La razón es la portavoz de la subjetividad, y crudamente, queda relegada por la vía de la subjetividad misma que niega la razón, y por la vía de la renegación, del resto que el imaginario escribe sobre el cuerpo, en tanto escisión y en tanto vacío.

Por la vía de la negación, se entiende que la subjetividad es un planteamiento que aparece después, es un significante que no se significa a si mismo pues le antecede la razón como significante primordial. En ese sentido es que niega la subjetividad como un acto significante poniéndolo en un acto de puro significado.

Por la vía imaginaria, es al cuerpo al que se le apuesta todo en los estándares de salud: siempre hay una enfermedad que hace presencia escénica y rompe todo significante que se atreva a cuestionarle, pues dicho privilegio no sólo aparece en el terreno de la salud-enfermedad, sino también aparece como una forma discursiva de negociar con él, como si ese cuerpo no tuviera órganos, como si estuviera ya vacío no sólo de la palabra, sino también de la subjetividad negada.

Por tanto, dicha renegación pertenece a un espacio diferente, al del poder y al de la política económica, justo el lugar en donde todo discurso deja fuera la subjetividad. El cuerpo, entonces, es negado vía la razón y vía el discurso de poder que lo castra y lo consume hasta convertirlo en enfermedad.

El movimiento es dar forma a un cuerpo, conforme con su definición por el discurso social por medio de las herramientas. Parte de una idea normativa comunicada por un código de intercambios económicos o por las variantes que presentan sus relatos del patrimonio legendario común y de las creaciones del conocimiento12.

El planteamiento desde la psicología se vincula con un orden hegemónico que brinda al enfermo la posibilidad de la cura con la mayor rapidez. Lo que se forcluye en este acto es al sujeto mismo, al sujeto que Lacan articula por años, al sujeto del inconsciente.

Esta forclusión es el acto mismo de someter y forzar un discurso que obture y simplifique la subjetividad, el discurso del poder político y del poder económico. Habría que pensar entonces que la subjetividad se rechaza, se niega, se reniega y se forcluye; por tanto, es la violencia misma contra el sujeto.

La no apelación de un discurso otro, garantiza la prevalencia del discurso capitalista, que monopoliza el acto mismo del pensamiento reduciéndolo al acto reproductivo del pensamiento, en donde las máquinas deseantes ponen su deseo en las manos de otro que los emancipa del pensamiento mismo, de su libertad de pensamiento.

El cuerpo —y todo lo que se relaciona con el cuerpo, la alimentación, el clima, el sol— es el lugar de la Herkunft13: sobre el cuerpo, se encuentra el estigma de los sucesos pasados, de él nacen los deseos, los desfallecimientos y los errores; en él se entrelazan y de pronto se expresan, pero también en él se desatan, entran en lucha, se borran unos a otros y continúan su inagotable conflicto14.

La historia del cuerpo es imborrable: aún el olvido es incapaz del borra-miento, la escritura que se ha hecho sobre él es un trazo que escinde y le antecede, las palabras traen su historia, el cuerpo es la palabra misma, es el aparato simbólico que tiene por representación un cuerpo, su Herkunft habla, lo nombra.

En Psicopatología de la vida cotidiana, Freud, al hablar de las acciones sintomáticas, se refiere a aquello cotidiano que el actor hace, pero no sospecha. La acción sintomática es una representante de la representación, es una metáfora viva del cuerpo, viva pero ausente, irrepresentable.

Es la acción sustitutiva en donde el cuerpo ocupa el lugar del fort da:acá esta, pero se fue, desaparece y vuelve. El cuerpo es un objeto metafórico que tropieza con el deseo en tanto metonímico, el deseo del otro y el deseo del Otro.

El Otro es el lugar que ocupan el discurso de poder, el discurso del capitalismo y el discurso de la ciencia. Usan el carrete-cuerpo, lo dirigen, lo ordenan, lo organizan y le dan el guion de la reproducción misma, todo desde la instauración de una realidad absorbente e indiferente que le castra a la vez que lo pone en el lugar de goce, un lugar involuntariamente metonímico que lo orilla a la pulsión de muerte, a la vez que le intenta curar las heridas.

La fábrica de hacer cuerpos, de la ciencia al fetiche

La fábrica discursiva de hacer cuerpos tiene una manera similar a la de la ciencia: va perfeccionando su técnica, y a medida que lo logra, obtiene cuerpos capaces de brindarle al objeto un valor exacerbado, el valor mismo del ser en tanto deseo de ser.

Lo que plantea este ideal inalcanzable de ser es un deseo ajeno, prefabricado y generalizado, que lo que desborda es un goce totalizador, un plus al que el sujeto queda atado lejos de la consciencia sobre sí. Es en este lugar donde se fabrican y construyen sujetos-cuerpo capaces de defender y atender hasta sus últimas consecuencias una ideología que no les pertenece pero adoptan inconscientemente como propia; hablamos de un sujeto reproductor de discursos, una máquina de pronunciar discursos incomprensibles. El cuerpo es por tanto quien lo presencia en lo real.

La ciencia mejora sus objetos cada vez, y de esta manera entrega al sujeto un Don, ese Don que le correspondía quizá descubrir al sujeto, soportarlo y sustentarlo en tanto sujeto lleno de deseos, sólo que ahora, convertidos en deseos artificiales y ya no plagados de inicio de la subjetividad.     

Es la máquina la que fabrica a los sujetos que viven en un siglo anterior, en un pasado virtual que ellos toman por su mundo presente. La función de este procedimiento de subjetividad es la de desviar a los humanos del horror que podría inspirarles la realidad del mundo en que realmente viven, donde existen en condición fetal, reducidos al estado de materia prima de la máquina que los esclaviza y los canibaliza15.

Esta máquina que arriesgadamente nombraremos la máquina del capitalismo, ¿no es una máquina que alude al goce del objeto, que convoca al ser como segunda premisa de la felicidad, que sobrepasa el silencio? Habremos de ensayar un poco.

¿Hay falta en el discurso de la ciencia, en el poder desbordante, en el discurso mismo de la religión? ¿Cómo pensar en la falta de la falta en un sujeto, o del mismo cuerpo? ¿No es eso acaso atribuir la consistencia?

Es verdad que lo sexual, en nuestra cultura, ha triunfado sobre la seducción, y se le ha anexionado como forma subalterna. Nuestra visión instrumental lo ha invertido todo. Pues en el orden simbólico, la seducción es lo que está primero, y el sexo no se da más que por añadidura16.

Las formas discursivas en relación a la perversión se asemejan mucho a las formas discursivas con las que se conduce la modernidad17, una modernidad que le atribuye al objeto un estatuto unilateral, universal, en donde el aparato metonímico surge precisamente desde la inaccesibilidad al objeto mismo, al cuerpo mismo y la fantasía de tenerlo, esto, en sustitución del goce sobre ese objeto que no es, donde imaginariamente se tiene todo en relación al supuesto, al menos en su apalabramiento desde lo imaginario. 

La producción capitalista ha unificado el espacio, que ya no está limitado por sociedades exteriores. Esta unificación es al mismo tiempo un proceso extensivo e intensivo de banalización. La acumulación de mercancías producidas en serie para el espacio abstracto del mercado, al mismo tiempo que debía romper todas las barreras regionales y legales y todas las restricciones corporativas de la edad media que mantenían la calidad de la producción artesanal, debía también disolver la autonomía y calidad de los lugares. Esta fuerza de homogeneización es la artillería pesada que ha derribado todas las murallas chinas18.

El objeto/cuerpo no es el mismo para nadie, aun cuando la propuesta moderna de unificación o de la asombrosa pretendida igualdad nos marque ese estatuto. La vuelta hacia un sujeto no-esférico, que se reconoce en un plano metonímico, permite de inicio vehiculizar la figura mostrativa en donde el cuerpo, lejos de ser el mismo, y lejos de brindar el goce, no logra romper en lo real con el sujeto mismo y de la misma manera.

Ese fetiche, que provenía de su primera infancia, no debía leerse en alemán, sino en inglés: el «brillo {Glanz} en la nariz» era en verdad una «mirada en la nariz» {«glance», «mirada»); en consecuencia, el fetiche era la nariz, a la que por lo demás él prestaba a voluntad esa particular luz brillante que otros no podían percibir19.

Hay una pulsión que intenta dar con el objeto que le devuelva algo en relación al deseo, y ese brillo particular es el que reelabora el sujeto en la perversión: es quizá su mítico regreso. Es ese Glanz que le permite darse a la tarea de poner a gozar al otro, de ser para el otro algún tipo de don, tratando tal vez de ser, aún en la transgresión.

Algo pasa en la infancia que seguimos sin darnos cuenta, una travesía que se torna inconsciente, se apodera de la historia misma, de la reminiscencia en sus detalles más ín(ex)timos. Eso que en el psicoanálisis es relevante, la historia, el sujeto en su relación con la memoria, distinto a lo que sucede en la ciencia.

La ciencia, si se mira con cuidado, no tiene memoria. Olvida las peripecias de las que ha nacido, cuando está constituida, dicho de otra manera, una dimensión de la verdad que el psicoanálisis pone aquí altamente en ejercicio20.

Quizá el descubrimiento freudiano nos mantiene aún intrigados y nos hace preguntarnos, ¿eso que ocurrió es lo que somos o es que el movimiento nos arroja a otro yo? ¿Somos donde pensamos ser o precisamente, a la manera lacaniana, somos donde no pensamos y pensamos donde no somos?

Justo la relación con el Otro nos va parasitando estructural y lingüísticamente; es un escenario tan peculiar que no vemos cómo se va tejiendo. Y es quizá donde la llamada estructura de la perversión toma su papel altruista, en donde brinda eso que él cree que falta en el otro, siendo la metáfora entonces del Otro para el otro.

Ese Otro lugar, discursivamente lo ocupa en la modernidad el capitalismo, palabra ya por demás enigmática, aunque en dirección al objeto, se pone en lugar de ese Otro que tape ese oscuro lugar que falta en el otro; la relación es inminente, solo hay respuestas, tantas, que colman la razón del sujeto moderno, lo encapsulan en un recorrido circular lleno de imágenes que obstaculizan la pregunta por el sujeto y no por el objeto. Es el avatar que se presenta a manera de Visnú para darle lo que le hace falta a ese otro castrado por un discurso de poder.

El capitalismo reina porque está estrechamente unido al ascenso de la función de la ciencia. Solo que incluso este poder camuflado, este poder secreto, y cabe agregar, anárquico —quiero decir dividido contra él mismo, y esto sin duda por ir de la mano del ascenso de la ciencia— está ahora tan desconcertado que no da pie con bola, porque pese a todo del lado de la ciencia ocurre algo que supera sus capacidades de dominio21.

Parece omnipresente y omnipotente la presencia del discurso de la ciencia en el discurso del sujeto mismo, la presencia de un A para un a, de este Otro que se condensa en frases que rebasan lo permitido a fin de que ese otro tome lo que la ciencia le brinda como una oportunidad de sobrevivencia, una manera de ser a partir de eso otro, y ya no como una manera de pensar reflexionando en aquello que le atañe a su compleja existencia, a su pequeña existencia ante el gran triunfo del poder.

La transgresión tiene su propia lógica, no es una lógica que marque la simple ruptura a manera de anormalidad con los dictámenes morales, religiosos y sociales, donde el recurso de la imagen genérica funciona muy bien, donde se vuelve sencillo dar un diagnóstico y perseguir la cura a través de alguna terapia del yo.

Se vuelve más complejo el tema de la transgresión: es un significante que desprende una cadena que poco tiene que ver con que un sujeto se adapte o no a cierta normatividad.

El sadomasoquismo de la relación moral con el yo está ligado al objeto, y este toma su lugar mítico cuando el cuerpo alterno aparece, ese otro objeto. Confundido desde su psiquismo, desde la idea que el espejo regresa de sí, el imaginario, por tanto, gobierna toda posibilidad de subjetivación.

El deseo sobre el cuerpo adquiere condición de indispensabilidad y transgresor, al grado de sustituirlo por ese objeto que reiterativamente, podemos decir, no es el que se busca, pues de lo contrario la pulsión de muerte podría hacer presencia.

En esta dialéctica podemos asumir que el sujeto de la perversión procura el objeto de la ciencia de su lado; quizá podríamos hablar de una sumisión ante el objeto para así garantizarse el goce sobre el objeto. Hay la certeza en tanto se busca el objeto, ¿acaso esta certeza podría hacernos pensar que no hay castración?, y de aquí la posibilidad de que este sujeto advenga precipitadamente en el objeto.

Quien pone el objeto a disposición en el mercado es quizá quien alude a cierta perversión. Poner en falta a ese pequeño otro que lleva consigo su propio goce, sus propias reglas, en donde no todos podrán tener el objeto pero sí podrán desearlo bastantes, al grado de transgredir las reglas para poder acceder a él, en donde finalmente, lo que transgrede es su propio apego a las leyes desde su representación de ley, desde donde se escribe la ley sobre los cuerpos.

La violencia a ultranza en la que circula el cuerpo desde su invención cotidiana es una metáfora de destrucción natural, pensando que lo natural aqueja a lo real, a lo que no se puede nombrar, al órgano como aparato ficticio dentro de la ficción del cuerpo, y es una vuelta a la ficción del órgano porque no hay forma de apalabrarlo, es sólo la aproximación a lo más ajeno que la realidad psíquica posee, el cuerpo, el órgano, violentados desde la psicopatología de la vida cotidiana, desde su derecho a seguir un estatuto universal del bienestar, del goce más mundano.

Si la apuesta está del lado del cuerpo es justo porque el cuerpo, lejos de hacer metáfora, es producto de una suerte de desplazamiento del goce que le ordena desde su significación escindiéndolo hasta la muerte, es el fort da en medio de una agresividad que le viene del Otro y lo posibilita para agredir-se, y después, lejos de hacer el acto de la pregunta, espera que el Otro discurso capitalista le resuelva todo, le erradique el síntoma, sin saber que lo que está erradicando, a la vez, es su propia historia.

La violencia sobre eso natural22 tendría su lugar en lo real, y en tanto no hay palabra que se pueda nombrar para dar cuenta de ello, la ciencia hace una construcción simbólica sobre ello, le da un tratamiento, lo cura y lo devuelve al espacio que ella misma construyó.

La escritura que ordena los significantes proviene de un ejercicio de poder en el que el cuerpo habla desde su estado de lamentación, de putrefacción y de un orden violento que lo consume. La pulsión de muerte por tanto no sólo es la posibilidad en lo cotidiano, es lo cotidiano mismo. Es la posición del bienestar exacerbado hasta el grado del masoquismo primordial.

Referencias

Baudrillard, J. (1981). De la seducción. Madrid: Ediciones Cátedra, S.A.

De Certeau, M. (2000). La invención de lo cotidiano, 1: artes de hacer. México: Editorial de la Universidad Iberoamericana.

Debord, Guy (1967). La sociedad del espectáculo. Revista observaciones filosóficas. Recuperado el 2 de enero del 2012. http://www.observacionesfilosoficas.net/download/sociedadDebord.pdf

Foucault, M. (1980). Microfísica del poder. Edición y traducción de Julia Varela y Fernando Alvarez-Uria. Madrid.

Freud, S. (2006). Psicopatología de la vida cotidiana. Volumen VI. Argentina: Editorial Amorrortu.

 (1992). Obras completas, El fetichismo, Volumen XXI. Argentina: Ed. Amorrortu.

 (1992). Obras completas, Más allá del principio del placer, Volumen XVIII. Argentina: Ed. Amorrortu.

(1992). Obras completas, Tres ensayos de teoría sexual, Volumen VII. Argentina:Ed. Amorrortu.

Lacan, J. (2010).  El seminario 16, De un Otro al otro. México: Ed. Paidós.

 (2009). Escritos 2. México: Editorial Siglo XXI.

 (2010). Seminario 7, La ética en psicoanálisis. Argentina: Ed. Paidós.

Melenotte George-Henri, El sujeto moderno y su imagen. Revista Me cayó el veinte. Recuperado el 20 de mayo del 2011. http://www.mecayoelveinte.com/anteriores/pdf/si/el%20sujeto%20moderno.pdf

Notas

1. Nicolás Rivera, psicoanalista lacaniano. Correo electrónico: cempoallinome@hotmail.com

2. Freud, Sigmund, Lo inconsciente. Editorial Amorrortu, Argentina, 2006. P. 170.

3. Freud, Sigmund, The Unconscious. Editorial Amorrortu, Argentina, 2006. P. 170.

4. Lacan, Jacques, Seminario 7, La ética en psicoanálisis. Ed. Paidós, Argentina, 2010. P. 68.

5. Nachträglich freudiano.

6. De Certeau, Michel, La invención de lo cotidiano, 1: artes de hacer. Editorial de la Universidad Iberoamericana. México, 2000, P. 153.

7. Por otro lado, la religión también pone a Dios antes del amor y del deseo, al menos la judeo-cristiana.

8. De Certeau Michel, Op. Cit, P. 153.

9. De Certeau, Michel, Op. Cit, P. 154.

10. En ese sentido, la revolución apunta a la búsqueda de un nuevo amo.

11. De Certeau, Michel, Op. Cit, P. 157.

12. De Certeau, Michel, Op. Cit, p. 158.

13. Es la fuente, la procedencia; es la vieja pertenencia a un grupo —el de sangre, el de tradición, el que se establece entre aquellos de la misma altura o de la misma bajeza— (Foucault, Microfísica del poder, P. 12). 

14. Foucault, Nietzsche, la genealogía, la historia, 1971. p. 14.

15. Melenotte, El sujeto moderno y su imagen, p. 5.

16. Baudrillard, De la seducción, 1981, p. 41.

17. Modernidad como momento de pensamiento, como posición económico-política y como estatuto universal de la razón.

18. Debord, La sociedad del espectáculo, 1967, p. 54.

19. Freud, El fetichismo, 1927, p. 147.

20. Lacan, La ciencia y la verdad, P. 826.

21. Lacan, El seminario 16: De un Otro al otro, p. 219

22. Hay una imposibilidad de hablar de lo natural de inicio porque, al simbolizar lo natural, se vuelve parte de un estatuto simbólico, cultural, social. Pero hay algo del orden de lo real que vincula al sujeto social de lo que no puede dar cuenta pero le causa, le sostiene y le destruye.

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