Lo que el habla quiere decir

What Speech Wants to Say

Abraham Pliego Aceves[1]

Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México

El vacío es el úni­co modo de atra­par algo con el len­gua­je.
Lacan Semi­na­rio … O peor (1971/2012b, p.11)

Lo real, diré, es el mis­te­rio del cuer­po que habla,
es el mis­te­rio del incons­cien­te. Lacan (1981, p.158)

De hecho el suje­to del incons­cien­te sólo toca el alma por el cuer­po,
por intro­du­cir en él el pen­sa­mien­to … El hom­bre no pien­sa
con su alma… por­que una estruc­tu­ra, la del len­gua­je,
—la pala­bra lo com­por­ta— … recor­ta su cuer­po.
Lacan, Tele­vi­sión (1970/2012c, p. 538)

Resumen

El pre­sen­te tra­ba­jo tra­za el giro radi­cal de la ela­bo­ra­ción con­cep­tual del suje­to al par­lê­tre en Lacan. Par­te de su con­cep­ción ini­cial del “suje­to del incons­cien­te” cons­ti­tui­do y deter­mi­na­do por el len­gua­je, que con­di­cio­na su acce­so a lo sim­bó­li­co y lo “mor­ti­fi­ca” (silen­cio de los órga­nos), sin situar allí al cuer­po como núcleo de esa ela­bo­ra­ción. Si bien Lacan ya con­ce­bía al incons­cien­te como la suma de los efec­tos de la pala­bra sobre el suje­to, había una reti­cen­cia al plan­tear que no se desig­na­ba al sus­tra­to vivien­te nece­sa­rio ni nin­gu­na espe­cie de sus­tan­cia. Se tra­ta enton­ces aho­ra de: un ser de goce como un cuer­po afec­ta­do de goce, el ser es un cuer­po. Esa nue­va con­cep­tua­li­za­ción tie­ne con­se­cuen­cias colo­sa­les res­pec­to de una clí­ni­ca del par­lê­tre.

Pala­bras cla­ve: suje­to del incons­cien­te, decir; par­lê­tre; la len­gua; sus­tan­cia gozan­te; incons­cien­te-real.

Abstract

This work roughly tra­ces the radi­cal shift in Laca­n’s con­cep­tual ela­bo­ra­tion from the sub­ject to the par­lê­tre. It starts from his initial con­cep­tion of the “sub­ject of the uncons­cious” cons­ti­tu­ted and deter­mi­ned by the lan­gua­ge that con­di­tions its access to the sym­bo­lic and mor­ti­fies it (silen­ce of the organs), without pla­cing the body as the core of that ela­bo­ra­tion. Although Lacan already con­cei­ved the uncons­cious as the sum of the effects of the word on the sub­ject, the­re was some reluc­tan­ce when sta­ting that it did not desig­na­te the neces­sary living subs­tra­te, nor any kind of subs­tan­ce. So now it is about: a “being of jouis­san­ce” as a body affec­ted by jouis­san­ce, the being is a body. This new con­cep­tua­li­za­tion has colos­sal con­se­quen­ces regar­ding a “par­lê­tre” cli­nic.

Key­words: sub­ject of the uncons­cious; to say; par­lê­tre; lan­gua­ge; enjo­ying subs­tan­ce; uncons­cious-real.

La Pregunta Sobre el Decir

¿Qué quie­re el habla decir? ¿Qué quie­re decir el suje­to al hablar? ¿Qué quie­re decir el decir? Esta inte­rro­gan­te atra­vie­sa las refle­xio­nes que hace­mos en el tex­to con­vo­ca­das, sobre todo, por el habla y el decir en el dis­cur­so y en la expe­rien­cia psi­co­ana­lí­ti­ca del par­lê­tre y su fal­ta-en-ser, dado que siem­pre se dice menos de lo que se quie­re decir y más de lo que se expre­sa. Aun­que tam­bién en el hablar ordi­na­rio, e inclu­si­ve en el dis­cur­so cien­tí­fi­co y en el filo­só­fi­co, siem­pre que­da un res­to inatra­pa­ble de lo real, pues el decir es no-todo en las vuel­tas de lo dicho, por­que:

… lo sim­bó­li­co es un fac­tor de con­fu­sión, [hay] una inade­cua­ción de lo sim­bó­li­co … el sig­ni­fi­can­te nos pier­de … la ade­cua­ción de lo sim­bó­li­co a lo real solo hace las cosas fan­tas­má­ti­ca­men­te. Es un fan­tas­ma creer que la pala­bra hace a la cosa, es un fan­tas­ma creer que lo sim­bó­li­co sea ade­cua­do a lo real (Miller, 2013, pp.192–193).

Al hacer­nos esas pre­gun­tas no pre­ten­de­mos defi­nir lo que sig­ni­fi­ca el hecho de hablar tal cual en tér­mi­nos lin­güís­ti­cos o filo­só­fi­cos. Ni pro­po­ner dar con la sig­ni­fi­ca­ción correc­ta en lo que se dice, como si la hubie­se, pues­to que no hay “el” sig­ni­fi­ca­do. Mucho menos pre­ten­der que se reduz­ca el hablar a su ver­tien­te ope­ra­cio­nal como a la que qui­so lle­var­nos en su momen­to el posi­ti­vis­mo lógi­co, y lue­go el cien­ti­fi­cis­mo psi­co­lo­gis­ta. Por­que el sig­ni­fi­can­te remi­te siem­pre a otro sig­ni­fi­can­te, dice más de lo que se quie­re decir y menos de lo que pue­de ser dicho, ya que, en últi­ma ins­tan­cia, se tra­ta de las vuel­tas del “psar­lê­tre”, del “psa­bla­ser” [2], que nos per­mi­ti­mos inter­pre­tar como “psi-habla­ser”, y tra­du­ci­do como psa­bla­ser por Alber­to­ni (2008), ya que con esos neo­lo­gis­mos Lacan remi­te de modo iró­ni­co al uso de la dimen­sión sub­je­ti­va, psi, del pen­sa­mien­to, por par­te de múl­ti­ples dis­cur­sos res­pec­to del par­lê­tre. En los tér­mi­nos de Lacan en el semi­na­rio El fra­ca­so de un des­liz, en la ver­sión de Alber­to­ni (2008):

El con­jun­to de esos apa­ra­tos es lo que se lla­ma Psi, dicho de otro modo, lo que Freud no pudo evi­tar mar­car como la ini­cial de la psi­que “ … eso nos tuer­ce la mano a, a pen­sar que no sola­men­te está el par­lê­tre sino que está el … tam­bién el psa­bla­ser, en otros tér­mi­nos, que todo no exis­ti­ría si no fue­ra por el, el fun­cio­na­mien­to de esa cosa no obs­tan­te gro­tes­ca que se lla­ma el pen­sa­mien­to” (p.142).

1. Habla, Lenguaje y Sujeto del Lenguaje

El len­gua­je sue­le ser pen­sa­do como una capa­ci­dad pro­pia de la espe­cie huma­na, sea como facul­tad, medio de comu­ni­ca­ción, fun­ción social, etcé­te­ra, lo cual deter­mi­na un modo par­ti­cu­lar de abor­da­je. Grei­mas y Cour­tes (1976) des­ta­can:

… el len­gua­je es el obje­to de saber … que no es defi­ni­ble en sí, sino sola­men­te en fun­ción de los méto­dos y de los pro­ce­di­mien­tos que per­mi­tan su aná­li­sis y/o su cons­truc­ción; de ahí que toda ten­ta­ti­va de defi­nir el len­gua­je (como facul­tad huma­na, como fun­ción social, como medio de comu­ni­ca­ción, etc.) refle­ja una acti­tud teó­ri­ca que con­di­cio­na a su mane­ra el con­jun­to de los «hechos semióti­cos» (p. 238).

De entra­da, pode­mos obser­var que común­men­te se enfa­ti­za la ver­tien­te comu­ni­ca­ti­va del len­gua­je o su modo de abor­da­je. Inclu­so a ese nivel pode­mos des­ta­car el pro­ble­ma cen­tral que aque­ja al len­gua­je en cuan­to que no es sino repre­sen­ta­ti­vo del obje­to, de lo real. No es el obje­to en sí, tan solo repre­sen­ta.

Esta impo­si­bi­li­dad de aprehen­der­lo es lo que da cuen­ta de su natu­ra­le­za sui gene­ris, incor­po­ral, a medio camino entre lo sen­si­ble y lo no sen­si­ble. Dado que el len­gua­je no pue­de dar cuen­ta de lo real feha­cien­te­men­te ni de lo que le corres­pon­de pun­tual­men­te, ya que, como plan­tea Lacan, el sig­ni­fi­can­te remi­te a otro sig­ni­fi­can­te, pues sólo lo re-pre­sen­ta sin ago­tar­se en lo dicho, al ubi­car­se en los inters­ti­cios de lo ima­gi­na­rio-sim­bó­li­co-real que Lacan repre­sen­ta en los agu­je­ros del nudo borromeo.

En De un Diá­lo­go Acer­ca de la Habla, Hei­deg­ger (1959) plan­tea esa cua­li­dad del len­gua­je en la que refie­re a la natu­ra­le­za mate­rial del len­gua­je y a su cua­li­dad sig­ni­fi­can­te:

Por­que el habla mis­ma des­can­sa sobre la dife­ren­cia meta­fí­si­ca de lo sen­si­ble y lo no-sen­si­ble, en la medi­da en que los ele­men­tos de base, soni­do y escri­tu­ra, por un lado, la sig­ni­fi­ca­ción y el sen­ti­do por otro, sos­tie­nen la estruc­tu­ra del habla (p. 94).

Como ire­mos mos­tran­do a lo lar­go de nues­tro tex­to, Lacan ubi­ca esta cua­li­dad cen­tral del len­gua­je en la enun­cia­ción, el goce, el sen­ti­do, la letra, entre otros. Su con­cep­ción del len­gua­je y del sig­ni­fi­can­te difie­re radi­cal­men­te de cual­quier otra, en tan­to que no lo abor­da median­te un estu­dio for­ma­lis­ta en sí, sino para deter­mi­nar su inci­den­cia sobre el suje­to, en tan­to que lo sepa­ra res­pec­to de su deseo y pro­du­ce efec­tos sin­to­má­ti­cos de goce fren­te a ese agu­je­ro en lo sim­bó­li­co, ineli­mi­na­ble e incol­ma­ble.

Para Hei­deg­ger, la tras­cen­den­cia del len­gua­je es tal que no lo con­si­de­ra como un medio, facul­tad o fun­ción del suje­to, ni se res­trin­ge a pen­sar­lo des­de las posi­bi­li­da­des de un méto­do espe­cí­fi­co de abor­da­je, pues, como sabe­mos, más bien cues­tio­na dichas con­cep­cio­nes en tan­to que pien­sa al len­gua­je como la dimen­sión esen­cial de la exis­ten­cia de lo humano, al pun­to de con­si­de­rar­lo la “casa del ser”. El len­gua­je no pue­de ser res­trin­gi­do a una mera con­si­de­ra­ción lin­güís­ti­ca, filo­só­fi­ca, psi­co­ló­gi­ca, entre otras, sino que debe ser pen­sa­do onto­ló­gi­ca­men­te, “como una refle­xión onto­ló­gi­ca de la rela­ción del hom­bre, a tra­vés del len­gua­je, con el Ser” (Beu­chot, 2005, pp. 293–294).

Esta mane­ra de con­ce­bir el len­gua­je y el habla tie­ne una gran pro­xi­mi­dad con la con­cep­ción ini­cial de Lacan. Podría afir­mar­se que Lacan abre­vió en un pri­mer momen­to la con­cep­ción hei­deg­ge­ria­na a la par de ir reto­man­do y refor­mu­lan­do con­cep­tos y teo­rías pro­pios de la expe­rien­cia clí­ni­ca psi­co­ana­lí­ti­ca a par­tir de su intrin­ca­da rela­ción con Freud y el dis­cur­so psi­co­ana­lí­ti­co en gene­ral. Pos­te­rior­men­te Lacan se iría dis­tan­cian­do has­ta dar un giro radi­cal al seguir for­ma­li­zan­do clí­ni­ca y lógi­ca­men­te las dit-man­sio­nes (dicho­man­sio­nes, man­sio­nes de lo dicho) del suje­to y del decir ‑real-sim­bó­li­co-ima­gi­na­rio,

Algu­nos auto­res han tema­ti­za­do esos modos de con­tac­to entre Hei­deg­ger y Lacan, en tér­mi­nos de “pro­xi­mi­dad” (Ale­man y Larrie­ra, 1998) o “cru­ce” (López, 2004). Y como sabe­mos, el mis­mo Lacan uti­li­za explí­ci­ta­men­te el tér­mino fra­ter­ni­dad res­pec­to del decir en ese con­tex­to

Esta cer­ca­nía la obser­va­mos, por ejem­plo, en El Habla don­de Hei­deg­ger (1959) plan­tea con la elo­cuen­cia que lo carac­te­ri­za la ten­sión del decir en el habla:

Refle­xio­nar acer­ca del habla requie­re enton­ces aden­trar­se en el hablar del habla para esta­ble­cer nues­tra mora­da en ella, esto es, en su hablar, no en el nues­tro. Sólo de este modo pode­mos lle­gar al ámbi­to den­tro del cual pue­de dar­se o no dar­se que des­de ella mis­ma el habla nos con­fíe su esen­cia … (p. 12).

Más ade­lan­te, al mos­trar­nos la com­ple­ji­dad del habla, Hei­deg­ger (1959) plan­tea algo cen­tral en El Camino al Habla: el decir, al que “obe­de­ce y sigue”, que “bro­ta de lo anti­gua­men­te hablado…aun inha­bla­do”, que per­mea y atra­vie­sa el hablar, que podría pres­tar­se a ser pen­sa­do —el decir— como enti­dad fan­tas­mal. Lo cita­mos:

Pero ¿habla el habla mis­ma? … y sin embar­go, el habla habla. Obe­de­ce y sigue, pri­me­ra­men­te en lo pro­pio, a lo que es esen­cial en el hablar: el decir. El habla habla, en cuan­to que dice, esto es, mues­tra. Su decir bro­ta del anti­gua­men­te habla­do, pero has­ta aho­ra aún inha­bla­do, Decir, (Sage) que atra­vie­sa y per­mea el tra­zo abrien­te del habla, del eso del habla … El Decir pro­cu­ran­do pen­sar el des­plie­gue del habla a par­tir de él, ¿no corre­mos, aca­so, el peli­gro de ele­var el habla a una enti­dad fans­tas­mal, exis­ten­te en sí e inen­con­tra­ble en par­te algu­na, mien­tras que con­ti­nue­mos refle­xio­nan­do sobria­men­te acer­ca del habla. (Hei­deg­ger, 1959, p. 229)

Aun­que Lacan par­te de la pro­xi­mi­dad con Hei­deg­ger, fue for­ma­li­zan­do su con­cep­ción del sig­ni­fi­can­te sobre el suje­to en la expe­rien­cia ana­lí­ti­ca para dar cuen­ta de sus efec­tos trau­má­ti­cos (trou­ma­ti­ques). Esto lle­vó a la for­mu­la­ción de lo real en el decir y sus efec­tos de goce en el cuer­po, que mar­ca­ron un vira­je fun­da­men­tal res­pec­to de cual­quier otro tipo de for­mu­la­ción de cor­te lin­güís­ti­co o filo­só­fi­co.

En ese reco­rri­do pue­de cote­jar­se, gros­so modo, que en el ini­cio Lacan pien­sa al suje­to en tan­to que “suje­to del incons­cien­te”, “suje­to del len­gua­je”, “ser de len­gua­je”, “ser­di­cien­te[3], cons­ti­tui­do en y por el len­gua­je, a par­tir de la con­jun­ción Freud – Hei­deg­ger. Al final de su ense­ñan­za, Lacan con­ce­bi­rá al len­gua­je como “par­lê­tre” —pro­pues­to tam­bién por Hei­deg­ger—, pero afec­ta­do por la incor­po­ra­ción y la inmi­xión “trou­ma­ti­que”[4] (trau­má­ti­ca) del sig­ni­fi­can­te del Otro en el cuer­po, y ya no mera­men­te des­de la dimen­sión onto­ló­gi­ca o sim­bó­li­ca, mucho menos en sen­ti­do sub­je­ti­vis­ta.

Sobre esta pri­me­ra con­cep­ción de Lacan y su pos­te­rior tran­si­ción, Izco­vich (2013) escri­be:

El suje­to es deter­mi­na­do por el sig­ni­fi­can­te. Esta tesis de Lacan pone una rela­ción de depen­den­cia, el suje­to está liga­do al sig­ni­fi­can­te, y exis­te una rela­ción de pre­va­len­cia: el sig­ni­fi­can­te es pri­ma­rio y con­di­cio­na la cons­ti­tu­ción del suje­to. Esta con­cep­ción per­mi­te for­mu­lar que el suje­to encuen­tra su con­di­ción en el Otro del len­gua­je e impli­ca que su entra­da en el len­gua­je deter­mi­na el acce­so a lo sim­bó­li­co. No es la últi­ma tesis de Lacan. La intro­duc­ción del tér­mino de par­lê­tre, hablan­te­ser, res­pon­de a una pues­ta en cues­tión por par­te de Lacan de su pro­pia ela­bo­ra­ción que con­cier­ne al esta­tu­to de lo sim­bó­li­co (p. 179).

Lacan no aban­do­nó su con­cep­ción fun­da­men­tal del efec­to del sig­ni­fi­can­te sobre el suje­to, pero la refor­mu­ló, ya que al prin­ci­pio pen­só el efec­to como mor­ti­fi­ca­ción del cuer­po, apa­ci­gua­mien­to de la pul­sión y del sín­to­ma. Esta pri­me­ra con­cep­ción impli­ca­ba una cier­ta sepa­ra­ción del sig­ni­fi­can­te y el cuer­po, así como una rela­ti­vi­za­ción del goce, pues el tra­ba­jo de la inter­pre­ta­ción y la cura se basa en el des­ci­fra­mien­to sim­bó­li­co del incons­cien­te. Al final, Lacan reco­no­ce­rá la nece­si­dad de rein­tro­du­cir el cuer­po en la for­mu­la­ción ini­cial para dar cuen­ta de la “intru­sión” trau­má­ti­ca del sig­ni­fi­can­te, lo cual se con­ver­ti­rá en el eje cen­tral de su últi­ma inves­ti­ga­ción. Lo reafir­ma: “En efec­to, Lacan cam­bia. Si duran­te cier­to tiem­po for­mu­ló que el suje­to pade­ce del sig­ni­fi­can­te, más tar­de da una defi­ni­ción del ser de goce como un cuer­po afec­ta­do de goce” (Izco­vich, 2013, p.181).

Se tra­ta, enton­ces, ya no del suje­to afec­ta­do por el sig­ni­fi­can­te sino por el goce. Con­ti­núa Izco­vich:

el “par­lê­tre”, equi­va­len­te al ser de goce, se vuel­ve, al final de la ense­ñan­za de Lacan, el nom­bre del incons­cien­te … el incons­cien­te es así lo que fun­da al ser” … el paso del suje­to al ser encuen­tra su jus­ti­fi­ca­ción en el hecho de que el suje­to es supues­to, el ser es del orden de lo real y no va sin el cuer­po, al pun­to que Lacan dice “el ser es un cuer­po (2013, pp. 187–188).

Aquí el autor nos mues­tra la polé­mi­ca de fon­do en torno a las deter­mi­na­cio­nes onto­ló­gi­cas del len­gua­je pen­sa­das des­de Hei­deg­ger, de las que Lacan se dife­ren­cia de modo fuer­te. Esta es una dis­cu­sión apa­sio­nan­te que nos inter­pe­la pro­fun­da­men­te, pero que no pode­mos pro­se­guir aquí. Sin embar­go, pode­mos al menos expli­ci­tar la acep­ción del “ser” en el Lacan pos­te­rior que remi­te a lo real y al cuer­po más allá de la den­sa acep­ción onto­ló­gi­ca hei­deg­ge­ria­na en tér­mi­nos gene­ra­les como efec­tos del sig­ni­fi­can­te, “mar­cas efi­ca­ces de goce” (Izco­vich), “letras de goce”, “ins­crip­cio­nes don­de lo sim­bó­li­co toma cuer­po”, o “se vuel­ve el lugar de lo sim­bó­li­co”.

2. El Habla y el Decir

Es en el mis­te­rio del goce del par­lê­tre en el decir, don­de se gene­ra nues­tra inte­rro­ga­ción. Dada la inquie­tud y la difi­cul­tad de lo que qui­sie­ra ser dicho des­de las fallas, los arrin­co­na­mien­tos y los jalo­neos[5] en el nudo del decir, en las dimen­sio­nes del decir (dit­man­sio­nes). Pues, como lo recor­dá­ba­mos, y vol­ve­mos a traer a cola­ción, Lacan mis­mo en Una Prác­ti­ca de Char­la­ta­ne­ría (1977) plan­tea:

… quie­ro decir que es jus­ta­men­te con la inade­cua­ción de las pala­bras a las cosas aque­llo con lo que tene­mos que ver … y que la ade­cua­ción de lo sim­bó­li­co no hace a las cosas más que fan­tas­má­ti­ca­men­te” (p. 4).

Es así que Lacan va a pro­po­ner más opor­tu­na­men­te una heno­lo­gía (hay del Uno) en el Semi­na­rio Aún para pen­sar el decir a par­tir del goce y el Uno, en pos de des­mar­car­se de tema­ti­za­cio­nes pro­pia­men­te onto­ló­gi­cas que otros han desa­rro­lla­do. Entre ellos, por ejem­plo, Miller (2011a) en El Ser y el Uno, en Ale­mán y Larrie­ra (2009), y en Ber­me­jo (2023), quien se ha pro­pues­to ela­bo­rar una “lógi­ca de lo real para el psi­co­aná­li­sis” en tan­to se bus­ca cons­truir una epis­te­me pro­pia para el decir en psi­co­aná­li­sis a la que deno­mi­na deci­te­me; y Saet­te­le (2024), que ha plan­tea­do la nece­sa­ria for­mu­la­ción de una “dei­xis psi­co­ana­lí­ti­ca”. Sen­dos desa­rro­llos que, por aho­ra, sólo pode­mos seña­lar, pues nos lle­va­rían a otros ámbi­tos de tema­ti­za­ción más amplios y a la vez espe­cí­fi­cos que aquí no pode­mos des­ple­gar.

Es abor­dar el decir des­de lo recón-dito (rin­cón de lo dicho) hacién­do­lo reso­nar con la pro­xi­mi­dad homo­fó­ni­ca y la trans­li­te­ra­ción del tér­mino fran­cés réson que Lacan reto­mó de F. Pon­ge, por pri­me­ra vez, en Fun­ción y cam­po de la pala­bra (1953/1989), cuya “gra­fía con­den­sa la homo­fo­nía entre réson deri­va­do del ver­bo réson­ner (reso­nar) y rai­son (razón)”, como afir­ma Amor (2018, p. 1).

“Razón” que, por otra par­te, en fran­cés remi­te a la pro­por­ción, al rap­port en el sen­ti­do mate­má­ti­co, lo que le per­mi­te a Lacan arti­cu­lar “no hay rap­port entre los sexos”, esto es, no hay rela­ción, pro­por­ción, armo­nía entre los sexos. Hay actos, “rela­cio­nes sexua­les”, por supues­to, pero ello no equi­va­le a armo­nía, rela­ción ple­na, ideal.

El “no hay rela­ción” ha per­mi­ti­do lle­var a repen­sar diver­sos aspec­tos del saber psi­co­ana­lí­ti­co, entre ellos el len­gua­je y sus impas­ses, en tan­to per­mi­te cues­tio­nar la sig­ni­fi­ca­ción, el sen­ti­do ordi­na­rio, pues “el sig­ni­fi­can­te nos pier­de y es en par­ti­cu­lar res­pon­sa­ble de la no rela­ción sexual” (Miller, 2013, p. 192). Se tra­ta más bien del sen­ti­do como goza­do, en-cuer­po (Soler, 2013a) en la his­to­ria del suje­to, arrai­ga­do en el cuer­po como goce del pro­pio cuer­po “goce del Uno”, arrin­co­na­do en el decir, que la inter­ven­ción ana­lí­ti­ca va ponien­do a pun­to.

Es lo que Amor (2018) resal­ta al abor­dar la réson y las reso­nan­cias que Lacan deri­va de allí:

… Es des­ta­ca­ble que reto­me este neo­lo­gis­mo cuan­do está pro­nun­cian­do un vivaz cues­tio­na­mien­to de los fun­da­men­tos del psi­co­aná­li­sis (1971–1972) … Se pone en jue­go el “No-Hay”: “no hay rela­ción sexual” … Y pues­to que no hay sen­ti­do común, el sen­ti­do es sen­ti­do goza­do, goce del Uno, del pro­pio cuer­po. Esto ten­drá con­se­cuen­cias en la for­ma de pen­sar la clí­ni­ca, en tan­to le devuel­ve la viva­ci­dad al suje­to al trans­for­mar­lo en par­lê­tre, vivien­te que tie­ne un cuer­po y que a fal­ta de pro­gra­ma­ción sexual tie­ne sín­to­mas, pues­to que el len­gua­je hace agu­je­ro con el que cada ser hablan­te debe arre­glár­se­las … con­tin­gen­te­men­te se podrá tocar bor­des que son expe­rien­cias de goce y en los que resue­na la len­gua. El cam­bio de para­dig­ma de la inter­ven­ción ana­lí­ti­ca resul­ta­rá en hacer oír el eco de un decir que ¡des­pier­ta! (2018, p. 2).

Reso­nan­cia, eco en lo dicho, enig­ma de la enun­cia­ción, equí­vo­co-oscu­ro que aguar­da fan­tas­ma­gó­ri­ca­men­te en la pala­bra (Saet­te­le, 2024). Por­que al hablar tras­ta­bi­lla­mos con el decir pues no se pue­de decir todo y no hay sino equí­vo­co, reso­nan­cias, vuel­tas del decir. Hablar es no-todo. Es “la ron­da de los níti­dos deci­res a medias” para usar el títu­lo del tex­to de Por­ge (2008). Si bien Por­ge dis­cu­te prin­ci­pal­men­te la cues­tión de la ver­dad en Lacan y en el psi­co­aná­li­sis, no deja de arti­cu­lar a la pala­bra, la letra, la Cosa freu­dia­na, etc. Sir­va a mane­ra de ejem­plo:

Este pri­mer abor­da­je de la ver­dad, varie­dad, reve­la, pero tam­bién con la letra su estre­cho víncu­lo con la pala­bra … La letra no está toma­da en una opo­si­ción entre la pala­bra y el escri­to, ni es con­ce­bi­da como idén­ti­ca a sí mis­ma. Lo que intere­sa a Lacan son sus cam­bios de lugar, (su insis­ten­cia) y los efec­tos sub­je­ti­vos que resul­tan de ello para quie­nes son sus posee­do­res o para aqué­llos a quie­nes se diri­ge (p. 118).

En tér­mi­nos de Char­les Fie­rens (2012): “estos dichos y oídos en lo con­cre­to de tal o cual tra­ta­mien­to como en tal o cual teo­ri­za­ción corren siem­pre el ries­go de que­dar como apro­xi­ma­cio­nes ima­gi­na­rias” (p.1).

Sobre esta cua­li­dad del equí­vo­co al inte­rior del len­gua­je el mis­mo Hei­deg­ger (2023) plan­tea:

Una vez que “la pala­bra” está deter­mi­na­da al inte­rior del no vali­da­do ámbi­to de la obje­tua­li­za­ción, ya ni siquie­ra la más pro­fun­da “filo­so­fía del len­gua­je” pue­de ser de ayu­da para salir de tal equi­vo­ca­ción, pues­to que el len­gua­je mis­mo habla la len­gua de dicho equí­vo­co al expli­car sus cono­ci­mien­tos sobre la pala­bra en tan­to len­gua­je (p. 68–69).

Dada esa impo­si­bi­li­dad, Lacan se embar­có en la bús­que­da de otros recur­sos lógi­cos y topo­ló­gi­cos para ceñir, cer­car, ese cen­tro inal­can­za­ble alre­de­dor del cual gira la deman­da, el deseo, el decir, no para pre­ten­der sal­dar­lo, lo cual es impo­si­ble, sino para mos­trar el “no-todo”, el agu­je­ro que le es inhe­ren­te y los efec­tos que gene­ra en el par­lê­tre, res­pec­to de lo que no se tra­ta de “callar”. Lo úni­co que posee el hablan­te-ser para acce­der a lo real no es otro recur­so que el len­gua­je y, aun­que no lo sal­va de su des­am­pa­ro, ciñe, cier­ne, aprie­ta lo real, en ese medio decir sobre lo que lo divi­de y lo aque­ja. Afec­ta­ción, por cier­to, por el goce para­si­ta­rio del sig­ni­fi­can­te que hien­de al suje­to y toma cuer­po en diver­sas for­ma­cio­nes al estar en sus­pen­so, abier­to, en la incer­ti­dum­bre y la angus­tia fren­te a las seña­les e intru­sio­nes de lo real que no cesan.

La pro­xi­mi­dad y cier­tos cru­ces sobre el len­gua­je en Hei­deg­ger y Lacan crea­ron una dife­ren­cia sus­tan­cial entre ambos. Por­que el peli­gro de ele­var el Decir a una enti­dad fan­tas­mal, como afir­ma Hei­deg­ger, no se tra­du­ce en que en el dis­cur­so psi­co­ana­lí­ti­co el decir se pien­se des­de esa suer­te de enti­dad fan­tas­mal. ¿Sería aca­so que Hei­deg­ger esta­ba alu­dien­do al incons­cien­te freu­diano? En todo caso, el incons­cien­te no es una enti­dad. No hay tal enti­dad y menos en sen­ti­do sus­tan­cia­lis­ta. Se tra­ta, en últi­ma y pri­me­ra ins­tan­cia, de una for­ma­ción in-cor­po­ral, de un efec­to del len­gua­je sobre el suje­to que lo divi­de, como Lacan nos ense­ñó a pen­sar. El incons­cien­te “es el dis­cur­so del Otro” afir­ma. El incons­cien­te está estruc­tu­ra­do des­de y como un len­gua­je.

Entre el suje­to y lo real se cons­tru­ye la reali­dad psí­qui­ca la estruc­tu­ra­ción lógi­ca y pues­ta en jue­go del fan­tas­ma, que no tie­ne nada que ver con una acep­ción mis­ti­fi­can­te que entra en jue­go en el decir del habla. Res­pec­to de esta con­di­ción del decir, Saet­te­le (2024) escri­be:

Esto no es optar por lo ine­na­rra­ble, lo inefa­ble. El dis­cur­so psi­co­ana­lí­ti­co no gira ni hacia la eli­mi­na­ción de la ambi­güe­dad del enun­cia­do ni hacia la magia. Tra­ta al con­tra­rio de man­te­ner­se jun­to en la detec­ción de los pun­tos de sutu­ra entre el suje­to del enun­cia­do y el suje­to de la enun­cia­ción. Tra­ta de des­li­gar el suje­to de la enun­cia­ción del suje­to del enun­cia­do, ya que es en estos pun­tos de sutu­ra don­de el suje­to por­ta­dor de fan­tas­mas se ins­cri­be. (p. 3)

Pun­tos de sutu­ra fren­te a lo real como pro­duc­cio­nes sim­bó­li­co-ima­gi­na­rias que no ter­mi­nan de apre­sar ni de redu­cir al obje­to. No hay tal ade­cua­ción del inte­lec­to a la cosa. Hay una rela­ción no-toda, en el sen­ti­do de que hay un esfuer­zo de sim­bo­li­za­ción del suje­to, de dar sen­ti­do, un goce del sen­ti­do fren­te a lo impo­si­ble real que hace agu­je­ro en lo sim­bó­li­co.

Por­que ver­da­de­ra­men­te, la “serie: len­gua, habla, len­gua­je” (Mil­ner, 1998), no es eté­rea, sino que echa raí­ces en el cuer­po, en el lazo con el deseo del Otro, al lugar del Otro y los otros hablan­te­se­res. Lo hemos veni­do afir­man­do des­de el ini­cio. Es de lo que Lacan dará cuen­ta al final de su ense­ñan­za median­te su nue­va con­cep­ción del suje­to como par­lê­tre, como suje­to de goce, don­de la pul­sión y el cuer­po no están ya sepa­ra­dos del sig­ni­fi­can­te y que inclu­so lo lle­va­rá a for­mu­lar una nue­va con­cep­ción del incons­cien­te como incons­cien­te real, vin­cu­la­do al goce. Comen­ta­re­mos esto un poco más al final de nues­tro tra­ba­jo. Hay que agre­gar, aun­que sea de paso, que esto no está sepa­ra­do de la dimen­sión sexual en tan­to que el lazo iden­ti­fi­ca­to­rio al Otro en tan­to sexua­do, en la con­di­ción de gozar del otro cuer­po, el sig­ni­fi­can­te ope­ra en el ente, como médium.

Lo que está de por medio en el habla, dirá Lacan, es la letra como mar­ca, como letra de goce que deja sur­cos en el cuer­po, hue­llas, res­tos, que se fil­tran des­de el decir en el enun­cia­do. Son “pun­tos de sutu­ra” de la enun­cia­ción y el enun­cia­do, encla­ves don­de el goce se ins­ta­la como goce del sen­ti­do.

­­­­Esta con­cep­ción se encuen­tra ya pre­fi­gu­ra­da des­de el Semi­na­rio de Lacan (1957/1989a) La car­ta roba­da en el que se plan­tea­ba ya el esta­tu­to mate­rial de la letra, y apa­re­ce­rá des­pués entre las ana­lo­gías en Litu­ra­te­rre (1971) (2012b) como la del sur­ca­do, de un aba­rran­ca­mien­to de la letra en lo real. Lacan (1953/1989b) escri­be allí:

El bor­de del agu­je­ro en el saber, ¿no es eso lo que ella dibu­ja? ¿Y cómo el psi­co­aná­li­sis, si, jus­ta­men­te lo que la letra dice “a la letra” por su boca, le era nece­sa­rio no des­co­no­cer­lo, cómo podría negar que esté, este agu­je­ro, —por lo que, para col­mar­lo, ape­la a invo­car allí el goce?” (p. 22).

Y con­ti­nuan­do con la metá­fo­ra de la letra aña­de:

Lo que se reve­la de mi visión del cho­rrea­do [sic], en el que domi­na la tacha­du­ra, es que al pro­du­cir­se entre las nubes, se con­ju­ga con su fuen­te, y es en efec­to en las nubes … para que encuen­tre lo que es el sig­ni­fi­can­te: o sea, el sem­blan­te, por exce­len­cia, si este llue­ve por su rup­tu­ra, efec­to que hace que se pre­ci­pi­te de ella lo que era allí mate­ria en sus­pen­sión … Lo que se evo­ca de goce al rom­per­se un sem­blan­te es lo que en lo real se pre­sen­ta como aba­rran­ca­mien­to [sic] (p. 25). [6]

Cho­rrea­do del sig­ni­fi­can­te, que “llue­ve goce en el cuer­po”, por­que el sig­ni­fi­can­te no se encuen­tra ence­rra­do en sí mis­mo, sus­pen­di­do, sino que se pre­ci­pi­ta, se rom­pe, se aba­rran­ca, hace sur­cos, barran­cas de goce “encuer­po”. Esta cita mues­tra tal cual el dis­tan­cia­mien­to táci­to que Lacan pro­du­jo res­pec­to de la pro­xi­mi­dad ini­cial con Hei­deg­ger sobre el habla y la pala­bra, al dis­po­ner del arse­nal teó­ri­co del des­cu­bri­mien­to freu­diano sobre el incons­cien­te, la pul­sión, la repe­ti­ción, la iden­ti­fi­ca­ción al ras­go, lo que le per­mi­tió adju­di­car al suje­to y al sig­ni­fi­can­te un esta­tu­to nue­vo. Esto lo lle­va­ría tam­bién a una dis­tin­ción radi­cal de la con­cep­ción del par­lê­tre pro­pia de Hei­deg­ger, más allá de su apa­ren­te uso en la mis­ma direc­ción, al hacer inci­dir las cate­go­rías freu­dia­nas y las pro­pias sin las cua­les no se habría tras­cen­di­do el nivel lin­güís­ti­co, filo­só­fi­co e inclu­so sub­je­ti­vis­ta. La pers­pec­ti­va sobre el sig­ni­fi­can­te que Lacan va intro­du­cien­do des­de muy pron­to en su ense­ñan­za, par­tien­do de la heren­cia de Freud, pone de relie­ve su esta­tu­to de agu­je­ro, entre cen­tro y ausen­cia. Escri­be Miller (2003): “… el sig­ni­fi­can­te, no tie­ne sola­men­te efec­to de sig­ni­fi­ca­do, sino tam­bién de afec­to en un cuer­po. El tér­mino afec­to debe ser enten­di­do en sen­ti­do amplio; se tra­ta de lo que per­tur­ba, deja hue­lla en el cuer­po” (pp. 376–377).

Se tra­ta de mar­cas iden­ti­fi­ca­to­rias que se trans­mi­ten en el habla ver­ná­cu­la, en la “lalen­gua (lalan­gue) fami­liar. Es el trou­ma­tis­mo del sig­ni­fi­can­te que hace mella en el suje­to. Dice Lacan (1974) en el Semi­na­rio XXI Los no incau­tos yerran:

La len­gua tie­ne el mis­mo para­si­tis­mo que el goce fáli­co con rela­ción a los otros goces, y es ello lo que deter­mi­na como pará­si­to en lo real lo que tie­ne que ver con el incons­cien­te. […] Bien, enton­ces, de don­de hay que par­tir es de esta fuer­te afir­ma­ción: la de que el incons­cien­te no es un cono­ci­mien­to. Es un saber y un saber en tan­to yo lo defino por la cone­xión de sig­ni­fi­can­tes. Pri­mer pun­to. Segun­do pun­to: es un saber disar­mó­ni­co que de nin­gún modo se pres­ta a un matri­mo­nio feliz, un matri­mo­nio que sería feliz, lo que se halla impli­ca­do en la noción de matri­mo­nio; esto es lo enor­me, lo fabu­lo­so. ¿Quién cono­ce un matri­mo­nio feliz? (p.140).

El sig­ni­fi­can­te, la len­gua, es para­si­ta­rio. No hay matri­mo­nio feliz entre el sig­ni­fi­can­te y el suje­to. La cues­tión no se redu­ce a habi­tar en el mun­do del len­gua­je, o ser habi­ta­do por éste, o ser arro­ja­do al mun­do. Cla­ro, somos habi­ta­dos por el len­gua­je y vivi­mos en la angus­tia. Pero se tra­ta del ser como ser de goce que en el lazo incor­po­ra al Otro. En tér­mi­nos de Miller (2011a):

De lo que se tra­ta […] es la de aban­do­nar la noción de per­sis­ten­cia en un mun­do y del ser hablan­te como ser en el mun­do. Pen­sar­lo como ser en el dis­cur­so prohí­be trans­fe­rir­le las pro­pie­da­des que se le atri­buían a su ser en el mun­do

El suje­to, ubi­ca­ble en sus esce­na­rios en el mun­do, no pue­de ser abs­traí­do de su enca­de­na­mien­to al Otro pri­mor­dial, como muy bien ilus­tró Lacan median­te los dos toros entre­la­za­dos de la topo­lo­gía de super­fi­cies. Es en la fami­lia, en el incons­cien­te, como afir­ma Miller (2007), don­de se apren­de la len­gua y se pre­ci­pi­ta la lalen­gua.

… El pun­to de par­ti­da es que la len­gua que cada uno habla es cosa de fami­lia y que la fami­lia en el incons­cien­te es pri­mor­dial­men­te don­de se apren­de la len­gua mater­na … de tal mane­ra que, si la fami­lia es una encar­na­ción, es la encar­na­ción de lo que Lacan lla­ma el lugar del Otro … Es decir, la fami­lia es el lugar del Otro de la len­gua y por eso es el lugar del Otro de la deman­da. O lo que es lo mis­mo, la deman­da debe pasar por la len­gua con los efec­tos trau­má­ti­cos que eso tie­ne sobre las nece­si­da­des del ser humano ‑pues al pasar por la deman­da se pro­du­ce una des­via­ción en las nece­si­da­des- y estas apa­re­cen mar­ca­das por una fal­ta” (pp.17–18)

Y en los tér­mi­nos de Mil­ner (1998) en El amor de la len­gua:

La lin­güís­ti­ca, en tan­to en cuan­to está afec­ta­da por la posi­bi­li­dad del psi­co­aná­li­sis … La cues­tión es, pues: ¿qué es la len­gua, pues­to que exis­te el psi­co­aná­li­sis? Pero al decir len­gua, evo­ca­mos una vez más la serie len­gua, habla, len­gua­je … La serie, de hecho, como cual­quier otra, obten­drá su lógi­ca del tér­mino que le es exor­bi­tan­te y que está des­ti­na­da a obli­te­rar: ese tér­mino, nom­bra­do por sub­ter­fu­gio, es lalen­gua, dicho de otra for­ma, aque­llo gra­cias a lo cual, en un solo y mis­mo movi­mien­to, tene­mos la len­gua (o seres cali­fi­ca­bles como hablan­tes, lo que vie­ne a ser lo mis­mo) y el incons­cien­te. Sea pues, lalen­gua; el len­gua­je desig­na lo que elu­cu­bra el saber en lo con­cer­nien­te a lalen­gua […]. (p. 21)

No pode­mos exten­der­nos más en esto. Nos con­for­ma­mos con sub­ra­yar la dis­tan­cia toma­da por Lacan res­pec­to del decir en el sen­ti­do pura­men­te for­mal, onto­ló­gi­co o psi­co­ló­gi­co. Aun­que es cier­to, como lo mues­tra Leguil (2013), que hubo un cier­to reco­rri­do de carác­ter onto­ló­gi­co en esa cre­cien­te for­ma­li­za­ción. En este reco­rri­do ella ubi­ca varios momen­tos en los que advier­te un pri­mer perío­do al que deno­mi­na “dis­cur­so sobre el ser” y lue­go uno pos­te­rior al que lla­ma “dis­cur­so sobre el Uno”. Dice la auto­ra:

La ulti­mí­si­ma ense­ñan­za de Lacan ten­dría esto de des­con­cer­tan­te, nos ha mos­tra­do que se tra­ta tam­bién de un adiós a la onto­lo­gía; es decir, de una apro­xi­ma­ción de la pala­bra, en la expe­rien­cia ana­lí­ti­ca, no en tan­to que ésta le per­mi­te acce­der al núcleo de su ser sino en tan­to que es ite­ra­ción de un acon­te­ci­mien­to de cuer­po, pro­du­ci­do por la pura per­cu­sión del cuer­po por la pala­bra … Con el pasa­je del suje­to al par­lê­tre per­sis­te toda­vía una refe­ren­cia al ser pero, como J.-A. Miller lo ha mos­tra­do … es un ser que tie­ne su ser de la pala­bra, pero tie­ne su exis­ten­cia del goce mis­mo, de reite­rar las moda­li­da­des de encuen­tro con el len­gua­je a par­tir de un cuer­po en el que reper­cu­ten los ecos. La onto­lo­gía apa­re­ce enton­ces en segun­do lugar en rela­ción con lo real que está pri­me­ro (Leguil, 2013, p. 1).

Se tra­ta, refie­re Miller (2011a) en su cur­so sobre “El ser y el Uno”, del pasa­je de la onto­lo­gía a la heno­lo­gía, como onto­lo­gía del Uno. En el mis­mo Lacan (1986/1998), en La equi­vo­ca­ción del suje­to supues­to saber, encon­tra­mos la alu­sión a la resis­ten­cia ónti­ca, don­de se jue­ga la dis­tin­ción ope­ra­da sobre el len­gua­je y sus efec­tos de goce:

Todo lo que con­cier­ne al incons­cien­te sólo jue­ga sobre efec­tos de len­gua­je. Es algo que se dice, sin que el suje­to se repre­sen­te ni se diga allí, y sin que sepa lo que dice … Pero que pue­da exis­tir allí un decir que se diga sin que uno [on] sepa quién lo dice, he aquí a lo que el pen­sa­mien­to se sus­trae: es una resis­ten­cia ón-tica (Lacan, 1986, pp. 354–355).

Vaya arti­cu­la­ción, resis­ten­cia ónti­ca, que se refie­re a la con­cep­ción de suje­to que Lacan está cri­ti­can­do y de la que se vie­ne sepa­ran­do: la del psar­le­tre (suje­to “psi-pen­san­te” al que nos hemos refe­ri­do al ini­cio), que lo con­ci­be táci­ta­men­te en la dimen­sión sim­bó­li­co-ima­gi­na­ria, la cual impi­de que se lo pue­da con­ce­bir en tan­to suje­to de goce (par­lê­tre). Es decir, aque­lla con­cep­ción que ope­ra una resis­ten­cia ónti­ca sobre los dis­cur­sos psi, e inclu­so en los de cor­te filo­só­fi­co, para pen­sar­lo como suje­to al goce.

Recor­de­mos que, en su esfuer­zo de for­ma­li­za­ción, Lacan (1986/1988) tam­bién dio cuen­ta a tra­vés de la topo­lo­gía de los nudos, del lugar del Otro como lugar del goce, en don­de ubi­ca al goce del sen­ti­do, al goce fáli­co y al Goce Otro en sus con­co­mi­tan­tes cal­ces entre los regis­tros real-sim­bó­li­co-ima­gi­na­rio (RSI). Así, pue­de cons­ta­tar­se por ejem­plo en La Ter­ce­ra (1988) y en el Semi­na­rio 23 Aún (2006), la intro­duc­ción del tra­ta­mien­to topo­ló­gi­co del goce en los cal­ces de las dit-men­sio­nes RSI. Solo suge­ri­mos revi­sar otros desa­rro­llos sobre el goce y la letra en el nudo borromeo. Véa­se sobre los goces en el nudo borromeo, los tex­tos de: Soler (2013b), Bous­sey­roux (2013) y el de Schejt­man (2013). Y sobre la letra, el sig­ni­fi­can­te y la cifra en el nudo, par­ti­cu­lar­men­te los de: Larrie­ra (2019), y el de Ale­mán y Larrie­ra (2009).

3. Goce-Cuerpo-Sustancia Gozante

La arti­cu­la­ción: goce del sig­ni­fi­can­te y cuer­po encuen­tra un apo­yo cen­tral a par­tir de la toma de posi­ción de Lacan (2008a) res­pec­to de la onto­lo­gía, a la que iró­ni­ca­men­te lla­ma hon­to­lo­gía [7], para plan­tear una ónti­ca pro­pia del par­lê­tre. Así, más que con­ce­bir al suje­to en sen­ti­do onto­ló­gi­co, se refie­re a una ónti­ca del goce. Afir­ma en Lógi­ca del fan­tas­ma Rese­ña del Semi­na­rio de 1966–1967: “Con esta refe­ren­cia al goce se abre la úni­ca ónti­ca con­fe­sa­ble para noso­tros” (p. 347). Se tra­ta, pues, de arti­cu­lar al suje­to des­de el lugar del Otro. No en sen­ti­do gene­ral, cul­tu­ra­lis­ta, filo­só­fi­co, etc., sino des­de el Otro como lugar del len­gua­je y del goce, que para­si­ta el orga­nis­mo, lo trau­ma­ti­za al ino­cu­lar y des­viar sus nece­si­da­des trans­for­mán­do­lo en cuer­po gozan­te.

En Radio­fo­nía (1970/2012a) Lacan alu­de al par sim­bó­li­co-cuer­po en tér­mi­nos de cuer­po de lo sim­bó­li­co y lo sim­bó­li­co toma cuer­po. Afir­ma:

Des­de allí, es decir, des­de el pun­to en que lo sim­bó­li­co toma cuer­po … Vuel­vo en pri­mer lugar al cuer­po de lo sim­bó­li­co, que hay que enten­der como fue­ra de toda metá­fo­ra … El cuer­po, si lo toma­mos en serio, es pri­me­ro lo que pue­de lle­var la mar­ca pro­pia que lo orde­na en una serie de sig­ni­fi­can­tes. Ya des­de esta mar­ca, es sopor­te de la rela­ción, no even­tual, sino nece­sa­ria, ya que es aún sopor­tar­la por el hecho de sus­traer­se a ella. (pp.430–432)

En ese con­tex­to, Lacan tra­ba­ja el con­cep­to de incor­po­ral —que cita­mos al ini­cio—, que reto­ma de los estoi­cos, para abo­nar a la arti­cu­la­ción entre el sim­bó­li­co y el cuer­po. Sos­tie­ne:

Haga­mos jus­ti­cia a los estoi­cos por haber sabi­do de este tér­mino, el incor­po­ral, fir­mar en qué lo sim­bó­li­co suje­ta al cuer­po. Incor­po­ral es la fun­ción, que hace reali­dad de la mate­má­ti­ca, la apli­ca­ción de igual efec­to para la topo­lo­gía, o el aná­li­sis en sen­ti­do amplio para la lógi­ca. Pero es en tan­to incor­po­ra­da como la estruc­tu­ra hace al afec­to, ni más ni menos, afec­to a tomar úni­ca­men­te por lo que del ser se arti­cu­la, no tenien­do allí sino ser de hecho, es decir, por ser dicho en algún lado (p.431).

Suje­ción del cuer­po a lo sim­bó­li­co y ser como ser-dicho, ser de hecho, no en sen­ti­do espe­cu­la­ti­vo o inter­sub­je­ti­vo. Lo sim­bó­li­co es con­ce­bi­do como incor­po­ral, se in-cor­po­ra y toma al cuer­po, e inclu­so como cuer­po de lo sim­bó­li­co. Esta cua­li­dad de incor­po­ral da cuen­ta de ese lugar del Otro más allá de una mira­da sus­tan­cia­lis­ta. Lacan (2008a) es con­tun­den­te en La rese­ña de la lógi­ca del fan­tas­ma cuan­do escri­be:

… ese lugar del Otro no ha de tomar­se en otra par­te que en el cuer­po, que no es inter­sub­je­ti­vi­dad sino cica­tri­ces en el cuer­po, teg­men­ta­les, pedúncu­los que se enchu­fan en sus ori­fi­cios para hacer ofi­cio de toma­co­rrien­tes, arti­fi­cios ances­tra­les y téc­ni­cos que lo roen (p. 347).

En Suti­le­zas ana­lí­ti­cas Miller (2011c) vin­cu­la esta pro­ble­má­ti­ca con el len­gua­je cuan­do dice:

La estruc­tu­ra del len­gua­je tal como la uti­li­za­mos se ela­bo­ró en el ele­men­to de lo no sus­tan­cial. Cuan­do habla­mos de arti­cu­la­ción sig­ni­fi­can­te, que­re­mos decir que un sig­ni­fi­can­te no es una sus­tan­cia que pue­da ser con­ce­bi­da por sí mis­ma, sino, por el con­tra­rio, rela­ti­va a otro sig­ni­fi­can­te, inclu­so a su con­jun­to (p.272).

Y en ese mar­co con­cep­tual Miller (2011c) intro­du­ce tam­bién la cues­tión de la sus­tan­cia gozan­te:

Corre­la­ti­va­men­te, la sus­tan­cia gozan­te es una modi­fi­ca­ción con­cep­tual de la sus­tan­cia exten­sa, que rein­tro­du­ce el cuer­po, la uni­dad del cuer­po vivien­te. Cuan­do arries­ga­mos la expre­sión sus­tan­cia gozan­te, se tra­ta de la sus­tan­cia cor­po­ral, se tra­ta del cuer­po vivien­te como sus­tan­cia y cuyo atri­bu­to prin­ci­pal sería el goce como afec­ción de ese cuer­po (p. 272).

Más allá de la polé­mi­ca sus­ci­ta­da por este últi­mo tér­mino, pode­mos sus­cri­bir que se tra­ta de la intru­sión del Otro, plan­tea­da como lo que gene­ra esa suer­te de “incor­po­ral” de “sus­tan­cia gozan­te”. Colet­te Soler (2013a) trae a cola­ción una fra­se del Semi­na­rio El rever­so del psi­co­aná­li­sis, don­de Lacan hace una pre­gun­ta: ¿Quién es ese que tie­ne un cuer­po y que no exis­te? A lo que ella mis­ma res­pon­de: “el Otro que no exis­te, es decir, que no es un vivien­te y que sin embar­go tie­ne un cuer­po: un cuer­po que no es el suyo un cuer­po en el que se alo­ja” (p. 126).

Enton­ces, “lugar del Otro”, “sus­tan­cia gozan­te”, goce, goce del Otro, goce del sen­ti­do, obje­to a, fan­tas­ma, incons­cien­te, etc., no son sino metá­fo­ras vivien­tes de lo real cons­ti­tu­ti­vo del par­lê­tre que no lo redu­cen a un suje­to meta­fí­si­co, o social, en el mun­do, sino a la rela­ción éxti­ma con el Otro, en esa in-cor­po­ra­ción: intru­sión-extru­sión-exti­mi­dad.

En el Semi­na­rio Aún, se habla­rá ya tal cual de sus­tan­cia gozan­te para plan­tear que no se tra­ta mera­men­te de una pro­pie­dad o fun­ción orga­nís­mi­ca, sino de la afec­ción del cuer­po como efec­to quias­má­ti­co entre el Otro y el suje­to. Lacan ha arri­ba­do, como des­ta­ca Soler, de pasar del suje­to en su ver­tien­te sim­bó­li­ca —pasan­do por la mor­ti­fi­ca­ción del goce en el cuer­po por el efec­to del sig­ni­fi­can­te—, para arri­bar a la noción de sus­tan­cia gozan­te. Dice sobre esto Soler (2013a): “Lacan dedi­ca enton­ces muchos años a cons­truir dicha arti­cu­la­ción, pero des­pués va a enun­ciar en el Semi­na­rio Aún, lo que lla­ma la “sus­tan­cia gozan­te” … (p. 121).

Pen­sar el goce de esa mane­ra, des­de el lugar del Otro, como la úni­ca ónti­ca posi­ble para el psi­co­aná­li­sis, no es nece­sa­ria­men­te atri­buir­le con­no­ta­cio­nes meta­fí­si­cas sus­tan­cia­lis­tas. Es una cons­truc­ción lógi­ca la que le ha per­mi­ti­do dar ese paso, al ir de la mano con la afir­ma­ción de que “para gozar hace fal­ta un cuer­po”, pues el suje­to pen­sa­do sólo en tér­mi­nos del sig­ni­fi­can­te en su acep­ción sim­bó­li­ca, no per­mi­te nece­sa­ria­men­te arti­cu­lar­lo o deri­var­lo en esta direc­ción. En esta deri­va­ción con­cep­tual de la sus­tan­cia gozan­te, la heren­cia freu­dia­na es ineli­mi­na­ble.

Sub­ra­ya­mos tam­bién la idea de sus­tan­cia gozan­te como ya no equi­pa­ra­ble a la de “suje­to”, de la que Lacan se ha veni­do des­pe­gan­do para arri­bar a la con­cep­ción de que el par­lê­tre tie­ne un cuer­po don­de tie­ne lugar el goce. Es en el en-cuer­po como Un-cuer­po de goce, don­de, ade­más, la con­cep­ción del incons­cien­te en Lacan ha sufri­do una nue­va con­cep­ción, como incons­cien­te real, sobre el cual ya no podre­mos expla­yar­nos por aho­ra por fal­ta de espa­cio, tan sólo indi­ca­mos su direc­ción. Final­men­te, seña­la­mos que esta nue­va mane­ra de pen­sar al par­lê­tre al incluir el goce-en-cuer­po en la últi­ma ense­ñan­za de Lacan dará lugar a la con­cep­ción del incons­cien­te, no cir­cuns­cri­to ya mera­men­te a lo sim­bó­li­co, como incons­cien­te-metá­fo­ra y a su con­si­guien­te des­ci­fra­mien­to, sino a lo real, como incons­cien­te real. Refie­re al res­pec­to Izco­vich (ya cita­do):

Así en los tér­mi­nos de suje­to del incons­cien­te, pri­me­ra teo­ría del suje­to en Lacan, don­de el suje­to es el efec­to de la cade­na sig­ni­fi­can­te incons­cien­te, se sus­ti­tu­ye el de par­lê­tre, halan­te­ser, don­de el incons­cien­te es una arti­cu­la­ción de los sig­ni­fi­can­tes que vehi­cu­lan el goce … es por eso que Lacan, de modo cohe­ren­te, da esta nue­va defi­ni­ción del ser: el ser es el goce del cuer­po (pp.185–186).

Hay enton­ces ya una nue­va con­cep­ción del incons­cien­te, deri­va­da del con­cep­to de par­lê­tre, que conec­ta el cuer­po y lo sim­bó­li­co a par­tir de las mar­cas deja­das por el sig­ni­fi­can­te, la letra de goce. Es el pasa­je epis­te­mo­ló­gi­co del suje­to del incons­cien­te al par­lê­tre: Dice Izco­vich citan­do a Lacan en varios luga­res:

Esta ela­bo­ra­ción se tra­du­ce en la con­cep­ción del incons­cien­te defi­ni­do por el ser de goce, “es que el ser, hablan­do, goce” [cita de Izco­vich a Lacan en el Semi­na­rio Aún, p.128]. De modo más pre­ci­so: el par­lê­tre equi­va­len­te al ser de goce, se vuel­ve, al final de la ense­ñan­za de Lacan, el nom­bre del incons­cien­te: “el suje­to que tie­ne su sopor­te en el par­lê­tre, que es eso que designo como el incons­cien­te” [cita del autor a El sintho­me, de Lacan, p. 56], y tam­bién: “mi expre­sión de par­lê­tre (hablan­te­ser), que sus­ti­tui­rá en el incons­cien­te de Freud (incons­cien­te que se lee así) [Izco­vich citan­do a Lacan, Joy­ce el sin­to­ma, p. 592], y en el mis­mo sen­ti­do: “el par­lê­tre, es un modo de expre­sar el incons­cien­te” [otra cita Izco­vich a Lacan: La Ter­ce­ra, s.p.]. El incons­cien­te es así lo que fun­da al ser, “él ser espe­ci­fi­ca­do por el incons­cien­te”. (Izco­vich, 2013, p.187)

Es evi­den­te que la nue­va con­cep­ción del incons­cien­te real en Lacan a par­tir del par­lê­tre como efec­to del goce de la letra en el cuer­po, más allá del suje­to del incons­cien­te, ya no está vin­cu­la­da sola­men­te al incons­cien­te en sen­ti­do sim­bó­li­co como incons­cien­te-metá­fo­ra. No es que esta con­cep­ción se haya aban­do­na­do en sen­ti­do radi­cal. Nos pare­ce que en las for­ma­cio­nes del incons­cien­te en la expe­rien­cia clí­ni­ca siguen hallán­do­se los enjam­bres sig­ni­fi­can­tes, los enjam­bres del sig­ni­fi­can­te sub­ín­di­ce 1 (S1, essaim), el sen­ti­do, etc., en tan­to hay tam­bién un goce del sen­ti­do y del sín­to­ma a ser ela­bo­ra­dos y por des­ci­frar. Aho­ra la cues­tión de la letra per­mi­te ela­bo­rar otra con­cep­ción del incons­cien­te. Sobre esto escri­be Izco­vich: “Así es como se aprehen­de­rá que la letra es lo que jus­ti­fi­ca la noción del incons­cien­te real, que es plan­tea­da por Lacan como la úni­ca defi­ni­ción posi­ble del incons­cien­te” (2013, p. 225).

El pro­pio cuer­po ven­drá tam­bién a jugar un nue­vo papel cen­tral en esta ela­bo­ra­ción de la últi­ma ense­ñan­za. Dice Miller (2013): “En lugar del Otro hay un prin­ci­pio de iden­ti­dad total­men­te dis­tin­to, el cuer­po. No el cuer­po del Otro sino el cuer­po pro­pio … diría sobre este cuer­po, que es el Un-cuer­po” (p.107).

No podre­mos exten­der­nos en torno a la noción del Unbe­wusst freu­diano: la-una-equi­vo­ca­ción que Lacan (1989b) replan­tea­rá for­mal­men­te en esta eta­pa de su ense­ñan­za acer­ca de su nue­va noción de incons­cien­te, que de algún modo ya la había intro­du­ci­do des­de Fun­ción y cam­po de la pala­bra (1953/1989b) aun­que en otro plano teó­ri­co. Sobre el uso que Lacan hizo del Unbe­wusst freu­diano, Miller dice que se tra­ta de un inter­cam­bio, una sus­ti­tu­ción, en vez de tan sólo una mera tra­duc­ción a par­tir de una aso­nan­cia. Inclu­so esta­ble­ce allí una ante­rio­ri­dad lógi­ca para el Unbe­wusst. Más allá de esta con­tro­ver­sia del une-bêvue, lo que que­re­mos des­ta­car es que la bêvue es una apues­ta de Lacan para ir más allá del incons­cien­te de Freud en su acep­ción sim­bó­li­ca, en pos de plan­tear que la una-equi­vo­ca­ción pro­pia del decir, y por ende cons­ti­tu­ti­va del incons­cien­te, repre­sen­ta un esfuer­zo más por dar cuen­ta de lo real en el par­lê­tre. Es has­ta el pre­fa­cio a la intro­duc­ción ingle­sa del Semi­na­rio 11, como des­ta­ca Miller, “que Lacan vuel­ve a equi­pa­rar el incons­cien­te con lo real”. Ahí expli­ci­ta la fór­mu­la “el incons­cien­te es real” para desig­nar que el incons­cien­te inci­de sobre el cuer­po en tan­to que sus­tan­cia de goce.

Referencias

Alber­to­ni, S., (2008). Colec­ti­vo Tra­ve­su­ras Eró­ti­cas, & Pasa­je de Len­guas. El fra­ca­so del Un-des­liz es el amor: A la mane­ra del semi­na­rio oral de Jac­ques Lacan (1976–1977). Orte­ga y Ortiz Edi­to­res.

Ale­mán, J., & Larrie­ra, S. (1998). Hei­deg­ger: Lacan. Miguel Edi­cio­nes.

Ale­mán, J., & Larrie­ra, S. (2009). Ver­sio­nes de la letra. Con­se­cuen­cias: Revis­ta digi­tal de psi­co­aná­li­sis, arte y pen­sa­mien­to, (3).

Amor, E. (2018). Lacan con Pon­ge, ‘poe­ta de las cosas’. Enla­ces: Psi­co­aná­li­sis y cul­tu­ra, (24). https://​www​.revis​taen​la​ces​.com​.ar/​r​e​v​i​s​t​a​-​24/

Ber­me­jo, M. C. (2023). Hacia una lógi­ca de lo real para el psi­co­aná­li­sis. Edi­cio­nes CPG.

Beu­chot, M. (2005). His­to­ria de la filo­so­fía del len­gua­je. Fon­do de Cul­tu­ra Eco­nó­mi­ca.

Bous­sey­roux, M. (2016). Iden­ti­fi­ca­tions et iden­ti­té: Du tore de la névro­se au noeud du dire. Revue des Collè­ges de Cli­ni­que Psy­cha­naly­ti­que du Champ Laca­nien, 15(1), 186–192.

Bous­sey­roux, M. (2013). La razón a par­tir de Lacan. Fede­ra­ción de Foros del Cam­po Laca­niano.

Eidelsz­tein, A. (2017). Otro Lacan. Letra Viva.

Fie­rens, C. (2012). Que veut dire «dire»? Essaim, 28(1), 133–141. https://www.cairn.info/revue-essaim-2012–1‑page-133.htm

Grei­mas, A. J., & Cour­tés, J. (2006). Semióti­ca: Dic­cio­na­rio razo­na­do de la teo­ría del len­gua­je (Ori­gi­nal publi­ca­do en 1976). Gre­dos.

Hei­deg­ger, M. (1959). De camino al habla. Edi­cio­nes del Ser­bal.

Hei­deg­ger, M. (2023). De la esen­cia del habla y de la pre­gun­ta por el arte (Tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 2010). Fides.

Izco­vich, L. (2013). Las mar­cas de un psi­co­aná­li­sis. Uni­ver­si­dad Pon­ti­fi­cia Boli­va­ria­na.

Lacan, J. (1974). El semi­na­rio, libro 21: Los no incau­tos yerran (iné­di­to en espa­ñol, cla­se del 11 de junio de 1974). https://​semi​na​rios​la​can​.word​press​.com/​w​p​-​c​o​n​t​e​n​t​/​u​p​l​o​a​d​s​/​2​0​1​5​/​0​2​/​2​6​-​s​e​m​i​n​a​r​i​o​-​2​1​.​pdf

Lacan, J (1977). Semi­na­rio 25, Cla­se 1. Una Prác­ti­ca de Char­la­ta­ne­ría. https://​www​.psi​cop​si​.com/​w​p​-​c​o​n​t​e​n​t​/​u​p​l​o​a​d​s​/​2​0​2​1​/​0​6​/​L​a​c​a​n​-​S​e​m​i​n​a​r​i​o​2​5​.​pdf

Lacan, J. (1981). El semi­na­rio, libro 20. Aún.Paidós.

Lacan, J. (1986/1988). La Ter­ce­ra. En Inter­ven­cio­nes y Tex­tos. (tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 1986). Manan­tial Lacan, J. (1987). La equi­vo­ca­ción del suje­to supues­to al saber. Momen­tos cru­cia­les de la expe­rien­cia ana­lí­ti­ca, Bue­nos Aires, Manan­tial.

Lacan, J. (1989a). El semi­na­rio sobre La car­ta roba­da. En Escri­tos 1 (Tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 1957). Siglo XXI.

Lacan, J. (1989b). Fun­ción y cam­po de la pala­bra y el len­gua­je en psi­co­aná­li­sis. En Escri­tos I (Tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 1953). Siglo XXI.

Lacan, J. (1992). El semi­na­rio, libro 3: Las psi­co­sis (1955). Siglo XXI.

Lacan, J. (2008a). La lógi­ca del fan­tas­ma. En Otros escri­tos (Semi­na­rio 1966–1967). Pai­dós.

Lacan, J. (2008b). La equi­vo­ca­ción del suje­to supues­to saber. En Otros escri­tos. Pai­dós.

Lacan, J. (2012a). Radio­fo­nía. En Otros escri­tos. Pai­dós (tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 1970)

Lacan, J. (2012b). Litu­ra­te­rre. En Otros escri­tos. Pai­dós (tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 1971)

Lacan, J. (2012c). Tele­vi­sión. En Otros escri­tos. Pai­dós (2012). (tra­ba­jo ori­gi­nal publi­ca­do en 1970)

Larrie­ra, S. (2019). Arte­fac­tos intras­cen­den­tes. Are­na Libros.

Lau­rent, E. (2023). Una visión del res­plan­dor del Uno. En J.-A. Miller (Ed.), El Uno en la expe­rien­cia ana­lí­ti­ca: Lec­tu­ras del semi­na­rio 19… o peor. Gra­ma.

Lau­rent, E. (2003). El camino del psi­co­ana­lis­ta. En J.-A. Miller (Ed.), La expe­rien­cia de lo real en la cura psi­co­ana­lí­ti­ca (pp. 181–202). Pai­dós.

Leguil, C. (2013). Usos laca­nia­nos de la onto­lo­gía. Vir­tua­lia, 27(1). https://​www​.revis​ta​vir​tua​lia​.com/​a​r​t​i​c​u​l​o​s​/​2​1​2​/​l​a​c​a​n​-​d​e​-​l​a​-​o​n​t​o​l​o​g​i​a​-​a​-​l​a​-​h​e​n​o​l​o​g​i​a​/​u​s​o​s​-​l​a​c​a​n​i​a​n​o​s​-​d​e​-​l​a​-​o​n​t​o​l​o​gia

López, H. (2004). Lo fun­da­men­tal de Hei­deg­ger en Lacan. Letra Viva.

Miller, J.-A. (2003). La expe­rien­cia de lo real en la cura psi­co­ana­lí­ti­ca. Pai­dós.

Miller, J.-A. (2007). Cosas de fami­lia en el incons­cien­te. Medio­di­cho, (32).

Miller, J.-A. (2011a). El ser y el Uno (iné­di­to, cla­se del 23 de mar­zo de 2011). https://​es​.scribd​.com/​d​o​c​u​m​e​n​t​/​5​5​2​0​6​2​9​2​3​/​M​i​l​l​e​r​-​J​A​-​E​l​-​s​e​r​-​y​-​e​l​-​uno

Miller, J.-A. (2011b). Leer un sín­to­ma. https://​revis​taen​la​ces​.com​.ar/​a​r​c​h​i​v​o​s​/​e​n​l​a​c​e​s​_​y​/​l​a​_​e​s​c​u​e​l​a​/​L​e​e​r​_​u​n​_​s​i​n​t​o​m​a​-​J​_​A​_​M​i​l​l​e​r​.​pdf

Miller, J.-A. (2011c). Suti­le­zas ana­lí­ti­cas. Pai­dós.

Miller, J.-A. (2013). El ulti­mí­si­mo Lacan. Pai­dós.

Miller, J.-A. (2023). El Uno en la expe­rien­cia ana­lí­ti­ca: Lec­tu­ras del semi­na­rio 19… o peor. Gra­ma.

Mil­ner, J.-C. (1998). El amor de la len­gua. Visor.

Por­ge, E. (2010). Let­tres du sym­ptô­me. Essaim.

Por­ge, E. (2008). La ron­da de los níti­dos deci­res a medias. En M. Plon & H. Rey-Flaud (Eds.), La ver­dad: Entre psi­co­aná­li­sis y filo­so­fía. Nue­va Visión.

Rodrí­guez, P. R. (s. f.). L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mou­rre: Semi­na­rio 24 de Jac­ques Lacan. https://​es​.scribd​.com/​d​o​c​u​m​e​n​t​/​4​9​7​5​2​4​1​0​4​/​S​e​m​i​n​a​r​i​o​-​2​4​-​v​e​r​s​i​o​n​-​RRP

Rodrí­guez, P. R. (1974). Les non-dupes errent ou les noms du père: Semi­na­rio 21 de Jac­ques Lacan (iné­di­to). https://​www​.aca​de​mia​.edu/​4​4​1​1​8​077

Saet­te­le, H. (2024). La enun­cia­ción, ese enig­ma (en pren­sa).

Schejt­man, F. (2013). Ensa­yos de clí­ni­ca psi­co­ana­lí­ti­ca nodal. Gra­ma.

Soler, C. (2013a). El en-cuer­po del suje­to. Glo­ria Gómez Edi­cio­nes.

Soler, C. (2013b). La ter­ce­ra de Jac­ques Lacan (1974). Plie­gues.

Notas

  1. Carre­ra de Psi­co­lo­gía, Facul­tad de Estu­dios Supe­rio­res Izta­ca­la. Uni­ver­si­dad Nacio­nal Autó­no­ma de Méxi­co. Correo: sinthome@unam.mx
  2. Psar­lê­tre , tér­mino usa­do por Lacan en el Semi­na­rio XXIV L´unbewusste s´aile a la morre (1976–1977, Cla­se del 8 de Mar­zo de 1977, iné­di­to, en la ver­sión de Alber­to­ni, El fra­ca­so del Un-des­liz es el amor,1977, p.142).
  3. Ver la “tabla de neo­lo­gis­mos crí­ti­cos” sobre el être crea­dos por Lacan a lo lar­go de su ense­ñan­za, resu­mi­da mag­ní­fi­ca­men­te por Alfre­do Eidelsz­tein (2017).
  4. “Agu­je­ro-trau­má­ti­co”. Neo­lo­gis­mo de Lacan que con­den­sa trou (del fran­cés) que sig­ni­fi­ca “agu­je­ro” y trau­ma­ti­que, que remi­te a “trau­má­ti­co”, refi­rién­do­se así a lo real no sim­bo­li­za­ble, que deja un agu­je­ro o bor­de.
  5. “Rat­ta­ge, coin­ca­ge”, “tirai­lle­ments”. Véa­se: Erik Por­ge (2010).
  6. Lacan se refie­re en ese pasa­je, a la ana­lo­gía que se le for­mó acer­ca del efec­to de la letra en lo real, con el pano­ra­ma de lo que apa­re­ció en su via­je en avión sobre la pla­ni­cie sibe­ria­na. Las cur­si­vas son nues­tras.
  7. “Ver­gon­zon­to­lo­gía”, neo­lo­gis­mo com­pues­to por “hon­te”: ver­güen­za, en fran­cés, y onto­lo­gie: onto­lo­gía.