What Speech Wants to Say
Abraham Pliego Aceves[1]
Facultad de Estudios Superiores Iztacala, Universidad Nacional Autónoma de México
El vacío es el único modo de atrapar algo con el lenguaje.
Lacan Seminario … O peor (1971/2012b, p.11)
Lo real, diré, es el misterio del cuerpo que habla,
es el misterio del inconsciente. Lacan (1981, p.158)
De hecho el sujeto del inconsciente sólo toca el alma por el cuerpo,
por introducir en él el pensamiento … El hombre no piensa
con su alma… porque una estructura, la del lenguaje,
—la palabra lo comporta— … recorta su cuerpo.
Lacan, Televisión (1970/2012c, p. 538)
Resumen
El presente trabajo traza el giro radical de la elaboración conceptual del sujeto al parlêtre en Lacan. Parte de su concepción inicial del “sujeto del inconsciente” constituido y determinado por el lenguaje, que condiciona su acceso a lo simbólico y lo “mortifica” (silencio de los órganos), sin situar allí al cuerpo como núcleo de esa elaboración. Si bien Lacan ya concebía al inconsciente como la suma de los efectos de la palabra sobre el sujeto, había una reticencia al plantear que no se designaba al sustrato viviente necesario ni ninguna especie de sustancia. Se trata entonces ahora de: un ser de goce como un cuerpo afectado de goce, el ser es un cuerpo. Esa nueva conceptualización tiene consecuencias colosales respecto de una clínica del parlêtre.
Palabras clave: sujeto del inconsciente, decir; parlêtre; la lengua; sustancia gozante; inconsciente-real.
Abstract
This work roughly traces the radical shift in Lacan’s conceptual elaboration from the subject to the parlêtre. It starts from his initial conception of the “subject of the unconscious” constituted and determined by the language that conditions its access to the symbolic and mortifies it (silence of the organs), without placing the body as the core of that elaboration. Although Lacan already conceived the unconscious as the sum of the effects of the word on the subject, there was some reluctance when stating that it did not designate the necessary living substrate, nor any kind of substance. So now it is about: a “being of jouissance” as a body affected by jouissance, the being is a body. This new conceptualization has colossal consequences regarding a “parlêtre” clinic.
Keywords: subject of the unconscious; to say; parlêtre; language; enjoying substance; unconscious-real.
La Pregunta Sobre el Decir
¿Qué quiere el habla decir? ¿Qué quiere decir el sujeto al hablar? ¿Qué quiere decir el decir? Esta interrogante atraviesa las reflexiones que hacemos en el texto convocadas, sobre todo, por el habla y el decir en el discurso y en la experiencia psicoanalítica del parlêtre y su falta-en-ser, dado que siempre se dice menos de lo que se quiere decir y más de lo que se expresa. Aunque también en el hablar ordinario, e inclusive en el discurso científico y en el filosófico, siempre queda un resto inatrapable de lo real, pues el decir es no-todo en las vueltas de lo dicho, porque:
… lo simbólico es un factor de confusión, [hay] una inadecuación de lo simbólico … el significante nos pierde … la adecuación de lo simbólico a lo real solo hace las cosas fantasmáticamente. Es un fantasma creer que la palabra hace a la cosa, es un fantasma creer que lo simbólico sea adecuado a lo real (Miller, 2013, pp.192–193).
Al hacernos esas preguntas no pretendemos definir lo que significa el hecho de hablar tal cual en términos lingüísticos o filosóficos. Ni proponer dar con la significación correcta en lo que se dice, como si la hubiese, puesto que no hay “el” significado. Mucho menos pretender que se reduzca el hablar a su vertiente operacional como a la que quiso llevarnos en su momento el positivismo lógico, y luego el cientificismo psicologista. Porque el significante remite siempre a otro significante, dice más de lo que se quiere decir y menos de lo que puede ser dicho, ya que, en última instancia, se trata de las vueltas del “psarlêtre”, del “psablaser” [2], que nos permitimos interpretar como “psi-hablaser”, y traducido como psablaser por Albertoni (2008), ya que con esos neologismos Lacan remite de modo irónico al uso de la dimensión subjetiva, psi, del pensamiento, por parte de múltiples discursos respecto del parlêtre. En los términos de Lacan en el seminario El fracaso de un desliz, en la versión de Albertoni (2008):
El conjunto de esos aparatos es lo que se llama Psi, dicho de otro modo, lo que Freud no pudo evitar marcar como la inicial de la psique “ … eso nos tuerce la mano a, a pensar que no solamente está el parlêtre sino que está el … también el psablaser, en otros términos, que todo no existiría si no fuera por el, el funcionamiento de esa cosa no obstante grotesca que se llama el pensamiento” (p.142).
1. Habla, Lenguaje y Sujeto del Lenguaje
El lenguaje suele ser pensado como una capacidad propia de la especie humana, sea como facultad, medio de comunicación, función social, etcétera, lo cual determina un modo particular de abordaje. Greimas y Courtes (1976) destacan:
… el lenguaje es el objeto de saber … que no es definible en sí, sino solamente en función de los métodos y de los procedimientos que permitan su análisis y/o su construcción; de ahí que toda tentativa de definir el lenguaje (como facultad humana, como función social, como medio de comunicación, etc.) refleja una actitud teórica que condiciona a su manera el conjunto de los «hechos semióticos» (p. 238).
De entrada, podemos observar que comúnmente se enfatiza la vertiente comunicativa del lenguaje o su modo de abordaje. Incluso a ese nivel podemos destacar el problema central que aqueja al lenguaje en cuanto que no es sino representativo del objeto, de lo real. No es el objeto en sí, tan solo representa.
Esta imposibilidad de aprehenderlo es lo que da cuenta de su naturaleza sui generis, incorporal, a medio camino entre lo sensible y lo no sensible. Dado que el lenguaje no puede dar cuenta de lo real fehacientemente ni de lo que le corresponde puntualmente, ya que, como plantea Lacan, el significante remite a otro significante, pues sólo lo re-presenta sin agotarse en lo dicho, al ubicarse en los intersticios de lo imaginario-simbólico-real que Lacan representa en los agujeros del nudo borromeo.
En De un Diálogo Acerca de la Habla, Heidegger (1959) plantea esa cualidad del lenguaje en la que refiere a la naturaleza material del lenguaje y a su cualidad significante:
Porque el habla misma descansa sobre la diferencia metafísica de lo sensible y lo no-sensible, en la medida en que los elementos de base, sonido y escritura, por un lado, la significación y el sentido por otro, sostienen la estructura del habla (p. 94).
Como iremos mostrando a lo largo de nuestro texto, Lacan ubica esta cualidad central del lenguaje en la enunciación, el goce, el sentido, la letra, entre otros. Su concepción del lenguaje y del significante difiere radicalmente de cualquier otra, en tanto que no lo aborda mediante un estudio formalista en sí, sino para determinar su incidencia sobre el sujeto, en tanto que lo separa respecto de su deseo y produce efectos sintomáticos de goce frente a ese agujero en lo simbólico, ineliminable e incolmable.
Para Heidegger, la trascendencia del lenguaje es tal que no lo considera como un medio, facultad o función del sujeto, ni se restringe a pensarlo desde las posibilidades de un método específico de abordaje, pues, como sabemos, más bien cuestiona dichas concepciones en tanto que piensa al lenguaje como la dimensión esencial de la existencia de lo humano, al punto de considerarlo la “casa del ser”. El lenguaje no puede ser restringido a una mera consideración lingüística, filosófica, psicológica, entre otras, sino que debe ser pensado ontológicamente, “como una reflexión ontológica de la relación del hombre, a través del lenguaje, con el Ser” (Beuchot, 2005, pp. 293–294).
Esta manera de concebir el lenguaje y el habla tiene una gran proximidad con la concepción inicial de Lacan. Podría afirmarse que Lacan abrevió en un primer momento la concepción heideggeriana a la par de ir retomando y reformulando conceptos y teorías propios de la experiencia clínica psicoanalítica a partir de su intrincada relación con Freud y el discurso psicoanalítico en general. Posteriormente Lacan se iría distanciando hasta dar un giro radical al seguir formalizando clínica y lógicamente las dit-mansiones (dichomansiones, mansiones de lo dicho) del sujeto y del decir ‑real-simbólico-imaginario,
Algunos autores han tematizado esos modos de contacto entre Heidegger y Lacan, en términos de “proximidad” (Aleman y Larriera, 1998) o “cruce” (López, 2004). Y como sabemos, el mismo Lacan utiliza explícitamente el término fraternidad respecto del decir en ese contexto
Esta cercanía la observamos, por ejemplo, en El Habla donde Heidegger (1959) plantea con la elocuencia que lo caracteriza la tensión del decir en el habla:
Reflexionar acerca del habla requiere entonces adentrarse en el hablar del habla para establecer nuestra morada en ella, esto es, en su hablar, no en el nuestro. Sólo de este modo podemos llegar al ámbito dentro del cual puede darse o no darse que desde ella misma el habla nos confíe su esencia … (p. 12).
Más adelante, al mostrarnos la complejidad del habla, Heidegger (1959) plantea algo central en El Camino al Habla: el decir, al que “obedece y sigue”, que “brota de lo antiguamente hablado…aun inhablado”, que permea y atraviesa el hablar, que podría prestarse a ser pensado —el decir— como entidad fantasmal. Lo citamos:
Pero ¿habla el habla misma? … y sin embargo, el habla habla. Obedece y sigue, primeramente en lo propio, a lo que es esencial en el hablar: el decir. El habla habla, en cuanto que dice, esto es, muestra. Su decir brota del antiguamente hablado, pero hasta ahora aún inhablado, Decir, (Sage) que atraviesa y permea el trazo abriente del habla, del eso del habla … El Decir procurando pensar el despliegue del habla a partir de él, ¿no corremos, acaso, el peligro de elevar el habla a una entidad fanstasmal, existente en sí e inencontrable en parte alguna, mientras que continuemos reflexionando sobriamente acerca del habla. (Heidegger, 1959, p. 229)
Aunque Lacan parte de la proximidad con Heidegger, fue formalizando su concepción del significante sobre el sujeto en la experiencia analítica para dar cuenta de sus efectos traumáticos (troumatiques). Esto llevó a la formulación de lo real en el decir y sus efectos de goce en el cuerpo, que marcaron un viraje fundamental respecto de cualquier otro tipo de formulación de corte lingüístico o filosófico.
En ese recorrido puede cotejarse, grosso modo, que en el inicio Lacan piensa al sujeto en tanto que “sujeto del inconsciente”, “sujeto del lenguaje”, “ser de lenguaje”, “serdiciente” [3], constituido en y por el lenguaje, a partir de la conjunción Freud – Heidegger. Al final de su enseñanza, Lacan concebirá al lenguaje como “parlêtre” —propuesto también por Heidegger—, pero afectado por la incorporación y la inmixión “troumatique”[4] (traumática) del significante del Otro en el cuerpo, y ya no meramente desde la dimensión ontológica o simbólica, mucho menos en sentido subjetivista.
Sobre esta primera concepción de Lacan y su posterior transición, Izcovich (2013) escribe:
El sujeto es determinado por el significante. Esta tesis de Lacan pone una relación de dependencia, el sujeto está ligado al significante, y existe una relación de prevalencia: el significante es primario y condiciona la constitución del sujeto. Esta concepción permite formular que el sujeto encuentra su condición en el Otro del lenguaje e implica que su entrada en el lenguaje determina el acceso a lo simbólico. No es la última tesis de Lacan. La introducción del término de parlêtre, hablanteser, responde a una puesta en cuestión por parte de Lacan de su propia elaboración que concierne al estatuto de lo simbólico (p. 179).
Lacan no abandonó su concepción fundamental del efecto del significante sobre el sujeto, pero la reformuló, ya que al principio pensó el efecto como mortificación del cuerpo, apaciguamiento de la pulsión y del síntoma. Esta primera concepción implicaba una cierta separación del significante y el cuerpo, así como una relativización del goce, pues el trabajo de la interpretación y la cura se basa en el desciframiento simbólico del inconsciente. Al final, Lacan reconocerá la necesidad de reintroducir el cuerpo en la formulación inicial para dar cuenta de la “intrusión” traumática del significante, lo cual se convertirá en el eje central de su última investigación. Lo reafirma: “En efecto, Lacan cambia. Si durante cierto tiempo formuló que el sujeto padece del significante, más tarde da una definición del ser de goce como un cuerpo afectado de goce” (Izcovich, 2013, p.181).
Se trata, entonces, ya no del sujeto afectado por el significante sino por el goce. Continúa Izcovich:
el “parlêtre”, equivalente al ser de goce, se vuelve, al final de la enseñanza de Lacan, el nombre del inconsciente … el inconsciente es así lo que funda al ser” … el paso del sujeto al ser encuentra su justificación en el hecho de que el sujeto es supuesto, el ser es del orden de lo real y no va sin el cuerpo, al punto que Lacan dice “el ser es un cuerpo (2013, pp. 187–188).
Aquí el autor nos muestra la polémica de fondo en torno a las determinaciones ontológicas del lenguaje pensadas desde Heidegger, de las que Lacan se diferencia de modo fuerte. Esta es una discusión apasionante que nos interpela profundamente, pero que no podemos proseguir aquí. Sin embargo, podemos al menos explicitar la acepción del “ser” en el Lacan posterior que remite a lo real y al cuerpo más allá de la densa acepción ontológica heideggeriana en términos generales como efectos del significante, “marcas eficaces de goce” (Izcovich), “letras de goce”, “inscripciones donde lo simbólico toma cuerpo”, o “se vuelve el lugar de lo simbólico”.
2. El Habla y el Decir
Es en el misterio del goce del parlêtre en el decir, donde se genera nuestra interrogación. Dada la inquietud y la dificultad de lo que quisiera ser dicho desde las fallas, los arrinconamientos y los jaloneos[5] en el nudo del decir, en las dimensiones del decir (ditmansiones). Pues, como lo recordábamos, y volvemos a traer a colación, Lacan mismo en Una Práctica de Charlatanería (1977) plantea:
… quiero decir que es justamente con la inadecuación de las palabras a las cosas aquello con lo que tenemos que ver … y que la adecuación de lo simbólico no hace a las cosas más que fantasmáticamente” (p. 4).
Es así que Lacan va a proponer más oportunamente una henología (hay del Uno) en el Seminario Aún para pensar el decir a partir del goce y el Uno, en pos de desmarcarse de tematizaciones propiamente ontológicas que otros han desarrollado. Entre ellos, por ejemplo, Miller (2011a) en El Ser y el Uno, en Alemán y Larriera (2009), y en Bermejo (2023), quien se ha propuesto elaborar una “lógica de lo real para el psicoanálisis” en tanto se busca construir una episteme propia para el decir en psicoanálisis a la que denomina deciteme; y Saettele (2024), que ha planteado la necesaria formulación de una “deixis psicoanalítica”. Sendos desarrollos que, por ahora, sólo podemos señalar, pues nos llevarían a otros ámbitos de tematización más amplios y a la vez específicos que aquí no podemos desplegar.
Es abordar el decir desde lo recón-dito (rincón de lo dicho) haciéndolo resonar con la proximidad homofónica y la transliteración del término francés réson que Lacan retomó de F. Ponge, por primera vez, en Función y campo de la palabra (1953/1989), cuya “grafía condensa la homofonía entre réson derivado del verbo résonner (resonar) y raison (razón)”, como afirma Amor (2018, p. 1).
“Razón” que, por otra parte, en francés remite a la proporción, al rapport en el sentido matemático, lo que le permite a Lacan articular “no hay rapport entre los sexos”, esto es, no hay relación, proporción, armonía entre los sexos. Hay actos, “relaciones sexuales”, por supuesto, pero ello no equivale a armonía, relación plena, ideal.
El “no hay relación” ha permitido llevar a repensar diversos aspectos del saber psicoanalítico, entre ellos el lenguaje y sus impasses, en tanto permite cuestionar la significación, el sentido ordinario, pues “el significante nos pierde y es en particular responsable de la no relación sexual” (Miller, 2013, p. 192). Se trata más bien del sentido como gozado, en-cuerpo (Soler, 2013a) en la historia del sujeto, arraigado en el cuerpo como goce del propio cuerpo “goce del Uno”, arrinconado en el decir, que la intervención analítica va poniendo a punto.
Es lo que Amor (2018) resalta al abordar la réson y las resonancias que Lacan deriva de allí:
… Es destacable que retome este neologismo cuando está pronunciando un vivaz cuestionamiento de los fundamentos del psicoanálisis (1971–1972) … Se pone en juego el “No-Hay”: “no hay relación sexual” … Y puesto que no hay sentido común, el sentido es sentido gozado, goce del Uno, del propio cuerpo. Esto tendrá consecuencias en la forma de pensar la clínica, en tanto le devuelve la vivacidad al sujeto al transformarlo en parlêtre, viviente que tiene un cuerpo y que a falta de programación sexual tiene síntomas, puesto que el lenguaje hace agujero con el que cada ser hablante debe arreglárselas … contingentemente se podrá tocar bordes que son experiencias de goce y en los que resuena la lengua. El cambio de paradigma de la intervención analítica resultará en hacer oír el eco de un decir que ¡despierta! (2018, p. 2).
Resonancia, eco en lo dicho, enigma de la enunciación, equívoco-oscuro que aguarda fantasmagóricamente en la palabra (Saettele, 2024). Porque al hablar trastabillamos con el decir pues no se puede decir todo y no hay sino equívoco, resonancias, vueltas del decir. Hablar es no-todo. Es “la ronda de los nítidos decires a medias” para usar el título del texto de Porge (2008). Si bien Porge discute principalmente la cuestión de la verdad en Lacan y en el psicoanálisis, no deja de articular a la palabra, la letra, la Cosa freudiana, etc. Sirva a manera de ejemplo:
Este primer abordaje de la verdad, variedad, revela, pero también con la letra su estrecho vínculo con la palabra … La letra no está tomada en una oposición entre la palabra y el escrito, ni es concebida como idéntica a sí misma. Lo que interesa a Lacan son sus cambios de lugar, (su insistencia) y los efectos subjetivos que resultan de ello para quienes son sus poseedores o para aquéllos a quienes se dirige (p. 118).
En términos de Charles Fierens (2012): “estos dichos y oídos en lo concreto de tal o cual tratamiento como en tal o cual teorización corren siempre el riesgo de quedar como aproximaciones imaginarias” (p.1).
Sobre esta cualidad del equívoco al interior del lenguaje el mismo Heidegger (2023) plantea:
Una vez que “la palabra” está determinada al interior del no validado ámbito de la objetualización, ya ni siquiera la más profunda “filosofía del lenguaje” puede ser de ayuda para salir de tal equivocación, puesto que el lenguaje mismo habla la lengua de dicho equívoco al explicar sus conocimientos sobre la palabra en tanto lenguaje (p. 68–69).
Dada esa imposibilidad, Lacan se embarcó en la búsqueda de otros recursos lógicos y topológicos para ceñir, cercar, ese centro inalcanzable alrededor del cual gira la demanda, el deseo, el decir, no para pretender saldarlo, lo cual es imposible, sino para mostrar el “no-todo”, el agujero que le es inherente y los efectos que genera en el parlêtre, respecto de lo que no se trata de “callar”. Lo único que posee el hablante-ser para acceder a lo real no es otro recurso que el lenguaje y, aunque no lo salva de su desamparo, ciñe, cierne, aprieta lo real, en ese medio decir sobre lo que lo divide y lo aqueja. Afectación, por cierto, por el goce parasitario del significante que hiende al sujeto y toma cuerpo en diversas formaciones al estar en suspenso, abierto, en la incertidumbre y la angustia frente a las señales e intrusiones de lo real que no cesan.
La proximidad y ciertos cruces sobre el lenguaje en Heidegger y Lacan crearon una diferencia sustancial entre ambos. Porque el peligro de elevar el Decir a una entidad fantasmal, como afirma Heidegger, no se traduce en que en el discurso psicoanalítico el decir se piense desde esa suerte de entidad fantasmal. ¿Sería acaso que Heidegger estaba aludiendo al inconsciente freudiano? En todo caso, el inconsciente no es una entidad. No hay tal entidad y menos en sentido sustancialista. Se trata, en última y primera instancia, de una formación in-corporal, de un efecto del lenguaje sobre el sujeto que lo divide, como Lacan nos enseñó a pensar. El inconsciente “es el discurso del Otro” afirma. El inconsciente está estructurado desde y como un lenguaje.
Entre el sujeto y lo real se construye la realidad psíquica la estructuración lógica y puesta en juego del fantasma, que no tiene nada que ver con una acepción mistificante que entra en juego en el decir del habla. Respecto de esta condición del decir, Saettele (2024) escribe:
Esto no es optar por lo inenarrable, lo inefable. El discurso psicoanalítico no gira ni hacia la eliminación de la ambigüedad del enunciado ni hacia la magia. Trata al contrario de mantenerse junto en la detección de los puntos de sutura entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Trata de desligar el sujeto de la enunciación del sujeto del enunciado, ya que es en estos puntos de sutura donde el sujeto portador de fantasmas se inscribe. (p. 3)
Puntos de sutura frente a lo real como producciones simbólico-imaginarias que no terminan de apresar ni de reducir al objeto. No hay tal adecuación del intelecto a la cosa. Hay una relación no-toda, en el sentido de que hay un esfuerzo de simbolización del sujeto, de dar sentido, un goce del sentido frente a lo imposible real que hace agujero en lo simbólico.
Porque verdaderamente, la “serie: lengua, habla, lenguaje” (Milner, 1998), no es etérea, sino que echa raíces en el cuerpo, en el lazo con el deseo del Otro, al lugar del Otro y los otros hablanteseres. Lo hemos venido afirmando desde el inicio. Es de lo que Lacan dará cuenta al final de su enseñanza mediante su nueva concepción del sujeto como parlêtre, como sujeto de goce, donde la pulsión y el cuerpo no están ya separados del significante y que incluso lo llevará a formular una nueva concepción del inconsciente como inconsciente real, vinculado al goce. Comentaremos esto un poco más al final de nuestro trabajo. Hay que agregar, aunque sea de paso, que esto no está separado de la dimensión sexual en tanto que el lazo identificatorio al Otro en tanto sexuado, en la condición de gozar del otro cuerpo, el significante opera en el ente, como médium.
Lo que está de por medio en el habla, dirá Lacan, es la letra como marca, como letra de goce que deja surcos en el cuerpo, huellas, restos, que se filtran desde el decir en el enunciado. Son “puntos de sutura” de la enunciación y el enunciado, enclaves donde el goce se instala como goce del sentido.
Esta concepción se encuentra ya prefigurada desde el Seminario de Lacan (1957/1989a) La carta robada en el que se planteaba ya el estatuto material de la letra, y aparecerá después entre las analogías en Lituraterre (1971) (2012b) como la del surcado, de un abarrancamiento de la letra en lo real. Lacan (1953/1989b) escribe allí:
El borde del agujero en el saber, ¿no es eso lo que ella dibuja? ¿Y cómo el psicoanálisis, si, justamente lo que la letra dice “a la letra” por su boca, le era necesario no desconocerlo, cómo podría negar que esté, este agujero, —por lo que, para colmarlo, apela a invocar allí el goce?” (p. 22).
Y continuando con la metáfora de la letra añade:
Lo que se revela de mi visión del chorreado [sic], en el que domina la tachadura, es que al producirse entre las nubes, se conjuga con su fuente, y es en efecto en las nubes … para que encuentre lo que es el significante: o sea, el semblante, por excelencia, si este llueve por su ruptura, efecto que hace que se precipite de ella lo que era allí materia en suspensión … Lo que se evoca de goce al romperse un semblante es lo que en lo real se presenta como abarrancamiento [sic] (p. 25). [6]
Chorreado del significante, que “llueve goce en el cuerpo”, porque el significante no se encuentra encerrado en sí mismo, suspendido, sino que se precipita, se rompe, se abarranca, hace surcos, barrancas de goce “encuerpo”. Esta cita muestra tal cual el distanciamiento tácito que Lacan produjo respecto de la proximidad inicial con Heidegger sobre el habla y la palabra, al disponer del arsenal teórico del descubrimiento freudiano sobre el inconsciente, la pulsión, la repetición, la identificación al rasgo, lo que le permitió adjudicar al sujeto y al significante un estatuto nuevo. Esto lo llevaría también a una distinción radical de la concepción del parlêtre propia de Heidegger, más allá de su aparente uso en la misma dirección, al hacer incidir las categorías freudianas y las propias sin las cuales no se habría trascendido el nivel lingüístico, filosófico e incluso subjetivista. La perspectiva sobre el significante que Lacan va introduciendo desde muy pronto en su enseñanza, partiendo de la herencia de Freud, pone de relieve su estatuto de agujero, entre centro y ausencia. Escribe Miller (2003): “… el significante, no tiene solamente efecto de significado, sino también de afecto en un cuerpo. El término afecto debe ser entendido en sentido amplio; se trata de lo que perturba, deja huella en el cuerpo” (pp. 376–377).
Se trata de marcas identificatorias que se transmiten en el habla vernácula, en la “lalengua” (lalangue) familiar. Es el troumatismo del significante que hace mella en el sujeto. Dice Lacan (1974) en el Seminario XXI Los no incautos yerran:
La lengua tiene el mismo parasitismo que el goce fálico con relación a los otros goces, y es ello lo que determina como parásito en lo real lo que tiene que ver con el inconsciente. […] Bien, entonces, de donde hay que partir es de esta fuerte afirmación: la de que el inconsciente no es un conocimiento. Es un saber y un saber en tanto yo lo defino por la conexión de significantes. Primer punto. Segundo punto: es un saber disarmónico que de ningún modo se presta a un matrimonio feliz, un matrimonio que sería feliz, lo que se halla implicado en la noción de matrimonio; esto es lo enorme, lo fabuloso. ¿Quién conoce un matrimonio feliz? (p.140).
El significante, la lengua, es parasitario. No hay matrimonio feliz entre el significante y el sujeto. La cuestión no se reduce a habitar en el mundo del lenguaje, o ser habitado por éste, o ser arrojado al mundo. Claro, somos habitados por el lenguaje y vivimos en la angustia. Pero se trata del ser como ser de goce que en el lazo incorpora al Otro. En términos de Miller (2011a):
De lo que se trata […] es la de abandonar la noción de persistencia en un mundo y del ser hablante como ser en el mundo. Pensarlo como ser en el discurso prohíbe transferirle las propiedades que se le atribuían a su ser en el mundo
El sujeto, ubicable en sus escenarios en el mundo, no puede ser abstraído de su encadenamiento al Otro primordial, como muy bien ilustró Lacan mediante los dos toros entrelazados de la topología de superficies. Es en la familia, en el inconsciente, como afirma Miller (2007), donde se aprende la lengua y se precipita la lalengua.
… El punto de partida es que la lengua que cada uno habla es cosa de familia y que la familia en el inconsciente es primordialmente donde se aprende la lengua materna … de tal manera que, si la familia es una encarnación, es la encarnación de lo que Lacan llama el lugar del Otro … Es decir, la familia es el lugar del Otro de la lengua y por eso es el lugar del Otro de la demanda. O lo que es lo mismo, la demanda debe pasar por la lengua con los efectos traumáticos que eso tiene sobre las necesidades del ser humano ‑pues al pasar por la demanda se produce una desviación en las necesidades- y estas aparecen marcadas por una falta” (pp.17–18)
Y en los términos de Milner (1998) en El amor de la lengua:
La lingüística, en tanto en cuanto está afectada por la posibilidad del psicoanálisis … La cuestión es, pues: ¿qué es la lengua, puesto que existe el psicoanálisis? Pero al decir lengua, evocamos una vez más la serie lengua, habla, lenguaje … La serie, de hecho, como cualquier otra, obtendrá su lógica del término que le es exorbitante y que está destinada a obliterar: ese término, nombrado por subterfugio, es lalengua, dicho de otra forma, aquello gracias a lo cual, en un solo y mismo movimiento, tenemos la lengua (o seres calificables como hablantes, lo que viene a ser lo mismo) y el inconsciente. Sea pues, lalengua; el lenguaje designa lo que elucubra el saber en lo concerniente a lalengua […]. (p. 21)
No podemos extendernos más en esto. Nos conformamos con subrayar la distancia tomada por Lacan respecto del decir en el sentido puramente formal, ontológico o psicológico. Aunque es cierto, como lo muestra Leguil (2013), que hubo un cierto recorrido de carácter ontológico en esa creciente formalización. En este recorrido ella ubica varios momentos en los que advierte un primer período al que denomina “discurso sobre el ser” y luego uno posterior al que llama “discurso sobre el Uno”. Dice la autora:
La ultimísima enseñanza de Lacan tendría esto de desconcertante, nos ha mostrado que se trata también de un adiós a la ontología; es decir, de una aproximación de la palabra, en la experiencia analítica, no en tanto que ésta le permite acceder al núcleo de su ser sino en tanto que es iteración de un acontecimiento de cuerpo, producido por la pura percusión del cuerpo por la palabra … Con el pasaje del sujeto al parlêtre persiste todavía una referencia al ser pero, como J.-A. Miller lo ha mostrado … es un ser que tiene su ser de la palabra, pero tiene su existencia del goce mismo, de reiterar las modalidades de encuentro con el lenguaje a partir de un cuerpo en el que repercuten los ecos. La ontología aparece entonces en segundo lugar en relación con lo real que está primero (Leguil, 2013, p. 1).
Se trata, refiere Miller (2011a) en su curso sobre “El ser y el Uno”, del pasaje de la ontología a la henología, como ontología del Uno. En el mismo Lacan (1986/1998), en La equivocación del sujeto supuesto saber, encontramos la alusión a la resistencia óntica, donde se juega la distinción operada sobre el lenguaje y sus efectos de goce:
Todo lo que concierne al inconsciente sólo juega sobre efectos de lenguaje. Es algo que se dice, sin que el sujeto se represente ni se diga allí, y sin que sepa lo que dice … Pero que pueda existir allí un decir que se diga sin que uno [on] sepa quién lo dice, he aquí a lo que el pensamiento se sustrae: es una resistencia ón-tica (Lacan, 1986, pp. 354–355).
Vaya articulación, resistencia óntica, que se refiere a la concepción de sujeto que Lacan está criticando y de la que se viene separando: la del psarletre (sujeto “psi-pensante” al que nos hemos referido al inicio), que lo concibe tácitamente en la dimensión simbólico-imaginaria, la cual impide que se lo pueda concebir en tanto sujeto de goce (parlêtre). Es decir, aquella concepción que opera una resistencia óntica sobre los discursos psi, e incluso en los de corte filosófico, para pensarlo como sujeto al goce.
Recordemos que, en su esfuerzo de formalización, Lacan (1986/1988) también dio cuenta a través de la topología de los nudos, del lugar del Otro como lugar del goce, en donde ubica al goce del sentido, al goce fálico y al Goce Otro en sus concomitantes calces entre los registros real-simbólico-imaginario (RSI). Así, puede constatarse por ejemplo en La Tercera (1988) y en el Seminario 23 Aún (2006), la introducción del tratamiento topológico del goce en los calces de las dit-mensiones RSI. Solo sugerimos revisar otros desarrollos sobre el goce y la letra en el nudo borromeo. Véase sobre los goces en el nudo borromeo, los textos de: Soler (2013b), Bousseyroux (2013) y el de Schejtman (2013). Y sobre la letra, el significante y la cifra en el nudo, particularmente los de: Larriera (2019), y el de Alemán y Larriera (2009).
3. Goce-Cuerpo-Sustancia Gozante
La articulación: goce del significante y cuerpo encuentra un apoyo central a partir de la toma de posición de Lacan (2008a) respecto de la ontología, a la que irónicamente llama hontología [7], para plantear una óntica propia del parlêtre. Así, más que concebir al sujeto en sentido ontológico, se refiere a una óntica del goce. Afirma en Lógica del fantasma Reseña del Seminario de 1966–1967: “Con esta referencia al goce se abre la única óntica confesable para nosotros” (p. 347). Se trata, pues, de articular al sujeto desde el lugar del Otro. No en sentido general, culturalista, filosófico, etc., sino desde el Otro como lugar del lenguaje y del goce, que parasita el organismo, lo traumatiza al inocular y desviar sus necesidades transformándolo en cuerpo gozante.
En Radiofonía (1970/2012a) Lacan alude al par simbólico-cuerpo en términos de cuerpo de lo simbólico y lo simbólico toma cuerpo. Afirma:
Desde allí, es decir, desde el punto en que lo simbólico toma cuerpo … Vuelvo en primer lugar al cuerpo de lo simbólico, que hay que entender como fuera de toda metáfora … El cuerpo, si lo tomamos en serio, es primero lo que puede llevar la marca propia que lo ordena en una serie de significantes. Ya desde esta marca, es soporte de la relación, no eventual, sino necesaria, ya que es aún soportarla por el hecho de sustraerse a ella. (pp.430–432)
En ese contexto, Lacan trabaja el concepto de incorporal —que citamos al inicio—, que retoma de los estoicos, para abonar a la articulación entre el simbólico y el cuerpo. Sostiene:
Hagamos justicia a los estoicos por haber sabido de este término, el incorporal, firmar en qué lo simbólico sujeta al cuerpo. Incorporal es la función, que hace realidad de la matemática, la aplicación de igual efecto para la topología, o el análisis en sentido amplio para la lógica. Pero es en tanto incorporada como la estructura hace al afecto, ni más ni menos, afecto a tomar únicamente por lo que del ser se articula, no teniendo allí sino ser de hecho, es decir, por ser dicho en algún lado (p.431).
Sujeción del cuerpo a lo simbólico y ser como ser-dicho, ser de hecho, no en sentido especulativo o intersubjetivo. Lo simbólico es concebido como incorporal, se in-corpora y toma al cuerpo, e incluso como cuerpo de lo simbólico. Esta cualidad de incorporal da cuenta de ese lugar del Otro más allá de una mirada sustancialista. Lacan (2008a) es contundente en La reseña de la lógica del fantasma cuando escribe:
… ese lugar del Otro no ha de tomarse en otra parte que en el cuerpo, que no es intersubjetividad sino cicatrices en el cuerpo, tegmentales, pedúnculos que se enchufan en sus orificios para hacer oficio de tomacorrientes, artificios ancestrales y técnicos que lo roen (p. 347).
En Sutilezas analíticas Miller (2011c) vincula esta problemática con el lenguaje cuando dice:
La estructura del lenguaje tal como la utilizamos se elaboró en el elemento de lo no sustancial. Cuando hablamos de articulación significante, queremos decir que un significante no es una sustancia que pueda ser concebida por sí misma, sino, por el contrario, relativa a otro significante, incluso a su conjunto (p.272).
Y en ese marco conceptual Miller (2011c) introduce también la cuestión de la sustancia gozante:
Correlativamente, la sustancia gozante es una modificación conceptual de la sustancia extensa, que reintroduce el cuerpo, la unidad del cuerpo viviente. Cuando arriesgamos la expresión sustancia gozante, se trata de la sustancia corporal, se trata del cuerpo viviente como sustancia y cuyo atributo principal sería el goce como afección de ese cuerpo (p. 272).
Más allá de la polémica suscitada por este último término, podemos suscribir que se trata de la intrusión del Otro, planteada como lo que genera esa suerte de “incorporal” de “sustancia gozante”. Colette Soler (2013a) trae a colación una frase del Seminario El reverso del psicoanálisis, donde Lacan hace una pregunta: ¿Quién es ese que tiene un cuerpo y que no existe? A lo que ella misma responde: “el Otro que no existe, es decir, que no es un viviente y que sin embargo tiene un cuerpo: un cuerpo que no es el suyo un cuerpo en el que se aloja” (p. 126).
Entonces, “lugar del Otro”, “sustancia gozante”, goce, goce del Otro, goce del sentido, objeto a, fantasma, inconsciente, etc., no son sino metáforas vivientes de lo real constitutivo del parlêtre que no lo reducen a un sujeto metafísico, o social, en el mundo, sino a la relación éxtima con el Otro, en esa in-corporación: intrusión-extrusión-extimidad.
En el Seminario Aún, se hablará ya tal cual de sustancia gozante para plantear que no se trata meramente de una propiedad o función organísmica, sino de la afección del cuerpo como efecto quiasmático entre el Otro y el sujeto. Lacan ha arribado, como destaca Soler, de pasar del sujeto en su vertiente simbólica —pasando por la mortificación del goce en el cuerpo por el efecto del significante—, para arribar a la noción de sustancia gozante. Dice sobre esto Soler (2013a): “Lacan dedica entonces muchos años a construir dicha articulación, pero después va a enunciar en el Seminario Aún, lo que llama la “sustancia gozante” … (p. 121).
Pensar el goce de esa manera, desde el lugar del Otro, como la única óntica posible para el psicoanálisis, no es necesariamente atribuirle connotaciones metafísicas sustancialistas. Es una construcción lógica la que le ha permitido dar ese paso, al ir de la mano con la afirmación de que “para gozar hace falta un cuerpo”, pues el sujeto pensado sólo en términos del significante en su acepción simbólica, no permite necesariamente articularlo o derivarlo en esta dirección. En esta derivación conceptual de la sustancia gozante, la herencia freudiana es ineliminable.
Subrayamos también la idea de sustancia gozante como ya no equiparable a la de “sujeto”, de la que Lacan se ha venido despegando para arribar a la concepción de que el parlêtre tiene un cuerpo donde tiene lugar el goce. Es en el en-cuerpo como Un-cuerpo de goce, donde, además, la concepción del inconsciente en Lacan ha sufrido una nueva concepción, como inconsciente real, sobre el cual ya no podremos explayarnos por ahora por falta de espacio, tan sólo indicamos su dirección. Finalmente, señalamos que esta nueva manera de pensar al parlêtre al incluir el goce-en-cuerpo en la última enseñanza de Lacan dará lugar a la concepción del inconsciente, no circunscrito ya meramente a lo simbólico, como inconsciente-metáfora y a su consiguiente desciframiento, sino a lo real, como inconsciente real. Refiere al respecto Izcovich (ya citado):
Así en los términos de sujeto del inconsciente, primera teoría del sujeto en Lacan, donde el sujeto es el efecto de la cadena significante inconsciente, se sustituye el de parlêtre, halanteser, donde el inconsciente es una articulación de los significantes que vehiculan el goce … es por eso que Lacan, de modo coherente, da esta nueva definición del ser: el ser es el goce del cuerpo (pp.185–186).
Hay entonces ya una nueva concepción del inconsciente, derivada del concepto de parlêtre, que conecta el cuerpo y lo simbólico a partir de las marcas dejadas por el significante, la letra de goce. Es el pasaje epistemológico del sujeto del inconsciente al parlêtre: Dice Izcovich citando a Lacan en varios lugares:
Esta elaboración se traduce en la concepción del inconsciente definido por el ser de goce, “es que el ser, hablando, goce” [cita de Izcovich a Lacan en el Seminario Aún, p.128]. De modo más preciso: el parlêtre equivalente al ser de goce, se vuelve, al final de la enseñanza de Lacan, el nombre del inconsciente: “el sujeto que tiene su soporte en el parlêtre, que es eso que designo como el inconsciente” [cita del autor a El sinthome, de Lacan, p. 56], y también: “mi expresión de parlêtre (hablanteser), que sustituirá en el inconsciente de Freud (inconsciente que se lee así) [Izcovich citando a Lacan, Joyce el sintoma, p. 592], y en el mismo sentido: “el parlêtre, es un modo de expresar el inconsciente” [otra cita Izcovich a Lacan: La Tercera, s.p.]. El inconsciente es así lo que funda al ser, “él ser especificado por el inconsciente”. (Izcovich, 2013, p.187)
Es evidente que la nueva concepción del inconsciente real en Lacan a partir del parlêtre como efecto del goce de la letra en el cuerpo, más allá del sujeto del inconsciente, ya no está vinculada solamente al inconsciente en sentido simbólico como inconsciente-metáfora. No es que esta concepción se haya abandonado en sentido radical. Nos parece que en las formaciones del inconsciente en la experiencia clínica siguen hallándose los enjambres significantes, los enjambres del significante subíndice 1 (S1, essaim), el sentido, etc., en tanto hay también un goce del sentido y del síntoma a ser elaborados y por descifrar. Ahora la cuestión de la letra permite elaborar otra concepción del inconsciente. Sobre esto escribe Izcovich: “Así es como se aprehenderá que la letra es lo que justifica la noción del inconsciente real, que es planteada por Lacan como la única definición posible del inconsciente” (2013, p. 225).
El propio cuerpo vendrá también a jugar un nuevo papel central en esta elaboración de la última enseñanza. Dice Miller (2013): “En lugar del Otro hay un principio de identidad totalmente distinto, el cuerpo. No el cuerpo del Otro sino el cuerpo propio … diría sobre este cuerpo, que es el Un-cuerpo” (p.107).
No podremos extendernos en torno a la noción del Unbewusst freudiano: la-una-equivocación que Lacan (1989b) replanteará formalmente en esta etapa de su enseñanza acerca de su nueva noción de inconsciente, que de algún modo ya la había introducido desde Función y campo de la palabra (1953/1989b) aunque en otro plano teórico. Sobre el uso que Lacan hizo del Unbewusst freudiano, Miller dice que se trata de un intercambio, una sustitución, en vez de tan sólo una mera traducción a partir de una asonancia. Incluso establece allí una anterioridad lógica para el Unbewusst. Más allá de esta controversia del une-bêvue, lo que queremos destacar es que la bêvue es una apuesta de Lacan para ir más allá del inconsciente de Freud en su acepción simbólica, en pos de plantear que la una-equivocación propia del decir, y por ende constitutiva del inconsciente, representa un esfuerzo más por dar cuenta de lo real en el parlêtre. Es hasta el prefacio a la introducción inglesa del Seminario 11, como destaca Miller, “que Lacan vuelve a equiparar el inconsciente con lo real”. Ahí explicita la fórmula “el inconsciente es real” para designar que el inconsciente incide sobre el cuerpo en tanto que sustancia de goce.
Referencias
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Notas
- Carrera de Psicología, Facultad de Estudios Superiores Iztacala. Universidad Nacional Autónoma de México. Correo: sinthome@unam.mx ↑
- Psarlêtre , término usado por Lacan en el Seminario XXIV L´unbewusste s´aile a la morre (1976–1977, Clase del 8 de Marzo de 1977, inédito, en la versión de Albertoni, El fracaso del Un-desliz es el amor,1977, p.142). ↑
- Ver la “tabla de neologismos críticos” sobre el être creados por Lacan a lo largo de su enseñanza, resumida magníficamente por Alfredo Eidelsztein (2017). ↑
- “Agujero-traumático”. Neologismo de Lacan que condensa trou (del francés) que significa “agujero” y traumatique, que remite a “traumático”, refiriéndose así a lo real no simbolizable, que deja un agujero o borde. ↑
- “Rattage, coincage”, “tiraillements”. Véase: Erik Porge (2010). ↑
- Lacan se refiere en ese pasaje, a la analogía que se le formó acerca del efecto de la letra en lo real, con el panorama de lo que apareció en su viaje en avión sobre la planicie siberiana. Las cursivas son nuestras. ↑
- “Vergonzontología”, neologismo compuesto por “honte”: vergüenza, en francés, y ontologie: ontología. ↑
