La familia: un ambiente de conflicto y agresión Descargar este archivo (La familia - un ambiente de conflicto y agresión.pdf)

Nadia Navarro Ceja

Programa Institucional de Estudios de Género de la FES Iztacala

Resumen

La familia es el contexto de crianza y educación de hijos e hijas; dentro de ella se les enseña a manejar el conflicto y la agresividad, ya que es uno de los factores de la personalidad que auxilia o dificulta la socialización. Cuando se realiza de forma adecuada con el medio donde se desarrolla, fomenta la seguridad y un adecuado funcionamiento psicosocial. El objetivo de esta investigación fue describir la dinámica familiar de jóvenes considerando la categoría de manejo del conflicto y agresividad, cuando sus padres viven juntos (familias nucleares) o separados (familias monoparentales). Participaron 566 estudiantes universitarios, a quienes se les aplicó un cuestionario que mide la dinámica familiar. Entre los resultados encontramos que estadísticamente es significativa la diferencia con respecto al tipo de familia en la que viven los estudiantes, ya que cuando las familias son nucleares tanto la madre como el padre apoyan en el manejo de situaciones de conflicto y agresión dentro del hogar, mientras que cuando los padres viven separados las situaciones conflictivas se presentan con mayor frecuencia, reflejando menos habilidades en los padres ante el manejo de conflictos. Además, se percibe una mayor valoración a la figura materna, lo cual se puede analizar tomando en cuenta la categoría de género.

Palabras claves: dinámica familiar, estructura familiar, conflicto y agresión familiar, género.

 

Abstract

The family is the context of raising and educating children. Within it, they’re taught to manage conflict and aggression, as one of the factors of personality that helps or hinders socialization. When done appropriately with the environment where it develops, it promotes safety and adequate psychosocial functioning. The goal of this investigation was to describe the family dynamics of college students, taking into account conflict management and aggression. The study group was composed of 566 students who took a questionnaire that measures family dynamics. Among the results we find that the difference is statistically significant with respect to the type of family where students live, because when families are nuclear both mother and father support in handling conflict and aggression at home, whereas when the parents live separately conflict situations occur more frequently, reflecting fewer parental skills to manage conflict. Besides, a higher valuation to the mother figure is perceived, which can be analyzed taking into account the gender category.

Keywords: family dynamics, family structure, family conflict and aggression, gender

Introducción

La familia se considera hoy como la primera instancia de formación y desarrollo para los individuos. Para llegar a entender su papel en el desarrollo de los hijos e hijas es necesario identificar el contexto familiar que influye en este desarrollo. Muñoz (2005) menciona que la tarea de ser padre o madre conlleva la intervención educativa para modelar, desde edades muy tempranas, conductas y actitudes que se consideran adecuadas para que el desarrollo personal y social de los hijos e hijas se adapte mejor a las normas y valores del entorno social y cultural.

Dentro de la familia, las relaciones que mantienen los adultos tienen influencia y se reflejan en las actuaciones y la transmisión de valores a los hijos e hijas. Si la relación es de respeto, de aceptación del otro, de escucha y de ayuda, seguramente las dificultades se afrontarán y resolverán de manera adecuada. En cambio, si en las relaciones familiares alguno de los miembros ha ejercido algún tipo de violencia hacia el otro, se puede volver un espacio de sufrimiento y de transmisión de esta forma de interrelación (Romero, Melero, Cánovas y Martínez, 2007).

Para Moreno y Cubero (citados en Menéndez, s/f), el papel de la familia en el desarrollo humano es especialmente importante y mencionan que la trascendencia se debe básicamente a tres razones:

  • La familia asegura la supervivencia de los hijos y las hijas al encargarse de su alimentación, protección y cuidado.
  • Durante muchos años es el único contexto de aprendizaje y desarrollo, e incluso cuando los niños y niñas entran en contacto con otros contextos (por ejemplo el escolar), la familia continúa funcionando como uno de los entornos más importantes.
  • Determina o bien condiciona, la influencia de otros contextos en el desarrollo infantil: los padres deciden si un niño asiste o no a la escuela, eligen un determinado colegio, y fomentan o no las relaciones con los iguales.

Asimismo, Viveros y Arias (2006) consideran que algunos de los componentes que forman parte de la dinámica familiar son los siguientes:

  • La comunicación, definida como la capacidad que tiene un integrante de la familia para influir en los demás, ya sea de manera positiva o negativa.
  • La autoridad se concreta en la familia como lo que está permitido y lo que está prohibido; generalmente es definida por los padres con el fin de promover la cohesión grupal por medio de la reflexión y el establecimiento de las reglas.
  • El rol se refiere al comportamiento que se espera de una persona que adquiere un estatus particular; asimismo, una persona puede ocupar varios estatus y por lo tanto varios roles.
  • Los límites sirven de barrera de diferenciación entre los miembros de una familia. Son el espacio en el que se permite la protección sin perder la individuación y diferenciación de quienes conforman el grupo familiar.
  • Las relaciones afectivas son características de todos los seres humanos que buscan satisfacer adecuadamente las necesidades de ser querido, apoyado, escuchado, y valorado por otros seres humanos con los cuales pueda generar una relación centrada en el reconocimiento.
  • El tiempo libre, que es una de las actividades que fomenta la creatividad del grupo familiar en espacios diferentes al laboral, escolar, y al de las tareas domésticas. Estos momentos son usados por la familia para generar cohesión, apoyo e integridad.

En cada cultura existe una idea implícita acerca de qué es una familia; por ejemplo en nuestra sociedad cuando pensamos en una familia, inmediatamente la imagen que nos llega a la mente es la de un grupo de personas que tienen entre ellas lazos de parentesco y que viven juntas; además, dicho grupo está encabezado por dos progenitores de diferente sexo que tienen uno o más hijos o hijas. Este perfil corresponde a la estructura de la mayoría de las familias que existen en nuestro entorno cultural, y es lo que llamamos familia tradicional o convencional.

Sin embargo, actualmente podemos encontrar familias que no cumplen con el perfil anterior, como las parejas que optan por no tener hijos, progenitores viudos, madres solteras, padres solteros, padres divorciados, parejas del mismo sexo, familias que provienen de dos matrimonios separados o divorciados, todas las cuales son llamadas familias no convencionales. Su nombre se debe al hecho de que sus estructuras difieren más o menos de la familia nuclear común (padre, madre y uno o varios hijos) y a que son menos frecuentes (Menéndez, s/f).

Con respecto a lo anterior, Blanco y Umayahara (2004) consideran que el trabajo de ambos padres, la existencia mayoritaria de familias monoparentales, la incorporación de la mujer al trabajo, con el consecuente cambio de roles generado al interior del hogar, la mayor escolarización de la población, y el acceso a información a través de los medios de comunicación masivos, han generado profundos cambios respecto a las formas de criar a los niños y niñas, a quiénes los crían y en qué consiste dicha crianza.

Hasta hace pocas décadas la relación madre-hijo era concebida como primaria, esencial y exclusiva, de forma que las investigaciones únicamente tomaban en consideración la figura de la madre y su influencia en el desarrollo de los hijos e hijas; pero hoy en día podemos afirmar que la relación madre-hijo es muy importante para la vida de un niño o una niña pero no puede ser considerada como agente exclusivo del desarrollo infantil dentro de la familia, ya que las investigaciones también han arrojado bastante información del importante papel que el padre puede desempeñar en el desarrollo de sus hijos e hijas (Menéndez, s/f).

Siguiendo esta línea, cuando las familias nucleares se convierten en familias monoparentales por diversas situaciones, la separación implica un reajuste al interior de las familias. De la Torre (2005) expresa que una separación va a suponer en la mayor parte de las ocasiones una crisis en el desarrollo familiar, generando un proceso de cambios y alteraciones, e implicará, inevitablemente, una reestructuración familiar en el núcleo conyugal esposo-esposa, en las relaciones entre padre, madre e hijos, así como con las familias extensas.

Esa ruptura conllevará, necesariamente, una nueva definición de los roles familiares, sobre todo de las relaciones paterno-materno-filiales, y la forma en la que se produzca esa reestructuración será el predictor fundamental del equilibrio de las nuevas relaciones intrafamiliares.

Para (Menéndez, s/f), lo que realmente tiene peso sobre el desarrollo infantil son las relaciones que se establecen dentro de la familia, las funciones que esta desempeña y cómo lo hace, no su estructura; también es necesario considerar que el desarrollo psicológico se ve comprometido, entre otras cosas, cuando las condiciones que rodean al núcleo familiar incluyen aspectos como una situación económica desfavorable, relaciones emocionales y afectivas alteradas, escasez o ausencia de apoyo extrafamiliar, etc. Estos factores de riesgo aparecen en distintas familias independientemente de su composición o estructura. La investigación muestra que si la dinámica de la familia incluye relaciones estables, ambiente variado pero regular y predecible, interacciones estimulantes, etc., las medidas de desarrollo de los hijos e hijas que en ellas crecen son similares, independientemente de que la estructura de dicha familia sea tradicional o no.

Cabe mencionar que el estudio de la dinámica familiar, independientemente de la estructura que esta tenga, surge como una crítica a los supuestos de unidad, interés común y armonía que tradicionalmente se ha dicho acerca de las familias, ya que al asomarnos a cada familia encontramos diferencias, desigualdades y conflictos; por lo cual es necesario evidenciar qué pasa realmente al interior de las familias y postular una representación que se asemeja a la realidad (Torres, Ortega, Garrido y Reyes, 2008).

En este sentido, nos daremos cuenta que las situaciones de conflicto y agresión que rodean a las familias se presentan en condiciones e intensidades diferentes, y para ello resulta importante precisar un poco más estos términos.

Vásquez, Sánchez, Navarro, Romero, Pérez y Kumazawa (2003) consideran que dentro de la familia, el manejo de conflicto y la agresividad también es algo que se enseña a los integrantes de la misma, ya que es uno de los factores de la personalidad que auxilia, o en su defecto, dificulta la socialización. Cuando se realiza de forma adecuada con el medio donde se desarrolla, permite el ajuste social fomentando la seguridad del individuo y un adecuado funcionamiento psicosocial.

Al respecto, Pino (2012) expresa que los conflictos son situaciones que persisten en las familias y que motivan formas de relación en ella. En consecuencia, la dinámica interna de la familia surge a partir de diferentes situaciones, comportamientos y estados emotivos, que tiene como resultado una serie de tensiones, fracasos, miedos y resentimientos que pueden terminar en la disolución del sistema familiar.

Jiménez (2003), con relación al conflicto, plantea lo siguiente:

  • El conflicto hace notoria la diferencia entre las partes y es constitutivo de las relaciones que se establecen tanto en el mundo público como en el privado.
  • El conflicto plantea la confrontación a partir de la diferencia y la oposición entre los actores respecto a metas, objetivos, valores, y a partir de la defensa que se hace de ellos.
  • El conflicto transforma la idea de armonía, pero no necesariamente significa destrucción o violencia: puede ser una de las formas de enfrentar las diferencias.

El significado funcional de los conflictos depende, en parte, de la calidad de las relaciones entre padres e hijos/as; es decir, las acciones de los padres tienen consecuencias sobre sus hijos/as, pero estos también influyen de modo decisivo sobre sus padres, ya que los conflictos dentro del marco de las relaciones familiares son dinámicas y bidireccionales. La forma en que los hijos e hijas eligen manejar el conflicto interpersonal es influenciado con la observación del manejo de conflicto de los padres. Cuando los padres demuestran control de la ira, especialmente en circunstancias complicadas, trasmiten un mensaje importante a los hijos e hijas sobre la habilidad de los adultos responsables de estar a cargo de sus propios sentimientos y comportamientos (Motrico, Fuentes y Bersabé, 2001 y Larson, s/f).

En nuestra sociedad cuando los conflictos y las agresiones se hacen presentes dentro de la familia, se tiene la idea que la figura materna es quien debe hacerse cargo del manejo de estas situaciones, porque la sociedad ha establecido un rol para cada sexo, donde la mujer se ocupa de las labores domésticas, cuidado y educación de los hijos e hijas, y el hombre de ser el proveedor.

Esta construcción ha generado una inequidad en los derechos y obligaciones de hombres y mujeres dentro de la sociedad, y ha privilegiado en el ámbito público al hombre, exponiéndolo como una figura fuerte, de autoridad y respeto, pero repercutiendo en su expresión de emociones y sentimientos.

La perspectiva de género permite analizar a las mujeres y a los hombres no como seres dados, eternos e inmutables, sino como sujetos históricos, construidos socialmente, productos del tipo de organización social de género prevaleciente en su sociedad. Así, la división del mundo en privado y público corresponde con esa organización: la división del trabajo y las diferencias en la participación de las mujeres y de los hombres en los espacios y en las actividades sociales, la segregación sexual de mujeres y hombres, tanto como los deberes de intercambio y convivencia entre ambos. Las relaciones íntimas, las relaciones de contrato y de alianza corresponden con la marca de género de la sociedad

La categoría de género es adecuada para analizar y comprender la condición femenina y la situación de las mujeres, y lo es también para analizar la condición masculina y la situación vital de los hombres. Es decir, el género permite comprender a cualquier sujeto social cuya construcción se apoye en la significación social de su cuerpo sexuado con la carga de deberes y prohibiciones asignadas para vivir, y en la especialización vital a través de la sexualidad. Las mujeres y los hombres no conforman clases sociales o castas; por sus características pertenecen a la categoría social de género, son sujetos de género (Lagarde, 1996).

Por lo tanto, el objetivo de la presente investigación fue describir la dinámica familiar de jóvenes universitarios considerando la categoría de manejo del conflicto y agresividad, cuando sus padres viven juntos (familias nucleares) o separados (familias monoparentales).

Método

Participantes

Se utilizó un muestreo no probabilístico de tipo cuotas, obteniendo una muestra de 566 alumnos universitarios de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, 345 mujeres y 221 hombres, con una edad promedio de 20 años, estudiantes de todos los semestres de la carrera de Psicología. Es importante señalar que, de los 566 participantes, 382 estudiantes viven con ambos padres, y de 165 sus padres están separados. Su participación fue voluntaria, previa firma de su consentimiento informado.

Instrumento

Se utilizó el instrumento de “Medición de la dinámica de la familia Nuclear Mexicana” elaborado por Vásquez, Sánchez, Navarro, Romero, Pérez y Kumazawa (2003), modificado por las autoras, ya que se agregaron 21 preguntas relacionadas al tema de salud.

Este instrumento está dividido en ocho ejes que evalúan la dinámica familiar; sin embargo, para esta investigación se retomó sólo el eje de manejo del conflicto y agresividad que consta de 16 preguntas con respuestas dicotómicas.

Procedimiento

Se invitó a estudiantes universitarios de la carrera de Psicología a contestar el instrumento de medición. Si aceptaban se les informaba sobre la investigación y sus propósitos, firmando un consentimiento informado y aplicando dicho instrumento de forma individual. La duración aproximada para contestar el instrumento fue de 30 minutos.

Resultados

El análisis de resultados se realizó a través del paquete estadístico SPSS. Para analizar la percepción que tienen los estudiantes sobre el manejo de conflicto y agresividad que se vive en sus familias cuando sus padres viven juntos o separados, se utilizó la prueba T de Student, encontrando con esta que sí existen diferencias estadísticamente significativas a un nivel de significancia de p ≤ 0.05, reflejando que para los y las jóvenes, el manejo del conflicto y agresividad es significativo cuando sus padres viven juntos o separados.

Con respecto a los indicadores que forman parte de nuestro eje de análisis (manejo del conflicto y agresividad), los resultados son los siguientes:

En cuanto al primer indicador (integración familiar), la Figura 1 muestra que cuando los padres viven juntos el 86% de los y las jóvenes perciben a su familia integrada, y cuando los padres viven separados el 79% de los estudiantes también considera que su familia se encuentra integrada, ya sea que viva con su mamá o su padre, y puede ponerse de acuerdo en momentos de crisis.

Figura 1. Muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre la integración familiar cuando sus padres viven juntos o separados.

En la Figura 2 se puede observar que el 15% de los y las jóvenes que viven con ambos padres perciben la evasión de conflictos en su familia, mientras que cuando los padres están separados el 34% de los jóvenes consideran que su familia sí evade los conflictos, al responder afirmativamente a preguntas como “¿Tu papá o tu mamá ha abandonado por más de 24 horas la casa a consecuencia de un disgusto?”, “¿Algún hijo de tus padres se ha marchado de la casa a consecuencia de un problema?” y “¿En tu familia cada quien hace su vida sin importarle a los demás?”, evidenciando con estas preguntas que las familias con padres separados tienden a una relación de mayor desapego entre los miembros de la familia.

Figura 2. Muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre la evasión de conflictos cuando sus padres viven juntos o separados.

Con respecto al indicador de agresión, los y las  jóvenes que viven con ambos padres consideran que su familia es agresiva en un 12%, mientras que en los estudiantes con padres separados la agresión se refleja en un 18%, respondiendo afirmativamente a preguntas como “¿Frecuentemente haces algo para molestar a tu mamá o papá?”, “¿Cuándo discuten frecuentemente alguno pierde por completo el control?”, “¿Tu mamá o papá te pega con frecuencia?”, “¿En tu familia pelean mucho?” y “¿En tu familia siempre se tratan con groserías?”, por lo que nuevamente queda de manifiesto que cuando los y las jóvenes provienen de familias con padres separados las situaciones de agresión son más recurrentes, siendo esto una forma de solucionar los conflictos.

Figura 3. Muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre la agresión cuando sus padres viven juntos o separados.

En el indicador de indiferencia afectiva, la Figura 4 muestra que cuando los y las  jóvenes viven con ambos padres esta indiferencia se manifiesta en un 14%, mientras que cuando sus padres están separados el porcentaje es de 33%, contestando afirmativamente a preguntas como “¿Tu mamá o papá te rechaza?” y “¿Tú mamá o papá se siente sentimentalmente separado de su pareja aunque viven juntos?”, ante lo que podemos dar cuenta de que la indiferencia afectiva es mayormente percibida por los y las jóvenes con familias de padres separados, reflejando que la separación de los padres repercute en la manifestación de sentimientos en los integrantes de la familia.

Figura 4. Muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre la indiferencia afectiva cuando sus padres viven juntos o separados.

Con respecto a la perspectiva que tienen los y las jóvenes sobre el manejo de conflictos y agresividad en su familia —y considerando de forma independiente madre y padre, cuando estos se encuentran viviendo juntos o separados—, la Figura 5 muestra que ante la pregunta (que pertenece al indicador de evasión de conflictos) “¿Tu papá o tu mamá ha abandonado por más de 24 horas la casa a consecuencia de un disgusto?”, los jóvenes consideran que es la figura paterna (con un 17% cuando los padres viven juntos y un 63% cuando los padres están separados) quien tiende a evadir más los conflictos familiares, en este caso abandonando la casa.

Esto evidencia que el padre, independientemente si vive o no con la pareja e hijos, es quien mayormente puede evadir los conflictos en la familia, posiblemente por la construcción de género en la que los hombres, al “pertenecer” al espacio público, no tiene que atender problemas familiares, y más bien dejan que sea la madre —a quien socialmente se le ha impuesto la tarea del cuidado familiar— la que tenga que resolver dichos conflictos.

Figura 5. Muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre evasión de conflictos de madre y padre cuando viven juntos o separados.

Ante la pregunta “¿Tú mamá o papá te pega con frecuencia?”, que pertenece al indicador de agresión, en la Figura 6 se refleja cómo los estudiantes que viven con ambos padres consideran que tanto su papá como su mamá con un 2% los han golpeado, mientras que cuando los estudiantes tienen padres separados, es el padre quien más los ha golpeado, con un 10%.

Un motivo de separación de las parejas dentro de la familia son las situaciones de violencia y agresión, y en este caso los y las jóvenes de familias con padres separados consideran que es el padre quien ejerce mayor agresión, lo cual hace suponer nuevamente que la educación en los hombres —donde ellos tienen que ejercer el poder y comportarse agresivamente— sigue presente en nuestros días.

Figura 6. Muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre agresión física que madre y padre ejercen sobre ellos cuando viven juntos o separados.

Con respecto al indicador de indiferencia afectiva, la pregunta más representativa es “¿Tu papá o mamá te rechazan?”. En la Figura 7 se puede observar que cuando los padres viven juntos los y las jóvenes perciben con un 6% más rechazo del padre que de la madre, mientras que cuando los padres están separados, los y las jóvenes se sienten más rechazados por su padre, con un 27%. Nuevamente los resultados reflejan que el padre sigue siendo visto por los y las hijas como el que tiene que mostrar mayor dureza sin manifestar sus emociones o sentimientos, lo cual está relacionado con la construcción de género donde la sociedad reprime o castiga a los hombres si ellos muestran algún indicio de debilidad y los evidencia al ya no ser considerados como verdaderos hombres.

La figura 7 muestra el porcentaje de percepción que tienen los y las jóvenes sobre indiferencia afectiva que madre y padre tienen sobre ellos cuando viven juntos o separados.

Discusión y conclusión

La familia, como Esquivel y Flores (2004) lo mencionan, ha sido estudiada desde diversas perspectivas, las cuales han enriquecido su análisis y revelado la complejidad de relaciones que suceden en su interior, además de la vinculación que esta instancia tiene con la sociedad y el papel que juega en la identidad del individuo, así como sus transformaciones en el tiempo. También se ha reconocido a la familia como ese espacio privilegiado de reproducción biológica y material de los individuos y como institución transmisora de los valores de la sociedad; que a partir de ella se reproduce la cultura, se adquiere la lengua materna, se organizan los sentimientos y se conforma la identidad del individuo.

Arriagada (2002), expresa que la familia es muy vulnerable a las crisis, aunque a la vez constituye la institución más socorrida de protección frente a ellas, ya que al ser vista como una institución compleja y dinámica, se convierte en refugio y apoyo frente a diversas condiciones cambiantes que generan inseguridad en los diferentes ambientes sociales, educativos, laborales y de salud. Sin embargo, la familia puede atravesar por modificaciones que no sólo provoquen tensiones externas sino que afecten la estabilidad interna de la misma, generando cambios como separaciones o divorcios, migraciones y violencia.

Con base en nuestro objetivo —que fue describir la dinámica familiar de jóvenes universitarios con familias donde sus padres viven juntos o separados—, y considerando la categoría de manejo del conflicto y agresividad, los datos muestran que cuando hablamos de manejo de conflicto y agresividad para los hijos e hijas resulta significativa la estructura de familia, ya que en las familias donde los padres están separados hay un mayor incremento en conductas que se relacionan con la evasión de conflictos, agresión e indiferencia afectiva, además de que los y las jóvenes consideran que la integración familiar es menor en comparación con las familias donde ambos padres viven juntos.

Considerando lo anterior, podemos pensar que cuando los y las jóvenes provienen de familias nucleares tanto el padre como la madre pueden apoyar en el manejo de los conflictos que se puedan presentar dentro de la familia, y además ambos son capaces de educar de forma asertiva a sus hijos e hijas para enfrentar diferentes situaciones de conflicto fuera del hogar, pues como lo expresan Vásquez, et al. (2003), cuando la agresividad encuentra ciertas formas de expresión adecuadas al medio, fomenta la seguridad y un adecuado funcionamiento psicosocial.

En cambio, cuando los padres viven separados, al parecer las situaciones conflictivas se presentan con mayor frecuencia, ya que la separación misma implica con seguridad una falta de acuerdos y dificultades en la pareja que los obliga a terminar con esa relación, lo cual coincide con Pino (2012) cuando refiere que los conflictos son situaciones que forman parte de la dinámica familiar y tienen como resultado diferentes comportamientos que los integrantes de la familia (o en este caso la pareja) no siempre son capaces de afrontar o manejar adecuadamente, generando así una separación en la pareja. Es entonces cuando los y las jóvenes perciben en sus padres menos habilidades ante el manejo de conflicto y agresividad.

Lo anterior resulta preocupante ya que como lo mencionó Motrico, Fuentes y Bersabé (2001) y Larson (s/f), los conflictos como parte de la dinámica familiar son relaciones bidireccionales que afectan a padres e hijos, y viceversa, y por lo tanto, la forma en que los hijos e hijas deciden manejar las situaciones conflictivas es el resultado de un aprendizaje influenciado mayormente dentro de la familia.

Por otro lado, en las familias de los y las jóvenes, es la figura materna la más valorada por ellos y ellas, ya que cuando se les pregunta sobre sentirse rechazados por alguno de sus padres, el que ejerce mayor violencia física o el que ha abandonado la casa por algún disgusto en la familia, es el padre quien ha tenido en mayor porcentaje estas actitudes con sus hijos e hijas.

Algo importante a destacar es que cuando los y las jóvenes provienen de padres separados, el porcentaje para el padre incrementa de manera considerable, mostrando ser la figura con menos capacidad de manejar los conflictos con sus hijos e hijas, teniendo una actitud agresiva, indiferente y evasiva ante las situaciones conflictivas y agresivas. En cambio cuando los y las jóvenes viven con ambos padres, aunque la madre sea percibida como menos agresiva, indiferente y evasora de conflictos, aunque la figura paterna tuvo un mayor porcentaje, este fue mínimo, y sólo en cuestiones de violencia física ejercida por sus padres tanto la madre como el padre obtuvieron el mismo porcentaje.

Ante ello, algunos autores como Yanes y González (2001), Sternberg, Lamb, Guterman, Abbott y Dawud-Noursi (2007) y Tan y Quinlivan (2007) coinciden al expresar que las relaciones al interior de la familia se conciben como relaciones de poder asimétricas, en las que las esposas, los hijos y las hijas son los más propensos a ocupar posiciones de subordinación, y es usual que los jefes de familia impongan su autoridad a las mujeres, o que tanto el padre como la madre se impongan con sus hijos e hijas, y como en toda interacción de imposición, frecuentemente se presenta violencia, ya sea física o psicológica.

Lo anterior nos permite concluir en primer lugar que al considerar la perspectiva de género podemos dar cuenta de muchas de las relaciones de poder que se presentan dentro de la familia, con la pareja e hijos e hijas, así como relaciones de inequidad que no sólo se reflejan en el hogar sino en la sociedad en general,  donde la mujer sigue siendo considerada la responsable cuando se trata del cuidado de la casa y de los hijos e hijas, ya que la construcción social que se ha hecho de la mujer es que ella pertenece al espacio privado, y por lo tanto debe desarrollar la capacidad para saber acercarse a los hijos e hijas, educarlos, estar al pendiente de su desarrollo y saber resolver o manejar adecuadamente los conflictos o situaciones agresivas que puedan surgir dentro de la familia. Además, a la mujer se le ha educado para tomar actitudes de sumisión, debilidad, obediencia y expresividad de emociones en comparación con el varón, o en este sentido, con el padre.

Con respecto al hombre, la sociedad lo ha educado para pertenecer al ámbito público, alejándolo del ambiente familiar en el aspecto afectivo y participativo cuando se trata de la educación de los hijos e hijas, recreación del tiempo libre, y apoyo en las labores domésticas, mostrando una actitud fuerte y agresiva en la educación de los hijos e hijas, para darle la tarea de ser el proveedor económico y excluyéndolo de muchas actividades que involucran el acercamiento afectivo con los miembros de la familia.

Por lo anterior, no resulta extraño cuando los y las jóvenes perciben la participación del padre dentro de la dinámica familiar como la figura mayormente agresiva, con menos habilidades para manejar los conflictos y las agresiones en la familia, reflejando una realidad actual donde a los hombres aún no se les considera “aptos” para ejercer esa responsabilidad de cuidado y educación de los hijos e hijas, limitándolos a ser considerados “buenos padres” por ser los que llevan el sustento económico a casa y por ser los jefes de la familia, los que tienen el poder de alzar la voz y ser respetados por todos los integrantes de la familia. 

Lo anterior resulta preocupante, ya que no todos los hombres están de acuerdo en ejercer su paternidad de esta forma, y aunque las personas (hombres o mujeres) sean las únicas responsables de decidir cómo vivir, las construcciones sociales tradicionalistas que se han hecho de la mujer y del hombre aún siguen vigentes y resulta complicado dejar de lado ideas, actitudes y comportamientos tan arraigados que nos limitan a hacer muchas otras cosas, e incluso resulta difícil cuestionarnos acerca de nuestro comportamiento.

Buscando la equidad entre hombres y mujeres en cualquier ámbito, Elósegui (2009) propone un modelo de corresponsabilidad en donde tanto el hombre como la mujer deben estar simultáneamente presentes en el mundo de lo privado y de lo público, donde haya una mayor presencia de la mujer en la vida pública, y una necesaria e importante presencia del hombre en los asuntos domésticos, y en el mundo de la educación de los hijos e hijas. Este autor sugiere que exista una interrelación de tareas en los dos ámbitos; paternidad-maternidad de la mano en el ámbito privado, y cooperación creativa hombre-mujer en el mercado laboral.

Por otro lado, en esta investigación pudimos dar cuenta sobre la importancia que tiene la estructura familiar cuando hablamos del manejo de conflicto y agresividad, ya que una familia nuclear donde los padres viven juntos, al parecer sigue teniendo una mayor ventaja en la educación de los hijos e hijas, específicamente en el manejo de situaciones conflictivas, en comparación con una familia donde los padres están separados; sin embargo, con ello no podemos generalizar y decir que la falta de habilidades para manejar los conflictos sólo se presenta en las familias con padres separados o familias monoparentales, ni que pertenecer a una familia nuclear o con padres que vivan juntos, sea condición suficiente para contar con dichas habilidades que garanticen un buen manejo del conflicto y agresión.

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